Patti Smith, la lírica del punk

Fotografía del concierto de Patti Smith en Noches del Botánico. Fuente: redes sociales de la empresa organizadora.

Patti Smith demuestra en su concierto homenaje a Horses en Noches del Botánico porqué sigue siendo una de las voces más lúcidas del rock


En el año 1999, Kevin Smith presentó Dogma, película en la que Dios era encarnado por una mujer (Alanis Morissette). Las alarmas saltaron, los creyentes más obtusos se indignaron y la polémica estuvo servida (e incluso censurada) durante unos cuantos años. El pasado viernes, sin embargo, no resulta osado asegurar que Dios volvió a re-encarnarse en mujer. En una eterna melena leonina, desarrapada y canosa. Dios se reencarnó en la voz de Patti Smith.

La cantante norteamericana resultaba uno de los platos más apetitosos del menú que ofrecía la nueva programación de las Noches del Botánico, festival veraniego programado en las instalaciones universitarias del Jardín Botánico de la Universidad Complutense. Puntuales a la cita, apenas sobrepasada la hora señalada en las agendas, Patti Smith y su banda hicieron acto de presencia ante el clamor del público presente. Ni agujas en el pajar, ni asientos vacíos que invadir. La segunda vuelta de su gira homenaje a Horses, iniciada el pasado año, estaba marcada en rojo sobre el calendario de generaciones de madrileños que hacían uso de portátiles, tablets y prismáticos con tal de guardar en su retina (virtual o no) un concierto histórico. Todos los boletos estaban vendidos.

Patti Smith en el concierto realizado en Noches del Botánico. Fuente: redes sociales de la propia empresa organizadora.
Patti Smith en el concierto realizado en Noches del Botánico por Jaime Massieu. Fuente: redes sociales de la propia empresa organizadora.

Patti Smith y sus camaradas salieron uniformados al completo (a excepción de su hijo) con un juego de luces sencillo y la negación del uso de pantallas superfluas con las que llenar de artificio su espectáculo. Si bien la cantante norteamericana ha convivido en primera persona con el ciclo artístico destructivo/constructivo, su concierto tuvo desde el principio visos de generosa invitación al que es su hogar: el escenario.

La primera parte del show correspondió a la interpretación íntegra de Horses, ese disco publicado en 1975 con el que sacudió los cimientos de la masculina industria musical y que aún hoy mantiene su sonido y significado originales. Potencia. Garra. Poesía. Naturalidad. Sensibilidad. Verdad. Patti Smith fue ama y señora del escenario con sus idas, venidas y modulaciones vocales enérgicas y guturales. Un imán animal que habla un lenguaje universal en el que dialoga en público con Lorca, Picasso y su Guernica, Jesucristo o los mártires musicales que fueron Janis Joplin, Amy Winehouse, Jim Morrison, Lou Reed o David Bowie. Desde la mística derviche de ‘Gloria’ hasta las cabalgadas peyóticas de la propia ‘Land’, la interpretación mesiánica de Patti Smith expandía una sensación psicotrópica fluida hasta el foso y las gradas, espacios poblados de un público totalmente absorto en su alegato femenino, desvinculante de la religión y de cualquier tipo de censura moral. Una médium rediviva que ha mantenido el nombre del rock en una elevada posición gracias a la contemporaneidad de su discurso y a la consecución de las palabras dictadas por Liszt: soy un servidor público.

Fotografía del concierto de Patti Smith en Noches del Botánico. Fuente: redes sociales de la empresa organizadora.
Fotografía del concierto de Patti Smith en Noches del Botánico por Jaime Massieu. Fuente: redes sociales de la empresa organizadora.

La segunda parte del concierto perdió en solemnidad pero trajo consigo algunos de sus himnos más conocidos como ‘Because the Night’ o la reivindicativa ‘People Have the Power’. Un público entregado tanto en los temas propios como en las versiones, emocionado mientras escuchaba la interpretación de ‘When Doves Cry’ de Prince o arengado y vibrante en ‘My Generation’ de The Who tras su reivindicación de los derechos humanos mientras liberaba tensiones a golpe de rotura de cuerdas. We don’t want your bombs. We wanna live. We wanna rock’n’roll.

El concierto de Patti Smith fue lo más cercano a una master class en vivo. Una interpretación e intensidad tales que la rock attitude se disuelve de la pose artificial actual para reivindicar los parámetros que estilos como el primigenio punk tuvieron en sus orígenes. Un directo cargado de verdad e intención. Un llamamiento a la acción. Gracias Patti Smith por hacer que el rock siga valiendo la pena.

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