Enviamos a una Heineken a cubrir el Primavera Club 2015


Cuando me invitaron al Primavera Club no me lo pensé dos veces: con una propuesta capaz de traer a nuevos talentos musicales (o posibles nuevos talentos), tanto nacionales como internacionales, y la posibilidad de descubrirles en directo es algo que no se puede rechazar. Fue poco después de decir que sí cuando me dí cuenta de que me estaba metiendo en la boca del lobo. Alguien como yo, con este colorcito, estas curvas y tan fresquita, rodeada de tanto fanático musical deseando hincarme el diente al primer despiste. Así es cómo una Heineken vive un Primavera Club.


 Viernes 23: Me acercaba a primera hora al Teatre Principal para empezar la jornada del viernes con Holögrama. Una vez allí, me encontré con que la gente esperaba a que se abrieran las puertas. De repente, una pareja de la Policía Urbana entraba en la sala y poco después, un miembro de la organización salía para anunciar que el concierto debía suspenderse; el resto de conciertos del Principal esa noche pasarían a hacerse en El Latino. Al día siguiente pude leer en la prensa que la sala no tenía los permisos necesarios para abrir como discoteca y resulta que había recibido una inspección sorpresa unos días antes a las 3 de la mañana cuando debía haber cerrado a la 01:30. Para quien no lo sepa, hay una delegación de la Urbana muy cerquita del teatro… pero qué voy a saber yo, sólo soy una cerveza.

Ante este contratiempo decido ir hacia el Apolo. Una vez allí, la primera parada es en La [2] de Apolo, donde Barbarian Swords están a punto de empezar. Oscuros y pesados, no acaba de convencerme su puesta en escena, quizá demasiado lineal incluso para un género como el black metal. Además el cantante cogió a una muy buena amiga mía y se la bebió en dos tragos, el muy bruto…

Barbarian Swords

Para olvidar lo de mi amiga lo mejor era cambiar de tercio y el contraste no pudo ser mayor: subo a Apolo y Astralia ya han empezado su actuación. El trío de La Floresta (Barcelona) está maravillando al público con su rock ambient, y es que Atlas (2014, Autoeditado en primer lugar y después por Aloud Music) debería ser de escucha obligatoria en los colegios. Aprovechaban además la ocasión para presentar un nuevo tema del álbum en el que se encuentran trabajando y que sigue la estela de Atlas.

Astralia + Heineken
Aquí, viendo a Astralia desde el escenario

Acabado el concierto de Astralia vuelvo a descender al “infierno” de La [2]. Infierno no por la sala en sí misma, sino por la programación, que en su formato de bandas para la noche del viernes está dedicada al metal más extremo. En el escenario se están acabando de preparar Monarch! Ya estaba sobre aviso acerca de la propuesta de los franceses, “asfixiante y claustrofóbica”, y en ese sentido cumplieron las expectativas. Si a esto le añades tipos con pelo largo y chupas de cuero entre el público (grandes consumidores de birra), comprenderás lo tensa que me puse. Me acordé de aquella vez que un amigo mío, Sugus, se quedó dormido en la puerta de un colegio. Un horror, vamos.

Monarch!

Salgo pitando para el Apolo otra vez, donde Formation han empezado ya a tocar. Los ingleses son otro de los nombres que más sonaban los días previos al Primavera Club, de ellos decían que son los nuevos LCD Soundsystem, pero, sinceramente, a mí no me lo parecen. Fue un directo entretenido y bailable, sobretodo viniendo de la oscura propuesta de Monarch!, pero la comparación con el proyecto extinto de James Murphy les queda un poco grande, al menos por el momento.

Formation

Si de algo no se me podrá criticar es sobre mi tenacidad y mente abierta en lo que a música se refiere, muestra de ello es que acabado el concierto de Formation volví a bajar a La [2] (de tanta vuelta me iba a desbravar). Bell Witch estaban ya sobre el escenario. Con tan sólo batería y bajo, los de Seattle dan toda una lección de doom y distorsión delante un público embobado y entregado ante la austera propuesta del dúo. Al fin mi persistencia obtiene recompensa.

De nuevo en Apolo me encuentro con la fiesta que está montando Roosevelt. El alemán Marius Lauber, en formato banda (más tarde ofrecería un dj set), está haciendo bailar a una sala llena con su propuesta de electrónica orgánica, que si bien no tiene nada original (se le compara [malditas comparaciones] con Hot Chip, Caribou o New Order), sí consigue inyectar su ADN en sus temas y , desde luego, no se le puede negar su capacidad a la hora de crear hits, como sus dos últimos singles ‘Hold On’ y ‘Night Moves’.

Roosevelt

Sin fuerzas para más decido irme a descansar, que aún quedan dos días por delante.

Sábado 24

Con el cierre del Teatre Principal, a la organización del Primavera Club no le quedó otra que rehacer horarios y escenarios. La verdad es que no vino mal porque había algún que otro solape doloroso.

El segundo día lo empecé con Bastante. Tenía ganas de ver en directo a los de Cornellà, ya que los últimos días andaba enganchado a su Verter el Vacío (2015, Autoeditado). Muy sobrios en el escenario, facturaron un concierto de nota, espero poder verles de nuevo pronto.

Bastante
Aquí, viendo a los chicos de Bastante

Sin tiempo para distracciones bajé directa para La [2], donde Blood Quartet estaban ofreciendo una master class de distorsión y jazz. Impresionante ejercicio dando sentido a un todo desde la aparente asincronización. Mientras, en Apolo, Samantha Crain estaba ya en el escenario y, ¡amigos, qué voz! ¡Casi se me salta la chapa! Armada tan sólo con su guitarra y su voz nos deleitó con sus preciosas canciones pese a que quizá el horario no jugaba a su favor.

Blood Quartet

Después de Samantha Crain era el turno de Mike Krol. La sala se había llenado considerablemente para ver al americano y su banda, que salieron disfrazados de una especie de Policía Musical. Pogos y mucho movimiento en las primeras filas para un Mike Krol que empezó con unos destellos a los Strokes pero que acabó recordándome a Blink 182 (sí, soy consciente de que acabo de hacer una comparación cuando hace unas líneas lo criticaba, nunca te fíes de una cerveza).

Mike Krol

Tras un pequeño descanso, la propuesta de Golden Teacher tampoco me dijo nada. Demasiada gente en el escenario para un resultado final  demasiado lineal que se me hacía aburrido. Lo más inteligente era marcharse a dormir.

Domingo 25

Cuando llegué a La [2], Cala Vento ya estaban dándolo todo. El dúo catalán dio un buen concierto, teniendo además la difícil papeleta de abrir el tercer y último día. Tuvieron el mérito de lograr que el público acabara coreando con ellos a capella su último tema. Bien.

Llegaba el turno de una de las propuestas más conceptuales del Primavera Club. Ensemble Topogràfic actuaban en Apolo, pero no en el escenario, sino a pie de pista. Danza (con embarazo incluido), distorsiones, drones electrónicos, poesía, nos dejaron a todos boquiabiertos con su puesta en escena. Arte en todo su esplendor.

Ensemble Topogràfic

Tras los catalanes llegaba la cita más enigmática del festival, el pianista ucraniano Lubomyr Melnyk. Me hizo una jugarreta cuando animó al público a gastarse el dinero en sus discos en lugar de en cerveza, pero lo hizo con mucha gracia y además es una inversión que merece mucho la pena. A sus 66 años, por fin su talento empieza a ser reconocido, y es que sus piezas son magníficas y cuentan que tiene la capacidad de tocar hasta 14 notas por segundo, algo de lo que ahora puedo dar fe. El Apolo cayó rendido ante las manos de este hombre.

Lubomyr Melnyk

Raketkanon era una de las bandas que más ganas tenía de ver. Les descubrí cuando se dio a conocer el cartel del Primavera Club y me he vuelto adicta a su segundo disco, RKTKN#2 (2015, KKK Records). Energía y rabia descontrolada en el escenario y fuera de él, porque los belgas eran incapaces de mantenerse dos segundos en el mismo sitio y tanto el cantante como el guitarrista acababan con facilidad entre el público en plena actuación. Su noise experimental atronador por poco me levanta las pegatinas. Acojonantes.

Raketkanon

Ya estaba acabando el Primavera Club 2015 y el último concierto era el de Algiers, de quien algunos decían que eran los cabezas de cartel de esta edición (si es que los hay). Con algo de retraso saltaron a las tablas, y no voy a ser quien niegue su fuerte presencia en el escenario ni lo innovador de su propuesta, pero quizá las altas expectativas en ellos hizo que me quedase un poco fría, o bueno, en mi caso que me quedase templada.

Después de tres días dando vueltas de una sala a otra, subiendo y bajando escaleras me quedé tan moldeadita que ahora parezco más un quinto que una mediana (un botellín más que un tercio, para que me entiendas si eres de fuera de Cataluña). Aún así, la experiencia ha sido muy grata, y es que descubrir nuevos grupos siempre está bien, tanto si al final te gustan como si no. Al fin y al cabo, tanto en la música como en la cerveza, para gustos, colores.

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