Tigres Leones vencen con La Catastrofía

La Catastrofía
Diseño de David Sánchez

La Catastrofía de Tigres Leones es una obra ecléctica y sobresaliente. Gamberro, certero y divertido, el disco de los madrileños es todo un ejercicio de rock, que recorre varias décadas hasta aterrizar en 2015 con el consiguiente quemado de suelas y berreo festivo.


Acabar 2015 sin reseñar uno de mis álbumes favoritos hubiera sido toda una afrenta para lo que viene en 2016, una afrenta casi tan grande como no tomar las uvas o tirar la sal mientras preparo la cena. Y no es que le pida mucho a este año que entra, aunque dentro de ese “no mucho”, está el ver a Tigres Leones interpretar en directo La Catastrofía.

Reconozco que la llegada del disco a mi vida fue casual, y de primeras pasó inadvertido, pero como en la interminable ‘How I Met Your Mother’, mi destino se acabó encontrando de bruces con el amor. La Catastrofía es difícilmente encuadrable dentro de un sonido específico. No es pop, no es garage, no es punk, no es psicodelia o blues ni de lejos, es una especie de catarsis musical con algo de cada género en su interior. Tiene ritmos garageros, tiene el descaro del punk, el gancho del pop, la magia de la psicodelia y algún que otro desarrollo bluesero. Esto solo se consigue conjugando la música en todos sus tiempos posibles: pasado, presente y futuro. Porque eso es lo que son Tigres Leones, unos tipos con una trayectoria discográfica pasada no muy larga, un buen presente, y un futuro más que prometedor.

Discrepo con la crítica en que una de las diferencias con Mucho Spirito, su debut, sea la aparición de un single con gancho. Reconozco que ‘Marte’ los ha hecho visibles, pero lo que los ha aupado ha sido la subida de la calidad media de sus temas, que si bien era alta, ahora alcanza la excelencia, con momentos de verdadera genialidad. Con una obra como La Catastrofía se ponen un poco más cerca de los referentes sonoros que nos evoca su música: Los Brincos, Love, El Niño Gusano, Los Nikis o Patrullero Mancuso.

No sé si el Tigre es el sesentero, o lo es el León, pero de lo que no tengo duda es de que sus melodías son las vencedoras. El desarrollo de la guitarra -tomad como ejemplo el solazo que se marcan en ‘España Muerde’ desde el 2:10 hasta el 2:33- es siempre regular, nunca bajando de lo sobresaliente, con intervalos tan brillantes como el que he citado, cuya preciosista construcción podría venir directamente de hace cinco décadas, o del futuro, no lo sé. En la misma línea, y para que no falten ejemplos, va la intro de ‘Hablan Sobre Mí’, o lo que suena desde el 1:19 hasta el 1:46 en ‘TQM’. Pero no solo del detalle vive el músico contemporáneo, el noise suele ser una constante a lo largo de todo el álbum, pero en el contraste está la belleza de las guitarras del álbum. La batería luce menos (injusticias del rock, aunque los bateristas también tiene su público), pero suyo es el mérito de mantener el ritmo en todo momento. En un trabajo en el que la guitarra oscila entre lo eléctrico, y lo acústico por momentos, estabilizar el núcleo es importante, y eso lo consigue Paco Ramírez. Además, pone su talento también en el envoltorio, con un repertorio de solos variado, y con una calidad que merece el más protagonismo del que tiene en La Catastrofía, que no es poco. Nos queda por reseñar el bajo, que sí que tiene un papel secundario durante el disco, pero que también aparece de forma majestuosa como en ‘TQM’, y que por momentos permite equilibrar la alegría guitarrera reinante.

Pasemos a las letras, ¿se puede ser más gamberro? Tigres Leones ponen aquí toda su “actitud”, y se lanzan al vacío con letras absurdas, surrealistas y esperpénticas. El maridaje que hacen con los pasajes más noises, le dan el aire noventero que destila La Catastrofía, y para mí, definen a la perfección lo que es el disco: pura diversión. Pese a lo claro de ciertos mensajes, hay que estar concentrado para encontrar mensajes como:

“¡Tienen que aprender a obedecer! / ¡Se van a callar como los demás!” – ‘Fiesta’
“Si no eres difunto / y nadie te querrá” – ‘Orden Mundial’
“No hay poesía ni trabajo / en esta ciudad. / Nadie te recoge del vertedero / donde dormirás” – ‘TQM’
“España ladra, sin compasión,
 y te arrincona en un callejón. / 
Quiere más coches de choque, 
calcetines y trofeos” – ‘España Muerde’
“Salid de aquí. / Se acerca el fin. / Vais a morir. / Evacuad Madrid. / Marchaos a París / Vivid en Reikiavik. / Viajad hasta Pekín. / Bombardead Berlín” – ‘Evacuad Madrid’

El mérito, una vez más, está en saber combinar lo humorístico con lo cruel, en hacer letras tan reales como la vida misma. Letras tan negras y agoreras que se equilibran con los mensajes que hablan de exprimir naranjas, de Spiderman, de ‘Total Recall’, o de nuevos pasos de baile.

En lo vocal, la banda también ha experimentado. El reverb extremo del Mucho Spirito, pasa al eco de La Catastrofía. Javier Marzal parece que ha decidido salir de la tinaja desde la que cantaba, sin estar ni mucho menos en un primer plano ahora, pero sí protegiéndose a si mismo con su propia voz. Al final, el resultado es un sonido más limpio, directo y natural, que de nuevo, combina bien con la confusión del noise y también con lo enrevesado de las letras.

No quiero no citar a otros músicos de talento, además de los que componen Tigres Leones, que se han unido a esta fiesta de la música: La Bien Querida, Albert Gúdar (Gúdar) y Javier Molina (Juventud Juché) que ponen sus voces en ‘Marte’, ‘TQM’ y ‘Evacuad Madrid’, curiosamente (o no) canciones que hemos destacado anteriormente. Rosa Ponce colabora con sus antiguos compañeros en la letra de ‘España Muerde’, y el mérito de la letra de ‘Fiesta’ le corresponde a León Ruiz Gosling, otro viejo conocido de la banda.

Quizás Tigres Leones sean unos Saicos españoles con mucha retranca, unos Brincos intoxicados tras hacer una gira por Estados Unidos, o unos nuevos Nikis, qué sé yo. La única certeza que tengo es que Tigres Leones son ellos mismos, y que cuando son comparados con tantos y tantos otros, es porque son únicos, y porque los críticos no sabemos a qué agarrarnos. Aunque yo ya lo tengo claro, me agarro a La Catastrofía.

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