Reseñamos El Círculo de Kase O, el retorno del rey

Portada de EL Círculo

Ha tardado, pero por fin tenemos El Círculo, el esperadísimo regreso de Kase O. Tras una intensa gira con Jazz Magnetism, el rapero maño dio un paso al lado y cruzó el charco en busca de inspiración. Los fans siempre han hemos estado esperando su trabajo en solitario; El Círculo ha llegado y no ha dejado indiferente a nadie.


Cuando la estela de un artista crece, como lo ha hecho la de Kase O, es difícil contentar a todos. Las expectativas sobre el nuevo material de Javier Ibarra no podían ser más altas. Se mudó hace 4 años a Medellín, Colombia, en busca de inspiración tras la gira con Jazz Magnetism y fue llí fue donde empezó a dar forma y crear El Círculo, un disco con los temas más personales.

Kase O ha pasado por una gran depresión, algo que no es un secreto ya que él mismo lo ha contado en todas las entrevistas promocionales del disco. El Círculo es la vía de escape, es la obra que le ha acompañado durante ésa etapa, la que seguramente ha sido culpable y a la vez solución (en parte) de esa depresión. Y es que no debe ser fácil saber que todo el mundo espera algo grande de ti mientras tú buscas ofrecer algo nuevo y original.

Uno de los primeros problemas que se encontró fueron las bases. No encontraba la música que tenía en su cabeza en ningún sitio; ésas melodías aún no estaban escritas, cosa que le llevó a componer él mismo gran parte de los temas de El Círculo. Otro de los cambios radicales lo encontramos en las letras. Salvo en los casos donde entran las colaboraciones, las letras de Kase O versan sobre sus miedos, complejos e inseguridades. Nuestro héroe es de carne y hueso.

Conocíamos previamente ‘Esto No Para’ (pura reivindicación social) y ‘Repartiendo Arte’, dos canciones que nos pusieron la miel en los labios a la espera de más, y con la duda de por dónde tiraría El Círculo, ya que ambas eran muy distintas. Veamos el resto.

El primer ejemplo de letra de mirada personal a la que hacía referencia lo encontramos en ‘Triste’: “Tengo que volver a aprender a pensar/ tengo que volver a aprender a olvidar/ tengo que volver a aprender a vivir/ tengo que vivir y volver a aprender a amar”. Pero hay más, en ‘Guapo Tarde’ nos presenta a un adolescente Javier Ibarra lleno de complejos, “Juegan a ver quién es el más guapo/ yo tenía granos, nunca pude entrar al trapo”, luchando por empezar a hacerse un hueco en la calle y el rap, “[…] miedo escénico, vomito en los conciertos/ haciendo físico mi crudo sentimiento.”. Uno de los mejores cortes del disco.

Pero también hay hueco para el Ibarra vacilón que conocíamos. ‘Viejos Ciegos’, junto a Xhelazz y Sho-Hai, es una historia a 3 bañada de alcohol, y sin duda uno de los temas destacados de El Círculo, con un bajo funky old school; e ‘Interludio Quieren Copiar’ es un aviso a navegantes donde Kase O se sigue postulando como el rey del hip hop.

Otra de las novedades en el discurso del maño es ‘Mitad y Mitad’ con Nawja. Un tema sexual y sensual vestido con una base sexy pero con un lenguaje muy cuidado. Sobresaliente.

Pero no todo va sobre ruedas en este círculo. ‘Mazas y Catapultas’ chirría por momentos, y no por el hecho de que Kase O se lance a cantar, porque consigue darle un toque diferente, pero esos coros con aires aflamencados no acaban de encajar bien. ‘Amor Sin Cláusulas’ tampoco llega al nivel de los primeros cortes del álbum y hace que el disco flojee en su ecuador.

‘No Sé Qué Voy a Hacer (Booty Song)’ vuelve a elevar el nivel con un funky bailable y luminoso y ‘Rap Superdotado’, con sus compañeros de fatigas, Líriko, Sho-Hai y Rumba nos deja con ganas de más Violadores del Verso, crucemos los dedos para un inminente regreso.

Pero, si hay un momento realmente sobrecogedor, es ‘Basureta (Tiempos Raros)’. En este track se puede apreciar incluso la voz pastosa de un Ibarra que lucha contra la crudeza de sus sentimientos durante su depresión acabando por soltar alguna lágrima. Es un tema dedicado a su pareja, pues sufrió esos momentos pero se mantuvo siempre a su lado. Aquí encontramos algunos de los versos más crudos de El Círculo: “Si tan sólo hubiera tenido la oportunidad/ se habría ido pero se quedó a mi lado, no lo olvido/ yo deliraba deprimido todo el día/ y aún ella me miraba con todo el amor que podía”, escribe en un momento; momento que se ve superado en los siguientes versos: “Explotando en el momento más inoportuno/ lanzo el día a la basura en el minuto 1/ No le he dado un beso ni las gracias por el zumo/ le he vuelto a amargar el desayuno/ con mis deseos de morir al despertar/ Con un tío así, ¿quién coño quiere estar?/Otro gesto de mierda, otra mala respuesta/ otra mirada acusadora de mierda y la hice llorar/ Es por eso que me quiero reventar/ ¡Cuando se vaya a trabajar me voy a rajar!/ ¡Ese no soy yo! ¡Ese no soy yo!/ Oí mi voz: sólo Dios te puede salvar”. Es una canción sublime y conmovedora capaz de hacernos visualizar esos difíciles momentos.

En definitiva, El Círculo es una obra que no ha dejado indiferente a nadie. Los más puristas lamentan que se haya alejado del hardcore y los fans incondicionales lo defienden con uñas y dientes. En mi opinión, es inevitable comparar las canciones de El Círculo a las de Violadores del Verso, pero por mucho que se piense que se ha alejado del hardcore, lo que es del todo innegable es la capacidad de Kase O para crear unas rimas únicas. Pese a que el disco pueda flojear en un par de temas, El Círculo es una obra notable y, sobretodo sincera, en la que Kase O se nos muestra tal y como es, algo que nadie había hecho hasta la fecha en el rap. El rey ha vuelto y por el momento nadie le disputa el trono.

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