Los Del Río, BENACASI, la inminente guerra nuclear, cervezas a 9 euros, las tribulaciones del pobre Sansito y su extraña adicción al Anís Tenis

Los Del Río, BENACASI, la inminente guerra nuclear, cervezas a 9 euros, las tribulaciones del pobre Sansito y su extraña adicción al Anís Tenis
Los Del Río, BENACASI, la inminente guerra nuclear, cervezas a 9 euros, las tribulaciones del pobre Sansito y su extraña adicción al Anís Tenis
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Jornada del santo-sábado-santo del SanSan. Y no. Esto no es un trabalenguas. Esta es la LA ANTICRÓNICA del festival.

(¡¡Aviso!! Cualquier parecido con la realidad es pura susceptibilidad, amiguete. No te rayes demasiado. Pero el caso es que se parece tela…).

Tengo un jefe muy majo, pero el tío es un cachondo de manual. Como sabe que en lo segundo puedo competir con él y que de caletre voy bien servido, mientras el muchacho se maneja entre bambalinas informáticas del WordPress y de las RRSS, padeciendo el trabajo silencioso que yo tanto odio, me ha mandado de excursión a Benicàssim, al SanSan.

Relata lo que ocurra el sábado y a ver qué tal la experiencia con Los del Río en un festival indie… o lo que sean ya esas mandangas. Seguro que te entretienes un rato, te alejas de tu sociopatía en alza, y si te explayas un poco… Hasta puede que escribas algo en condiciones. Que vaya racha llevas, nene…

Los Del Río, BENACASI, la inminente guerra nuclear, cervezas a 9 euros, las tribulaciones del pobre Sansito y su extraña adicción al Anís Tenis
Los Del Río adaptándose al rollo indie. Fotografía europapress.es

El tipo lleva mucha razón, la verdad; y como soy muy obediente y me gusta preparar con tiempo estas cosas del relato y la crónica, me pegué a rueda de un grupo de chicos aparentemente saludables. Ellos me aceptaron en su clan de buen gusto. Me invitaron a su apartamento, compartieron sus víveres conmigo y supieron llevar a un pobre granadino hacia los tramos más lisérgicos y divertidos de la A7. Me dejaron poner el último de Los Planetas y todo. Cojonudos.

Consideré que tres días sería un tiempo prudencial para aclimatarme y rendir al máximo el día D, a la hora H. Eso de Los Del Río tenía pinta de ser más duro que el desodorante de Bruce Willis, y yo no estaba dispuesto a rajarme a esa altura del partido.

El primer día, lo típico.

No, no, prefiero no beber demasiado al mediodía, que queda mucha tralla. No, no. Bueno, un poco. Un poco más. Sí, vale… Dame veneno que quiero morir bailando… Y qué buenos los carajillos por aquí, ¿no? Y qué tal si te vas duchando tú primero, mientras nos echamos otra copa. Y, tú, ¿no querías coger la acreditación y ver a Manel?…

 

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Grupo de hipsters que decidieron abandonar Coachella Valley al enterarse de que Los Del Río tocaban en el SanSan.

Vueltas y vueltas de más con el taxista que se hace el despistado, aunque tú le repitas sin sentido que estuviste en el FIB de 2002, cuando todavía tenías la esperanza de que aquel año sentarías la cabeza, conseguirías un trabajo de verdad, te comprometerías con tu chica y que en serio, ese sería tu último festival.

Pulsera para acreditarte que te corta la sangre y te inflama la mano, tras un safari por descampados con trincheras, dunas, vallas, obstáculos con ría y algún que otro espacio minado. Un tipo de seguridad que te cachea de forma vehemente y salvaje hasta dejarte sin aliento y con ganas de pedirle el teléfono -por menos restregones me he enamorado, ya antes, media docena de veces-.

Civiles petados, pertrechados de metralletas y de boinas muy cuquis con caída crochet -raro es que ningún modernillo gafapastas lo haya copiado todavía- apremiándote con caras de multa de las gordas… Y tu primer palo en la barra de bienvenida. En fin. Lo que viene siendo lo normal.

Tras la broma modo lujo asiático de los tokens por las bebidas (4″50 euros por la cerveza pequeña y 9 por la de litro, 3 euros el chupito de anís de marca Tenis -lo juro- o 3 euros el botellín de agua), Sansito y yo nos cruzamos las miradas por primera vez. Aquello fue premonitorio. Nuestra relación no tenía marchamo de terminar en nada bueno. Él me aguantó la mirada un poco más y tropezó con un puesto de algo muy caro que no servía para nada. Levantó el puño y me dijo algo de muy mal gusto en valenciano. Yo, entre dientes, le maldije en granadino. La verdadera confluencia de la España multinacional: el insulto nos funde en una, grande y libre.

Tras disfrutar de Manel bastante (para cuándo una hora más decente para ellos en un festival), de Fuel Fandango mucho (espectacular Nita; qué mujer más intensa) y de Niños Mutantes inmensamente (qué corto se me hizo su concierto), gastarme todo lo que llevaba encima en cerveza a mano armada y participar en varias tertulias de gafapastas y pasados, volví a coincidir con Sansito.

Él no se acordaba de mí, pero me entró diciendo que le sonaba mi cara de algo (menudo capullo, pensé, si lleva todavía media docena de chapas clavadas en el culo…). Me invitó a unos chupitos de anís del SanSan (¡Anís Tenis!), que te entraba en el esófago como una horda de alemanes en la Polonia del 39, y terminaba reventándote el bazo a la manera de Kim Jong-Un su consejo de ministros. Me estuvo calentando la cabeza, mientras bebíamos, sobre la posibilidad de una guerra nuclear o de un nuevo telón de acero, y de que había dicho a su madre que era Community Manager del SanSan, cuando en realidad era la puta mascota.

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Sansito, haciendo como que estudia en su cuarto, esperando a que su madre saliese de casa

Tras emborracharnos juntos nos despedimos insultándonos. Otra vez. Me habían dicho que las mascotas de peluche gigante tenían mal beber, pero esta desafiaba cualquier previsión por arriba. Insultó al Dios Jota y yo por ahí sí que no paso… Le tiré por encima los restos de una cerveza ajena y le dije algo así como te reviento, anisainómano. Ah. Y salí corriendo.

(CONTINUARÁ… Coño, que queda la hora D y la hora H).

Segunda parte de la LA ANTICRÓNICA del SanSan Festival. Y ahora sí que sí. Llegó el santo-sábado-santo… Y Dios no nos pilló confesados.

(¡¡Aviso!! Cualquier parecido con la realidad es pura susceptibilidad, amiguete. No te rayes demasiado. Pero el caso es que se parece tela…).

Del segundo día voy a pasar página rápido. La cosa ocurrió más o menos así, -dándole a tope a las rpm-:

Gente de mi edad. Espejos humanos que me incomodan. Observar realidades dañinas porque te ves reflejado en ellas. Entonces piensas:

No-no-no, yo no soy así… no soy tan patético… no me caigo y babeo cada dos por tres, no la lío parda desde tan temprano… Además no utilizo talla S, ni estoy tan gordo, ni tan alopécico, ni tan gilipollas.

Me dedico en exclusiva al escenario pequeño. Bien Viva Suecia – a secas; hay que exigirles más, si no emocionan, sus conciertos se convierten en algo corriente-; tremendos Rufus T. Firefly (qué maravilla de bolazo); más flojo que de costumbre –que me suele encantar- Ángel Stanich (puede que le afectaran los problemas técnicos del principio); y muy bien los chicos de Polock (a ver cómo responden a su recién estreno con multinacional).

Paso de Coque Malla. Bebo cerveza. Paso de Sidecars. Bebo cerveza. Paso de Leiva. Bebo cerveza. Me doy de bruces con Sansito. Nos felicitamos las pascuas y brindamos con anís (otra vez). Huele fatal. Él. El anís muy bien; ya estoy adaptado. Paso de M Clan. Vuelvo a la cerveza. Paso de Elefantes… Me indigno definitivamente y me voy a la carpa de los Dj. Prefiero escuchar seis veces más “Toro“.

Sigue peña muy patética volcando a mi alrededor.  Vienen de esos conciertos anteriores. Dos tíos que suman la edad de mi abuelo hablan de la inminente guerra nuclear, como siameses unidos por la frente, desafiando la ley de la gravedad. Yo les grito «¡Hablemos de mineralismo!» Ellos me lanzan loas a favor de Kim Jong-Un, mostrándome cariñosamente sus digitus medius –los del que te jodan, vamos-. Todo concuerda. Estamos ante un ataque nuclear inminente. Y encima, es que nos lo merecemos.

Bebo más cerveza. Estoy, francamente, muy cansado del viernes y lo peor de todo es que no he conseguido emborracharme. Casi amanece. «No sé qué pinto a estas horas», me repito una y otra vez. Sansito, en la barra del final, bebe a morro de la última botella de anís. Seguro que él piensa lo mismo.

Y por fin Santo-Sábado-Santo. El día D había llegado. La doble resaca también. Maldito anís. La hora H estaba en camino… Desayuno con cerveza. Arroz a banda infame. Carajillos y fútbol de sobremesa. Isco sale a hombros, yo a rastras.

Vuelta al taxi. El tipo del sábado sí que molaba, creo que le di pena. Me dejó en el puente de la autovía y me ahorró lo justo para un chupito de anís. Había que subir el ánimo, quería ver a Neuman y Nunatak (murcianicos power) y no pensar demasiado en lo que vendría después.

Paco Neuman un poco apagado. Siempre espero lo mejor de él. Me pasó algo parecido como con sus queridos Viva SueciaNunatak, sin embargo, soberbios. Directo apoteósico, siendo divertidos y muy dinámicos. Mi primera vez con ellos y ya soy muy fan.

Y llegó el momento. Puntuales para mi desgracia –no me dio tiempo a beber más, ni más rápido- aparecieron sobre las tablas de BENACASI –así lo vitorearon durante media hora, una y otra vez, al estilo más ortodoxo de los Payasos de la Tele y su «Cómo están ustedes…»- y ni todo el plutonio enriquecido de Pyongyang podría haber parado aquel ¿espectáculo?

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Este grupo de fans de Los Del Río llevaba una semana haciendo cola. Cuando se dieron cuenta de que estaban en Villarreal, el concierto estaba terminando. Foto Web oficial Festival SAnSAn

Lo que pasó a continuación no sé si fue realidad o pesadilla. Todavía no lo tengo claro. Ni oscuro. Creo que nos abdujo durante tres cuartos de hora David Lynch. El público estaba lleno de Enanos, decenas de Bob, Andy Brenan, Lucy Moran , Mike “El Manco” y gigantes de frente de 50”, acompañados de la Tuna Compostelana y una manifestación de canis de doble titulación. La repolla, vamos. Con perdón.

El dúo, deslizándose por procelosos toboganes de esperpento, bochorno ajeno y delirios kitsch, apareció a la manera valleinclanesca, con un toque sucedáneo a lo –y que perdonen estos- Faemino y Cansado (solo les faltaba la copa de coñac; el atuendo y el surrealismo sí les acompañaban); otro, a verbena de pueblo en pleno mes de agosto; y uno extra, al aroma del más rancio y retestinado cúmulo de tópicos de la España más profunda de mitad de siglo XX. Entre los mismos, chistes y chascarrillos que firmarían orgullosos Bertín Osborne, Marianico el Corto o el mismísimo Arévalo. Vamos, lo que viene siendo lo más granado de la intelectualidad hispana del pasado siglo, si me aprietas, a la par de Ortega y Gasset o Unamuno.

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Había apuestas entre el respetable y el menos respetable de si los Daft Río harían acto de presencia. Al final aparecieron Los Del Río originales. No hubo sorpresa. Foto de la web oficial de jenesaispop

El caso es que los tíos fuera de cortarse lo más mínimo, fueron creciéndose y aumentaron su apuesta verbenera al más difícil todavía. Comentarios entre coplas y letras de las mismas que lograron cabrear / sonrojar / alucinar a diferentes estamentos sociales por igual; a la sazón, a la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, asociaciones feministas, gente con pudor, amantes de la música, representantes de la Real Academia Española, Ayuntamiento de lo que se empeñaron en llamar BENACASI (hasta casi el final del sarao), asociaciones de inmigrantes… De hecho, en un momento dado, temí por la integridad de estos dos señores ancianos. En la puerta de su furgoneta se agolpaban ya decenas de damnificados para ajusticiarlos allí mismo.

Del setlist poco puedo aportar. Que si la “Macarena“, que si la versión tropical del hit de marras, que si el negro Batey (porque el trabajo para mí es un enemigo), que si una negra retrechera y buena moza, que si Sevilla y BENACASI tienen un color especial y tralará-lará-lará. Y ellos tan felices. Con sus 250 discos de oro y sus 120 de platino y todavía una parte de la peña preguntándose el porqué de la crisis nuclear. Es para que te tiemble el dedo sobre el botoncito rojo, ¿o no?

Hay gente a la que le divierten estas “cosas”. Luego, corremos el riesgo de que este tipo de actuaciones se repita. Me siento Ebenezer Scrooge . Me siento El Abuelo Cebolletas. Me siento aburrido, viejo y nostálgico. Pero, dónde quedaron esos tiempos en los que te metías una paliza de coche o autobús y dormías a la intemperie, en la misma playa, o en mitad de un secarral hincándote guijarros de punta, para disfrutar de la música. De tus grupos favoritos. De tus mitos. De tus sueños y de tu vida en sus canciones.

Pasó un rato hasta que volví a ser yo mismo. El rato que pasó tras abrazarme a un muchacho con la camiseta de Apartamentos Acapulco y llorar por lo pasado, beber tres cervezas medianas y un par de chupito de Anís. Encontrarme a Sansito escondido tras la zona de la comida. Ayudarle a incorporarse, asegurándole que Los Del Río ya se habían ido y que no le iban a obligar a hacerse un selfie con ellos. Le prometí que no tendría que bailar La Macarena nunca más y que fuera del anís también había vida.

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Foto del perfil de Sansito en Whatsapp. Amigos para siempre.

Quise despedirme de él y del festival (el domingo volvía a casa) con un buen sabor de boca, y le propuse un buen rato de baile y diversión con el Dj Set de El Ukelele. Alberto y Aída nos cambiaron el rictus. Volvimos a disfrutar de la música gracias a ambos. Sansito y yo, en mitad de la carpa, nos dimos un gran abrazo. Intercambiamos números de móvil y cantamos al unísono a mis queridos Trepàt.

Antes de irme, definitivamente, le robé la petaca y una botella de Anís, que el muy bribón llevaba escondida en su bolsillo de peluche. Al salir volví la vista atrás, tiré a un contendedor el alcohol y juré no volver a beber ni ir a un festival jamás. Luego, llegué a casa. «Y ya no pude dormir, como siempre me pasa». Ay. Qué grande eres Jota. Y cuánto te he echado de menos.

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