Domingo en el FIB: Un cierre mejor de lo esperado

Portishead

La vigésimo primera edición del Festival Internacional de Benicàssim superó las expectativas de un público acostumbrado a los últimos cartelesdel FIB


Portishead

Fotografías: Pau Bellido

Última jornada en Benicàssim, después de un sábado memorable tocaba terminar el festival con una ruta que seguía la estela de ese día anterior.

La ausencia de sol daba una falsa esperanza de bienestar debido a la humedad en el ambiente, algo que los vascos Belako hicieron más llevadero. Los de Munguía volvieron a mostrar su energía sobre el escenario en un corto concierto de punk-rock con sintetizadores, se nota que estos jóvenes disfrutan con lo que hacen, y eso se nota.

En el FIB no sólo actúan bandas de Reino Unido o EEUU, a pesar del escaso público a primera hora los mexicanos Little Jesus salían al autobús con ilusión, unos ritmos bastantes animados que hacían que la gente se acercara tímidamente. Uniformados todos de azul se mostraban agradecidos y pedían, incluso en inglés, que la gente no dejara de bailar con singles como el contagioso “Berlín”.

Siguiendo con las bandas del otro lado del charco encontramos a los americanos Augustines en el escenario Las Palmas, se trata de un trío guitarra-batería-teclados que parecían ser los Kodaline de la edición anterior aunque más animados. Familias con sus retoños se iban acercando para escuchar a un cantante que, además de venirse arriba, dominaba bastante bien el castellano. Seguramente sea una de esas bandas que tras pisar Benicàssim llegará lejos, como ha pasado en muchas ocasiones, y no sería de extrañar, estos chicos combinan un estilo indie-rock bastante ameno con baladas capaces de conmover además de un backliner que te soluciona los problemas y sale a tocar el bajo en algunas canciones. Puede que lo único que sobrara fuera ese final tan rocambolesco destrozando el soporte del micro, un poco fuera de lugar.

Tuvimos tiempo para acercarnos y ver a unos de los pioneros del rap en Europa, con los preparativos justo antes de empezar ya había seguidores con ganas  y otros con curiosidad. Public Enemy tienen un show que incluye dj, guitarra, bajo y batería, pero también coreografías vestidas de militares, animadores y el característico vestuario con el reloj gigante colgado al cuello. Energía, entrega y sudor, puede que así se pudiera resumir un espectáculo lleno de clásicos de finales de los 80 y de los 90, es una pena que no se programara algo así en el escenario principal a una hora más tarde mientras que en otras ediciones los han habido, estos veteranos se habrían lucido más.

Muchas veces habrán pisado el festival, pero por primera vez sobre el escenario. Vetusta Morla hacían su aparición en el FIB tras haber estado prácticamente en todos los festivales de la geografía española, nadie les ha regalado nada, se lo merecían. Sin ser el plato fuerte del día y sin actuar en horario de máxima audiencia ofrecieron una actuación de una hora que coincidía con la puesta de sol. Puede que muchos estén acostumbrados a ver a Pucho y compañía en auditorios o en festivales como cabezas de cartel de madrugada, pero ese día todo fue muy distinto, como si fuera un grupo totalmente distinto capaz de acoger a miles de españoles a la hora de la cena. Coincidiendo con su gira de presentación de La Deriva (2014) alternaron sus últimos temas con aquellos clásicos que todos corean como “Sharabey Road”.

FFS
FFS

El siguiente concierto empezaba en el escenario FIBERFIB, el proyecto conjunto de los escoceses Franz Ferdinand y los americanos Sparks, conocido como FFS, prometía ser una de las atracciones más divertidas de la noche, y así fue, la combinación de los movidos temas del proyecto y los éxitos de ambos grupos supuso un cóctel de saltos, aplausos y gente coreando, sólo bastaba con fijarse en el primer tema del repertorio “Johnny Delusional”. El juego a dos voces, la inesperada aparición del teclista bailando con sus curiosos movimientos y los gritos al ritmo de “Take Me Out”, “Do You Want To” y “Michael” hicieron que el domingo no fuera un cierre cualquiera.

Portishead
Portishead

Con unos minutos de retraso y un silencio inquietante en el recinto llega el último cabeza de cartel, a diferencia del resto de grandes nombres Portishead actuaron más temprano. “Es el cabeza de cartel con menos público que he visto en mi vida” pensaba para mí, puede que el trip-hop del grupo de Beth Gibbons no sea muy popular, pero los más fieles disfrutaron de un concierto sin agobios y sin los comentarios inoportunos del vecino. Mismo disco y mismo repertorio desde hace ya varios años con la única novedad de “Chase The Tear”, la delicada voz de Beth es capaz de tocar la fibra sensible en temas como “Glory Box” y el silencio entre la percusión de “Machine Gun” pondría la piel de gallina a más de uno.

Bastille
Bastille

No tenía nada que ver lo que venía a continuación en el mismo escenario, una oleada de público británico iba cogiendo sitio para ver a uno de sus ídolos adolescentes en la música pop. Bastille ya triunfaron tras su concierto debut en 2013 y aquella noche volvieron a hacerlo, el hecho de que consigan dar conciertos tan multitudinarios puede que se deba a la suma de radiofórmula , chico joven apuesto y versión de un grupo mítico (en este caso de los Who), no me extraña que les asignaran esa hora. Seguro que era lo que necesitaba quien se aburrió con el grupo anterior.

La organización contentó a aquellos que huyen de la electrónica a altas horas de la noche, los gallegos Novedades Carminha movilizaron a esas miles de personas en un concierto de música punk y garage lleno de letras divertidas y atrevidas para bailar. Por otro lado, el joven francés Madeon ofreció una elegante sesión llena de temas propios y de sus conocidos mashups para los que se atrevían con algo más fuerte. A diferencia de su paso en 2013 la pantalla dio mucho más juego con los visuales.

Sin el famoso vals el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) termina así una edición en la que ha conseguido devolver la presencia del público español y su representación con bandas nacionales. Una ocasión para volver a depositar la confianza en el primer festival de música que vio la luz en nuestro país.

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