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El retiro temporal tiene regusto a Tramadol con Jäger, no lo voy a negar. No sé cómo habrán sido esos meses de Perro sin tocar todos los fines de semana y en todos los festivales, pero sin venir a cuento, escuchando Trópico Lumpen, creo que le han sentado mejor que a Izal.

Cuando hace unas semanas apareció Trópico Lumpen en mi vida, descubrí a unos nuevos Perro, a una banda que mantenía su personalidad, pero que había dado varios pasos –en mi opinión hacia delante– en su sonido.

Ahora, con todo esto manga por hombro, con regusto a veneno y ecos de cencerros atravesando tinieblas para llegar hasta mi cama, me he dispuesto a indagar un poco en esta nueva etapa de la banda. Un par de emails (uno con preguntas y otros con respuestas) me han bastado para alcanzar el éxtasis perruner. Y a unas malas, si no es así (no estoy seguro), siempre podré decir que de mi boca nació el «Marlotina, hijos de puta». Quien no se consuela es porque no quiere. Hala, ahí os quedáis modernos, que puedo joderos y no es por ser violento.

La primera pista –como buen sabueso– que seguí para encontrar esa evolución sonora, fue el cambio de nombres en los créditos del disco. La banda, con su estilo campechano (no solo parecen Borbones vocalizando), me responde así a la inclusión de Joe Carra, un tipo que desde Australia lo mismo trabaja con los dioses de King Gizzard and the Lizard Wizard que a la no menos diosa de la mirada perdida, Courtney Barnett. «Nos gustan mucho la mayoría de bandas que han pasado por su estudio, creo que nos viene bien el pulido final que se nota en sus discos. Además, la gente ya sabe que Hans es de Navarra, así que hacía falta un nombre nuevo para que la cosa pareciera internacional».

La internacionalización de Perro, ese camino sagrado que los convertiría en unos Hinds murcianos, parece que está detrás del cambio, al menos en los nombres. Lo cierto es que las atmósferas han cambiado, y vale, no son King Gizzard, pero quien no note la magia mística de Carra en Trópico Lumpen es que no es un puto entendido como yo. Estos Perro más etéreos, con sus letras en esperanto, lo mismo te triunfan en los Ramos que en Nueva York, Tegucigalpa, Tuguegarao o Mundaka.

En lo personal, eso a lo que todos los artistas aluden cuando les sale algo nuevo, los murcianos también confirman un cambio de tercio, aunque en el acto de procreación mantienen sus respetables costumbres: «El proceso de creación ha sido el mismo de siempre, probablemente estemos en un momento individual distinto y por eso ha salido diferente, como debe ser. También hemos metido un par de sintes nuevos». Sacarle chicha a una entrevista por correo es como encontrarle el carisma a Jordi el Niño Polla vestido.

Entrando un poco en materia, se descubre la importancia de ese par de sintes nuevos. Confieso que me apasiona la forma con la que el cuarteto mezcla su mundo particular con lo universal. Y en Trópico Lumpen, el toquesito ochentero de “Supercampeones” o “Disco Mascota” marca la diferencia. Me veo a estos cabrones poniéndole música a una puta serie revival de esa década que no viví en un canal de suscripción de pago. Ellos lo confirman, y además insinúan la ausencia de contactos con Netflix: «Esas canciones son fruto del uso de los sintes como comentaba antes, nos viene bien para refrescarnos el no estar siempre enganchado a la guitarra, es un recurso para no repetirse. A ver si saca Netflix la panoja». Y Netflix no sé, pero lo mismo David Broncano los puede meter en Movistar en uno de sus veinte programas. Yo lo veo.

Lo que sí que queda confirmado totalmente a estas alturas es que se pueden hacer cosas mu bonicas con dos sintes nuevos porque para ellos, básicamente lo único que ha cambiado, es la incorporación de esos instrumentos, que se combinan entre sí o con el bajo. Además del menor uso de las guitarras. El resto sigue siendo lo mismo. No son El Gatopardo, son Perro. Hey, chico, de primero de fan.

Ya desde un poco más lejos, con mayor perspectiva, es turno de revisar lo conceptual de la banda. Esa particularidad que causa entre admiración y risa, como si fueran reacciones excluyentes o carentes de sex appeal. Tanto en Trópico Lumpen como en sus predecesores, me sorprendió la elección de canciones y el orden en el que las meten en los álbumes. La variedad de géneros e influencias que se encuentran son casi infinitas, aunque probablemente, en realidad, no pasen de Los Planetas y Chikilicuatre. ¿Echan a suerte la composición de los LPs? Así me respondieron por escrito a mi curiosidad: «Casi nunca tenemos descartes, o al menos no de canciones terminadas, nos damos cuenta antes de que a cosa no va para adelante. No tenemos mucho filtro conceptual y no nos importa meter canciones muy distintas dentro de un mismo trabajo, nos gusta el mezcladitos». Para completar la temática de elecciones, les pregunté cómo carajo eligen los singles y de qué canciones sacan videoclip. Atención a la respuesta porque parece que hay intenciones ocultas y un mensaje envenenado para quienes quieran que escojan sencillos: «Los singles los suelen elegir otros, aunque tengamos canciones más favoritas las queremos a todas por igual, lo de los videoclips es otro tema, a veces nos apetece hacer cosas». Si es que tienen sangre azul mayoría absoluta. No se puede negar.

Enlazando temas, otra cosa que mola de Perro son las ilustraciones que acompañan a sus trabajos. Cohete Fernández es el responsable de ponerle imagen al raro universo huertano, como también lo hacen sus anteriormente comentados vídeos, solo que estos además añaden movimiento. Ellos lo eligen a él porque se sienten identificados y porque les gusta, al fin y al cabo, su trabajo es su avatar: «Nos gustan mucho las ilustraciones de Cohete, no sabemos por qué, pero nos sentimos identificados con ellas, creo que cierran perfectamente el círculo de elementos de los que se compone un disco». Perro Cohete Carra, qué bonito juego de palabras nos deja Trópico Lumpen.

Ay, que llego al final de esto. Yo, con Perro, en directo, no soy persona. Probablemente sin ellos tampoco lo sea, pero eso va aparte. Así que aquí me pongo sentimental y empiezo –una vez más– a elogiar a estos tíos que tanto me han hecho gosar. Porque Perro es pureza, es carisma. Porque Perro no es un grupo, es un personaje. Y gran parte del mérito de esto es de vuestro espectacular directo. ¿Qué podemos esperar en la nueva gira? ¿Será mejor sala o festival? ¿No vemos en casa con Bertín o en el sofá con Risto? «Estamos a punto de comenzar con los directos, la actitud va a ser la misma, es la única forma que sabemos, a ver por dónde evoluciona la cosa, es cuestión de tiempo. Prefiero a Bertín, no me fío de la gente con gafas ahumadas».

No podía acabar esto sin preguntar por “Marlotina” usando un subterfugio de mierda. Preguntita mamporrera de toda la vida, vaya. Ya, ya sé que soy predecible, pero qué más da que pantalones lleve: «Muy difícil sería quitar “Marlotina”. El grueso del directo serán canciones de Trópico Lumpen que para eso lo hemos sacado, pero por supuesto no faltarán los clásicos navideños de Perro».

Con la diligencia propia de un buen padre de familia, que diría mi viejo, pero amado Código Civil, cierro la transmisión vía email con Perro. No descarto entrevistarlos un día en persona, no descarto ni el Skype, pero dada la situación del lugar en el que escribo y la apretada agenda de las más brillantes estrellas del star system murciano, me conformo con esto (el onanismo es un gran invento). Las conclusiones de mi investigación con interviú incluida son las que siguen:

Trópico Lumpen es un discazo (topicazo), el mejor de Perro hasta la fecha. Esa etérea bruma mística que envuelve su sonido, esas letras carismáticas, ese mezcladito que te lleva de “El Sereno” a “Disco Mascota” en un mismo viaje, esos cencerros… Comprarse el disco, que lo chaveas tienen que financiar dos sintes más pal próximo disco.

Marlotina, hijos de puta.

 

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José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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