Sobrevivimos al BIME Live 2019
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El BIME Live sorprendió con un cartel de lo más variopinto en el que volaban nombres de todos los géneros, entre ellos, los dos artistas con más reproducciones en mi cuenta de Spotify: The Divine Comedy y Glen Hansard, así que no hubo duda en acudir a la cita.

Tras una combinación de aviones, metros, trenes y autobuses conseguí llegar desde Londres hasta Bilbao para el BIME Live, previo paso por Barcelona, donde no pude evitar parar para ver, una vez más, a Glen Hansard en el Palau de la Música.

Tras llegar al BEC y enfrentarme a casi 21.000 personas repartidas en tres escenarios, me obligué a una conveniente parada para una cerveza y al teatro para ver el concierto de Amaia, la pamplonica está inmersa en la gira de presentación de su primer disco y lo dejó todo atado y bien atado. Escenografía cuidada al detalle con un escenario repleto de flores, músicos uniformados y focos a su piano en el centro del escenario.

Parada para cena y llegada tardía a ver a Kraftwerk, la mítica banda alemana hizo un repaso de su carrera y demostró que cincuenta años después siguen teniendo mucho por decir. Los pioneros de la música electrónica abarrotaron el escenario principal en un concierto en el que se sucedieron sus clásicos y que provocó que el público no se quitase las gafas 3D hasta el día siguiente.

Llegaba el turno de Foals, los de Oxford volvían a Bilbao y como siempre, vimos un derroche de pura energía en un escenario repleto de palmeras. Un setlist claramente centrado en presentar su último trabajo, pero en el que no faltaron viejos clásicos. Estábamos ante una de esas bandas que mejoran su sonido en directo, y tras tocar techo con el final bis “Two steps, twice”, decido bajar el telón y descansar para la segunda jornada.

Pese a la cancelación el día anterior de Michael Kiwanuka y el leve susto de Jamiroquai, diagnosticado de una faringitis esa misma mañana que no le impidió actuar, la jornada se cerró como la más multitudinaria en la vida del festival.

Carolina Durante hicieron las delicias del público con un repertorio que atravesaba gran parte de su disco, desde “Las canciones de Juanita” hasta “Cuando niño”, sin olvidarse de sus primeros singles como “300 golpes”, “En verano”, “La noche de los muertos vivientes” o los éxitos preálbum una vez que la banda ya estaba en boca de todos, “El himno titular” y “Perdona (ahora sí que sí)” para cerrar el concierto con un “Cayetano” que hizo que el escenario Heineken se cayera.

Era el turno de The Divine Comedy, la banda de Neil Hannon volvía por tercera vez al festival, pero por primera vez al escenario principal, para presentarnos su último álbum Office Politics (2019). La banda irlandesa salió con todo, presentando tres de sus clásicos antes de introducirnos a sus nuevas canciones. “Europop”, “Generation Sex” y “Commuter love” antes de la balada “Norman and Norma”. Neil Hannon se movía cómodo por el escenario enfundado en un traje rosa saltando de canción y canción y jugando con el contraste entre los sonidos electrónicos del último disco y el pop elegante que ha marcado su carrera.

Tras la cancelación de Michael Kiwanuka, la organización del festival estuvo rápida habilitando un cambio de hora en el concierto de Mark Lanegan para evitar que chocase con Brittany Howard, y éste lo agradeció con un concierto para sus fans más fieles incluyendo en su repertorio una cara B y varias rarezas.

Brittany Howard, por su parte, enmudeció al público con su voz en un concierto para disfrutar en silencio apreciando los arreglos de su banda. Dejó varias joyas de su último disco, pero lo más comentado fue sin duda el homenaje a Prince con la versión de “The Breakdown”.

Glen Hansard llegó al teatro con toda su banda para hacer las delicias del público que prefirió el folk del dublinés a la música de Jamiroquai, en un ambiente íntimo en el que Glen Hansard se desenvolvió con comodidad y desgranando un setlist que repasaba su carrera desde el último disco hasta su época con The Frames con “Fitzcarraldo” pasando por The Swell Season y cerrando el concierto con una versión de “Dream baby dream” de Suicide en la que Glen Hansard dejó los restos bailando por el escenario.

Tras el concierto, solo quedó apurar la última cerveza mientras disfrutaba del final de concierto de Jamiroquai y su impecable banda antes de volver al hostel y afrontar las diez horas de viaje del día siguiente.

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