“Otra (Javi) Era”: El éxtasis de Javiera Mena en Madrid, la crónica


Hace unos años servidora asistía a un concierto memorable en el que Hidrogenesse (recién estrenado su disco dedicado a Alan Turing, Un dígito binario dudoso), ni más ni menos, hacían de teloneros, perdón, de artistas invitados, previos a la actuación de la chilena. El mismo lugar albergaba de nuevo el concierto de Javiera Mena que, con su tercer disco, Otra Era, ha conseguido una repercusión infinitamente mayor, como puedes leer en la entrevista que le hicimos antes del concierto


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La sala estaba abarrotada desde bien temprano, la artista invitada en esta ocasión fue Bflecha (Belén Vidal) una artista situada en la onda de la electrónica pop suave que no logró conectar con un público más centrado en sus conversaciones, sus móviles o sus elementos elaborados de forma casera destinados a llamar la atención de Javiera (como las imitaciones en cartón de las curiosas gafas que luce en muchas de sus fotos promocionales, una espada o una joya). Una lástima, porque seguro que la viguesa hubiera conseguido más atención si su actuación se hubiera ubicado tras el plato principal de la noche.

Por fin, tras la espera, que se hizo un poquito más larga, las luces volvían a atenuarse y la música de relleno se silenciaba y comenzaba la introducción instrumental que evocaba al primer tema del disco. Al fondo, en una pantalla se podía leer MENA, unas letras rojas integradas dentro del dibujo de un diamante. Cuatro bailarinas encapuchadas (el grupo de baile Les Filles Föllen) hacían su aparición, calentando el ambiente y preparando una base épica para la aparición de la tan esperada artista. Por fin, una encapuchada Javiera, entraba al escenario, directa a sus teclados, ordenadores y resto de aparatos desde donde haría las veces de Maestra de Ceremonias y de DJ.

Tal y como se esperaba, el primer tema fue “Los olores de tu alma”, la pista estaba tan entregada que cuando la diva recitaba “dame todo, todo, todo, el aliento que te brota” no hizo falta mucho más para que la vorágine danzarina se desatara al minuto uno. Los ritmos sincopados de la base de la canción, potenciados por la pronunciación de la voz, con las pausas necesarias para incitar al baile más sensual, habían conseguido la enajenación de los asistentes de manera casi instantánea. Javiera tiene mis respetos desde ya por esa veloz captación de la atención y entrega al placer musical que sólo había visto otra vez en mi vida, con Adanowsky (que, casualmente, también tiene sangre chilena). Es cierto que el disco incita, pero todos sabemos que en el directo es dónde se ven las verdaderas cartas y, en este caso, eran todas, o casi todas, ganadoras.

Siguiendo el orden del disco, la siguiente canción fue “Otra Era”, coincidía con el momento en que las gafas blancas características hacían aparición en la cantante, mientras las bailarinas, también con las gafas, cambiaban sus danzas por movimientos estáticos al ritmo de la base. “La joya” llegó sin apenas darnos cuenta, la capucha de Javiera desaparecía y la cantante se acercaba al público con su mono dorado. Tras “Que me tome la noche” Javiera presentó a El Guincho para que subiera al auto con ella y la acompañara durante la interpretación de “La carretera”.

El momento más introspectivo de la noche sucedió al sentarse al piano, a un lado del escenario, como marcando un punto y aparte, sola, sin luces festivas, tan solo las necesarias para crear el ambiente pausado e íntimo de “Sol de invierno” y “Quédate un ratito más”.

La segunda parte del espectáculo era concebido como una rave, los temas se entrelazaron sin pausa, demostrando un ingenioso manejo del ritmo del espectáculo. No esperábamos uno de los buques insignia del disco tan temprano, “Espada” (he de decir que servidora es muy fan de los dientes de Nosferatu que luce en el videoclip) inauguraba éste segmento del concierto, dos bailarinas recreaban una lucha descarnada, la estética ochentera y de neones era el ambiente ideal para que esas espadas con las que luchaban fueran sables laser. “El amanecer”, de su segundo disco, Mena, y “Sincronía, Pegaso” precedieron a “Luz de piedra de luna”, su celebérrimo tema que ya presagiaba este giro al electropop bailable. A estas alturas Javiera ya se había deshecho de la parte de arriba de su mono dorado, no era para menos ya que, a parte de lanzar la música, también se atrevía a bailar junto a sus chicas. El traslado de los temas en directo le servía para incluir bases y ritmos necesarios para enlazar las canciones, y el piano de “Luz de piedra de luna” casaba perfectamente con un guiño a los amantes del disco italiano versionando “Ritmo de la noche”, de Mystic .

Los bises no se hicieron esperar demasiado, para rematar la simpatía y cercanía la diva nos dedicaba “Esa fuerza”, rematando con “Yo no te pido la luna”, la versión de “Non voglio mica la luna” que hiciera famosa Fiordaliso, en italiano, y Daniela Romo, en castellano.

Por ponerle un “pero” al concierto, quizás echamos de más algunas músicas pre-grabadas, que quitaban soltura al espectáculo, por lo demás, la que suscribe estas líneas es republicana y atea y, aún así, puede decir que con esta nueva Javiera Mena estamos asistiendo al nacimiento de una reina y de una diosa del pop electrónico en español con espectáculo visual. Desde nuestra humilde posición dentro de la información musical nos gustaría proponer a Javiera Mena para todos los festivales veraniegos posibles: éxito asegurado.

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