El Kanka vuelve a Cádiz más solo que la luna


El pasado ocho de noviembre fue una noche muy especial para todos los asistentes al Café Teatro Pay-Pay de Cádiz, ya que El Kanka volvió a la ciudad para ofrecer uno de sus conciertos más personales, dentro de la gira “Más solo que la luna”, en la que se presenta sin más compañía que su guitarra y su ukelele.


El concierto comienza apenas diez minutos más tarde de lo previsto. Pero, por la ovación del público, parece que no le ha importado a nadie. ‘Volar’ es la canción elegida para comenzar el concierto. Una canción de lo más emotiva, y el cantautor dejó claro desde el principio del concierto que esa no sería la tónica, ¿Cómo?, finalizando la canción encadenada a la, por desgracia, archiconocida ‘No soy un superman’. Sí amigos, ahí tenemos la magia del malagueño, en sacar lo mejor, y hacer de lo peor una virtud. Risas, y vuelta a la sobriedad con ‘Vengas cuando vengas’ y ‘Me alegra la vista’, ambas de su segundo trabajo, El día de suerte de Juan Gómez (2015). Damos paso al single de este nuevo disco, ‘Querría’, todo esto, entre bromas, anécdotas y demás comentarios antes, durante y tras las canciones. Llegamos a ‘El día de suerte de Pierre Nodoyuna’, canción que nos recuerda al emblemático villano de “Los autos locos”, y pasamos a ‘A dieta de dietas’, introducida con una cita que merece ser destacada, y que el mismo Kanka asegura tener por lema de superación personal: “Si a mi mañana me atrapa la triste garra de la muerte, pues, hoy ceno menudo”. De nuevo es turno de presentar nuevas canciones, esta vez le toca a ‘Instrucciones para bailar un vals’, y, ante tanto nuevo, toca dar paso a las viejas canciones, y nos referimos a una joya de su primera maqueta, ‘Con las ganas’. Nos encontramos con la promesa del cantante, esta será la última canción nostálgica del concierto, y nos encontramos con ‘Del miércoles al martes’, bonita canción que da paso a la colaboración del autor carnavalero Antonio Martínez Ares para cantar su ‘Soy músico’ y proseguir con el concierto.

Nos trajo otra canción del nuevo trabajo De pana y rubí (2015), ‘Pudo pasar’, canción que critica el abuso de las tecnologías en la sociedad actual. Turno ahora para uno de los grandes clásicos, ‘Que bello es vivir’, cantada a pleno pulmón por el público. Hora de cambiar de instrumento, ukelele en mano nos recuerda una de sus colaboraciones con El Niño De La Hipoteca, esta vez, su versión de ‘So payaso’, de Extremoduro. No hay exageración si se dice que no pasaba nada por hacer el concierto sin enchufar. Ya que, hasta la mitad de la canción, no se dio cuenta de que no había encendido el ukelele, pero no importaba, ya que el respetable no puso ninguna queja y se dejó la voz dando paso a otro de los grandes clásicos, esta vez ‘Lo mal que estoy (y lo poco que me quejo)’, canción que abre su álbum de debut, con el mismo nombre (2013). Le siguió ‘No jodan la marrana’, donde el público literalmente dejó sin palabras al malagueño, al menos durante los estribillos. Hora de ‘Confesión’, esta vez con la colaboración de Fernando Lobo. Y cerrar el concierto con ‘Canela en rama’, canción que explica: “habla sobre lo gilipollas que os vuelve el amor. Yo sin embargo ya lo era de nacimiento y lo fui perfeccionando durante la adolescencia. Cuando me enamoré, no imagináis a qué punto pude llegar…”. También explicó para los no iniciados en el tema de conciertos que, el hecho de que fuese la última canción, no significaba que fuese la última canción, sino, que era cuando al público le tocaba pedir otra, y él volvería para tocar otras tantas.

Este plan sin embargo se le fue de las manos. Ya que, según lo establecido, solo tocaría tres canciones y bajo su propio criterio, la primera de ellas, también de su nuevo disco, esta vez ‘Canción final’, que nos habla sobre la muerte, y tras ello, el público consiguió que El Kanka rectificase y tocase cuatro canciones más, bajo las peticiones del respetable. Fue turno de ‘El tanguillo del canalla’, ‘No te veo gozar’, y cerrar con ‘Señales de humo’.

Tras el concierto, turno para fotos, saludos y firmas, en las que da tiempo mantener una breve charla en la que confirma lo que todos hemos vivido. Es feliz sobre el escenario, y podemos saber cuánto en función de las tonterías que dice sobre el escenario y las carcajadas que nos contagia. Hora de irse y esperar a la gira de presentación de este De pana y rubí para que volvamos a cruzarnos pronto.

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