Reseña de Sílice, el nuevo álbum de Aurora


Sílice es el nuevo álbum de Aurora, que tras dos años presentando su primer trabajo, Géminis, y haber acudido a grandes eventos tanto nacionales como internacionales, ha decidido soltar una segunda bomba.


Hay grandes diferencias entre Sílice y Géminis. La esencia de Aurora es la misma, pero habría que estar sordo para no captar el cambio que se ha producido en su música. El cuidado, el esmero, el cariño que desprende Sílice no lo tenía Géminis, un álbum igualmente bueno, menos maduro, pero más explosivo y cañero. Algo que se podrá comprobar en la gira de la banda.

No carece Sílice de esa explosividad, aunque su uso como recurso es bien distinto. En Sílice escuchamos al mejor Javier Bolívar que podíamos imaginar. Sílice se ajusta como anillo al dedo a su voz, tan melódica y suave como misteriosa. La explosividad del álbum se transmite dentro de las propias canciones, con paradas y arrancadas, a veces basta un simple cambio de ritmo, incluso de lento a más lento. Aurora ha sabido jugar muy bien con el tempo de sus temas. Para lograr este magnífico efecto han contado con más instrumentos que en Géminis, en Sílice los sintetizadores y el teclado tienen momentos de protagonismo, y momentos estelares como secundarios. El equilibrio instrumental unido al equilibrio vocal de Javier dejan como resultado un disco armonioso, en apariencia pacífico, pero con frases lapidarias que iremos citando a lo largo de la crítica.

Arrancamos con ‘Tuk Tuk’. Un Tuk Tuk es uno de esos triciclos que permiten llevar pasajeros atrás, tan típicos de Tailandia. Abre animoso con sintes y guitarras. Javier Bolívar añade el factor misterio, y nos deja una de esas perlas que serán tan típicas a lo largo de Sílice: “creo que no tienes ningún plan”. A continuación, los sintetizadores se hacen con el mando durante unos momentos, añadiéndole al tema un halo de misterio, y de sonido tropical. El tema se anima al canto de “busca sombra en esta claridad”. El uso de pequeños loops tanto vocales como instrumentales es un recurso muy usado en ‘Tuk Tuk’, que se cierra de forma abierta, si es que esto es posible. Buen tema de apertura, valdría también como cierre incluso.

‘Voces’ es el hit del Sílice. Que me perdonen el resto de temas, pero ‘Voces’ tiene esa magia que le permite de entrar por el oído desde el primero momento. Si ‘Transparente’ fue el tema de bandera de Géminis, ‘Voces’ es su igual en esta segunda entrega de Aurora. Destaca el inicio tan grave, con una batería protagonista. La sensación de profundidad impregna el ambiente. Los efectos que acompañan la voz de Javier ahondan en esta sensación de profundidad. El cambio de ritmo nos lleva al pre-estribillo, y finalmente llegamos al estribillo en si mismo: “voces, voces, voces, voces…”. Sencillo de recordar y tremendamente adictivo. No es complicado imaginar cuál va a ser la reacción del público en los directos. El uso del eco es simplemente genial. Aurora aprovecha la mina y repite rápidamente el estribillo para después activar los sintes, y volver al tono grave. Un pequeño interludio instrumental conduce el tema hasta su final. “Intenta mantener la mente ocupada” mientras los coros repiten “voces”. De nuevo, la sensación de profundidad se apodera de la canción. Y antes de cerrar Julio Bolívar deja su impronta en la guitarra con un buen solo.

‘Badlands‘ es cuanto menos sorprendente. Las badlands son tierras altamente erosionadas por el agua y el viento, que dejan un terreno con una forma ciertamente particular. El inicio con “antes pisabas tierra firme” nos pone en situación. Aurora le canta al pasado (no al suyo desde luego), un pasado mejor como bien describe la estrofa anterior o la de “antes brillabas como un cisne”. El tempo de la canción es lento, y Javier nos hace disfrutar de su particular estilo a la guitarra. Los efectos de los sintes dotan a la letra de mayor fuerza. En los interludios el protagonismo es casi totalmente guitarrero. A mitad de canción ‘Badlands’ acelera, con notas tropicales, y el bajo de Carlos Marqués subrayando el “¿Quién lo iba a decir?” que se repite hasta el final.

No, no se te han estropeado los altavoces o los auriculares, ‘Roxy’ comienza así. Siempre hay que concederle importancia a los interludios instrumentales, no son siempre la muestra de lo que es un álbum, pero en muchas ocasiones de ellos se puede extraer la esencia de éste. No sería justo resumir Sílice en ‘Roxy’, pero el que escuchemos un inicio más o menos alegre, como el de un amanecer, y que pasado el ecuador se oscurece rozando el género espacial, son una buena pista. En sentido estricto, esto no es Sílice, pero sí comparamos ‘Roxy’ con la ‘Andrómeda’ de Géminis, sí que podremos tener una idea más o menos general de la evolución de Aurora en el terreno instrumental.

Y llegamos a ‘Texcoco’. Texcoco es una localidad mexicana cercana al D.F. Aquí reina la calma en un paisaje sonoro casi desértico, con la guitarra rítmica dominando sobre el resto de instrumentos. Los silbidos de los sintes nos sumergen más en ese desierto que citan en la canción. “Solo quieren lo que tienes, (…) la mirada se te pierde, no es nieve lo que cae”. ‘Texcoco’ toca el folk y toca el shoegaze. El misterio sigue siendo el recurso favorito de Aurora, pero hasta ahora no lo habíamos disfrutado en este formato. ‘Texcoco’ será una de esas canciones que cuanto más escuches, más te gustara. Es deliciosa.

Tras ‘Texcoco’ vuelve lo tropical a Sílice, llega ‘Arena en los Ojos’. A los que hemos escuchado lo último de Tórtel, se nos habrá ido la cabeza directamente a La Gran Prueba, un álbum que experimenta mucho con este tipo de sonido. Sin embargo Aurora no insiste demasiado tras los coros iniciales. “Es más fácil ver con los ojos cerrados” encabeza la primera estrofa. El instrumental nos recuerda a los Aurora anteriores, con una guitarra y un bajo algo más clásicos, pero no por ello peores. Javier Bolívar sale de su zona de confort en Sílice, y es que como el mismo canta “es más fácil ser cordero que lobo”. Vuelven los coros y el tono tropical, con una línea de bajo nuevamente excelente. A partir del 3:15 abrimos los ojos, nos quitamos la venda, la guitarra acelera, el optimismo y la fuerza renacen. Y aquí viene una de las partes más espectaculares del álbum, con un teclado al estilo Doors que se convierte en la guinda a un gran trabajo.

‘Algo tan Sólido’ arranca rápida, guitarrera. Los efectos que simulan instrumentos de viento aportan una riqueza sonora y distinción al sonido. Julio Bolívar hace un trabajo espectacular a la guitarra, dejando incluso a su hermano en un segundo plano. El interludio instrumental otorga un pequeño descanso que cesa con una subida que deja a Javier en bandeja el remate de la canción. El juego entre la guitarra, los sintes y la batería del final dejan claro que la solidez de Aurora es a prueba de bombas.

Aparece ‘Nuevos Medios’, con un comienzo en modo loop. Con la guitarra y el bajo marcando territorio tras Javier. El recurso de “pregunta y respuesta” usando el eco en la respuesta resulta novedoso a estas alturas del disco, y se agradece. El teclado además puntualiza cada estrofa, un teclado que de nuevo nos lleva a los Doors, y a mí en concreto al mítico ‘Riders on the Storm’. De repente se produce un parón, los sintes se vuelven graves, la guitarra entra en repetición, “fija el blanco” se convierte en consigna, y el bajo reina en este último tramo que se corona con un “elige tú por mí”.

Y finalizamos con ‘Jardín Botánico’. Un tema lento, en el que el recurso de los coros vuelve a aparecer. El lamento es el protagonista en el tono de la voz. Mientras la canción va in crescendo, Javier arrastra más las palabras, bien apoyadas por guitarra y bajo. “¿Te gustaría quemarte la piel? Yo buscaría un sitio mejor” se recitan, mientras ‘Jardín Botánico’ va in crescendo, aunque siempre con esa sensación de lejanía. Mientras la estás escuchando sabes que ha tocado techo, que hemos llegado a “aguas más tranquilas”, en las que se alcanza el más profundo letargo con un sonido submarino. Sílice ha acabado.

Hay que aplaudir la valentía de Aurora en Sílice. No nos engañemos, el camino fácil era seguir la senda de Géminis, un gran disco, un disco que los puso en la primera fila. Sin embargo la banda no ha parado en estos dos años, ha continuado formándose, ha buscado nuevos sonidos, nuevas fuentes de inspiración. Los viajes a América han dejado huella en los granadinos en forma de destellos tropicales. Es cierto que hay menos guitarreo, que el tempo es más bajo, pero también es cierto que la riqueza sonora es muy superior, que Sílice es un disco muy rico en matices. La esencia sigue siendo la misma, ese misterio adoptado del shoegaze prevalece a lo largo de cada corte, pero la preparación, la producción sí que es totalmente diferente. Sílice ahora mismo es más Aurora que Géminis, al igual que un futuro tercer disco será más Aurora que este segundo álbum. El tener más tiempo de preparación, el haber elegido a Hans Krüger y sus Montreal Studios, el tener más experiencia tanto en las grabaciones como en los directos han tenido como resultado un álbum maduro y sólido, al que es difícil ponerle un pero. Estamos ante uno de los mejores álbumes de 2015.

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