La primera edición del #Ornitofest aprueba con nota


Dicen que para todo hay una primera vez; y cuando se hace algo por primera vez, suele ser especial. No, no se alarmen (o lo siento si es usted muy curioso/a), no voy a contar nada personal, en todo caso, éste no sería el sitio adecuado. Vengo a referirme a que estamos en una época en la que parece que si no se ha estado en la primera edición de algún festival, o desde el principio de alguna cosa, es evidente que usted no es guay, no es moderno. Pues bien, tirando de fina ironía y con mucha guasa, ésta era una de las premisas del festival #Ornitofest.


El pasado sábado se celebraba la primera edición de este festival singular. Un total de 10 bandas subían al escenario de dos en dos, para mezclar, remezclar y revisionar sus propios temas.

Acudíamos el Teatro Principal (mi primera vez) con la curiosidad de un niño. La primera impresión, con la sala aún vacía, era que el sitio elegido no podía haber sido mejor. Un teatro con mucha historia, el más antiguo de Barcelona. Paredes despintadas y rodeadas por unos sofás rojos, barras de bar oscuras y unas estanterías con una iluminación elegante decoraban la planta principal.

Eran poco más de las 20:00 cuando salían al escenario Nyandú y Empty Cage. Los primeros, folkies; los segundos, rockeros. La primera mezcla daba un resultado genial, y es que juntar dos estilos que casan tan bien, con dos grupos que los tocan a la perfección, es una apuesta ganadora. Y por si fuera poco, los dos baterías impregnaron el concierto de más energía aún. Los 50 minutos estipulados de concierto pasaban como un suspiro.

Los siguientes en subir al escenario eran El Último Vecino y Mujeres. Los segundos se retiraron momentáneamente del escenario por problemas técnicos con el sonido. Quedaba así el escenario entero para Gerard Alegre, o lo que es lo mismo, El Último Vecino. Fue, a nivel personal, la gran sorpresa de la noche. Volvía del excusado cuando los vi en la tarima, y, ¡hostias, parecía que de repente había viajado en el tiempo! ¿De verdad había vuelto a los 80? No sólo era la cuidada estética, desde los peinados hasta el estampado de las camisas, era la música, y, sobretodo, la actitud. Gerard, él sólo (sin desmerecer a su banda), llenaba el escenario. Esa mirada, esos bailes, esa actitud tan propia de la Movida. Tuve que mirar a mi alrededor para asegurarme de que todo estaba en su lugar. Fue fácil encontrar a algún asistente interactuando con su smartphone, lo que, por un lado me tranquilizó y por otro me entristeció. Transcurridas tres canciones, se solventaron los problemas y Mujeres volvieron al escenario. “Son como los Beatles” me decía alguien entre concierto y concierto. Y sí, pero con más mala leche y con las guitarras más afiladas. Si hay algo que no les falta a estos chicos, es energía. Tocaron a solas tres temas, para después despedirse los dos grupos con una última canción juntos.

Llegaba el momento de las bandas más experimentadas. Saltaban al escenario Egon Soda y Mi Capitán. Lo que hoy en día llaman “supergrupos”. Ellos seguirían la fórmula del anterior concierto. Primero tocarían tres temas Mi Capitán, después Egon Soda harían lo propio, para acabar después la actuación todos juntos. Y, si bien Gonçal Planas tendría problemas con el sonido de su guitarra (tendrían que cambiársela), después le pasaría algo parecido a Ricky Falkner con el bajo. Pero no hay problemas técnicos que empañen un proyecto que se hace con esta ilusión, y tanto músicos como público, pasaban por alto el fallo, y es que el buen ambiente flotaba en el aire.

Tras un pequeño descanso, el justo para reponer fuerzas, Manel y The Seihos hacían aparición en escena. Fue sin duda el momento cumbre. La sala se rendía a sus pies, llena la pista principal hasta la bandera. Momentos de baile destacables cuando interpretaron el ‘Ojalá que Llueva Café’ de Juan Luis Guerra o el ‘Diane Young’ de Vampire Weekend. En plena gira los Manel, y dado que varios componente de The Seihos residen fuera de España, su actuación fue de 30 minutos en lugar de 50.

Y para despedir la noche y el festival, qué mejor manera de hacerlo que con Lasers y The Suicide of Western Culture. Electrónica de calidad es el sello de las dos formaciones barcelonesas. Se marcaban una sesión de lo más entretenida, pero nuestros cuerpos rogaban clemencia y tuvimos que rendirnos minutos antes de que acabaran.

Ya sólo nos queda felicitar a los amigos de Ornitorrincos y esperar a que anuncien una nueva edición del #Ornitofest, la segunda. Porque además de repetir con los ojos cerrados, un servidor dirá: “el año pasado yo ya estuve”.

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