La eterna cuña de Radiohead

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¿‘La eterna cuña’ o ‘La eterna coña’? Me ha costado elegir título, todos sabemos que una letra puede cambiarlo todo, pero son raras las veces en las que pese a la transformación del conjunto, el significado sigue encajando igual de bien en el encabezado. Desde finales de 2014 lleva rumoreándose un álbum de Radiohead que finalmente llegará -eso dicen los optimistas del lugar- en junio de este año, de 2016.


Radiohead, a lo largo de estos meses han ido trazando un camino a base de migas de pan para que sus seguidores, los que eran sus seguidores, y los que acabarán siendo sus seguidores, persiguieran un rastro que solo finalizaría dónde y cuándo la banda quisiera. Uno diría que esto es más cruel incluso que el trato que Youtube le dispensa a muchos artistas y bandas. La última ocurrencia de los del condado de Oxfordshire ha sido quedarse en blanco en las redes sociales, lo que no implica borrarse de ellas, ni mucho menos desaparecer. Más bien conlleva llamar la atención. Quizás los más avezados de sus seguidores hayan ligado este repentino blanqueamiento con aquel  misterioso vinilo blanco que se vio hace meses.

Lo cierto es que Radiohead, si bien no mantienen el nivel musical que los hace ser idolatrados, sí que están mostrando su genio en el ámbito publicitario, donde las extravagancias de Thom Yorke, Jonny Greenwood, Ed O’Brien, Colin Greenwood y Phil Selway son celebradas como grandes victorias deportivas. No hay mucha distancia entre las últimas acciones de Radiohead (en conjunto) en el estudio y fuera de él, solo que en el primero no solo basta con pretender ser original. De hecho, y pese a que suene incongruente, quizás lo original en Radiohead sería no ser originales por una vez. O por perfeccionar la incongruencia y el trabalenguas: ser originales otra vez de una vez por todas. Porque bajo esa bandera vanguardista que enarbolan se esconden unos pasos al frente del todo insuficientes desde 2007, un avance que da pena comparar con el que realizaron en los noventa y a principios del nuevo siglo. No estoy pidiendo que vuelvan al principio de los tiempos, porque sus inicios, ya bajo la denominación actual, fueron inciertos. Entiendo que repudien el Pablo Honey, un álbum que quitando la canción en la que todos estamos pensando, y un par de ellas más que sirvieron para que Muse se subieran a sus hombros para hacerse gigantes gigantes, no tiene mucho más. Ya The Bends es otra cosa, un trabajo que estará entre los mejores de su promoción, probablemente junto a Different Class será lo mejor que salió de las Islas Británicas en aquel año. La gran fortaleza de The Bends fue que no hubo canciones flojas -un fórmula infalible solo al alcance de unos pocos alquimistas musicales a lo largo de la historia- ya que Yorke y sus secuaces jugaron sus cartas lo suficientemente bien como para no apostarlo todo a la sencillez del grunge punkarra con el que habían jugueteado mientras eran unos imberbes. A partir de aquí tenemos unos Radiohead maduros que ya están en la cumbre. Quizás mirar a The Bends no sea una mala opción, aunque en cierto modo esto ya lo hicieron en In Raimbows, en el cual, a través de un camino diferente, lograron la misma solidez. La evolución los hizo llegar a los cielos con el genial OK Computer -en dura pugna por ser su mejor obra con su siguiente álbum- el no menos genial Kid A. Aquí no es que estén en la cima de una montaña, es que han pasado al firmamento, como los Beatles en los 60 o Pink Floyd en los 70. Han llevado el pop rock un paso más allá. En Kid A se ganaron un lugar en la historia asaltando la electrónica desde el cielo en el que ya vivían. Un movimiento arriesgado que salió bien, posiblemente el penúltimo momento de genialidad que nos han regalado. Porque ya en Amnesiac parecieron haber entrado en un estado febril. Con fiebre suelen ocurrir o bien acontecimientos mágicos (ya le pasó a Michael Jordan que anotó 38 puntos así) o desastres inexplicables. Tan solo un año después del Kid A -¿no daba para ser disfrutado de una forma más tradicional durante un par de años? ¿Exigencias de Parlophone?- Radiohead se lanzaron a un tipo de experimentación menos artística, y lo hicieron de lleno. En este caso, la innovación fue sacar un Kid B: las canciones pertenecen a las mismas sesiones de los años 1999 y 2000. El resultado fue bueno (lo que se vivió durante el Kid A tuvo que ser una orgía musical), aunque ya parecían haber bajado de los cielos, la sutil genialidad del OK Computer y del Kid A había desaparecido, dando paso a un vendaval de talento venido a menos. Ellos lo sabían, el lote bueno había sido vendido un año antes, esto eran unos despojos gourmet. No obstante aquí vemos por primera vez a la banda en su faceta más comercial, tratando de aprovechar las mareas que esos discos habían provocado (especialmente el último), sacando otro más en el mismo sentido beneficiándose de estar navegando a favor de la corriente. Sin embargo el final fue agridulce, porque como leí en cierta ocasión, Amnesiac es como el Kid A pero sin su perfección. Una estrella eclipsada por otra mayor.

Hail to the Thief marca la frontera entre ser aficionado a Radiohead o fanático. Teniendo momentos notables -‘2+2=5‘ es magnífica, ‘Sail To The Moon‘ tiene un innegable encanto, y ‘A Wolf At The Door‘ es un excelente cierre- no llega ya al nivel de su predecesor. La cuesta abajo es un hecho constatable, el nuevo concepto no funciona, a pesar de que era imposible repetir el anterior puesto que ya había sido explotado en dos discos, se esperaba mucho más. Sin embargo, tras desembarazarse de la maléfica industria discográfica, se resarcen con In Rainbows. Más allá del circo que montaron para sacarlo, es un buen LP que en una clasificación histórica de su discografía quedaría por detrás de The Bends, álbum con el que queda emparentado porque contiene buenas canciones, muchas buenas canciones, recuperando esa magia alquímica de poder sacar un trabajo sin temas flojos. No hay un concepto global bien trenzado, no todo tiene que ser así, a veces basta con volver a la sencillez de las sumas. Diez años después del OK Computer habían vuelto a surgir brotes verdes. La historia acaba con el King of Limbs en 2011. Aquí dilapidan buena parte del encanto -que si bien es y será infinito- nuevamente acumulado. King of Limbs es un conjunto de canciones muy bien hechas, con un concepto sonoro bien elaborado… Y sin alma. No cabe hablar ni de abstracción, aquí lo que hay es un ejercicio de onanismo que solo los dejó satisfechos a ellos, a sus voyeurs, y a unos pocos más. Que sí, que puede que sea mejor que el denostado Pablo Honey, pero esto no deja de ser un ambicioso experimento fallido por unos tipos que ya no eran aquellos imberbes de sus comienzos.

Cambiando de tercio, y sin salir del todo de Radiohead, en 2013 saltan a la palestra Atoms For Peace, que en AMOK repiten lo que Yorke había hecho en The Eraser (2006) con mayor tino. Faltaría más, “con buena picha bien se folla” dice el refrán, y Atoms For Peace presentan una alineación de estrellas. Para 2014 el músico se descuelga al estilo In Rainbows (por las formas) estrenando un trabajo en solitario que volvió a despertar el interés no solo del público, sino también de la crítica, aunque sin mucho éxito. Por fin, el líder de Radiohead se lanza de lleno a la electrónica, sin necesidad de estar cruzando continuamente lo que fue con lo que quería ser. Mas no todo es positivo, porque pese a las buenas maneras, el músico sigue sin emocionar. Esta es la constante actual del vocalista, que ha entrado en barrena, se ha metido en un callejón sin aparente salida, en el que eso sí, ya querrían estar muchos. Ocurre que siempre hay un pero en sus obras, tanto por parte de sus detractores, como de sus defensores. El consenso es que no hay consenso. No hay atisbo de redondez. Le pasó con The Eraser (aquí podemos argumentar a su favor que era el primer paso), con King of Limbs, con AMOK y con Tomorrow’s Modern Boxes. Se salva In Rainbows, que no obstante, no parece un asidero lo suficientemente sólido. Quizás el summum para Yorke sea el de emular a esos programadores que crean softwares capaces de escribir novelas, solo que el suyo se enfocaría al arte musical, si es ese, desde luego no lo ha logrado. El golpe de gracia llega en forma de pregunta: ¿de verdad se ha reinventado en cada uno de esos álbumes? ¿De verdad debemos alabar esas obras por ser transgresoras? 

Ahora, hay que esperar a ver si la maquinaria musical está a la altura de la publicitaria, porque la expectación es tal que más de uno y de una puede morir en cualquier momento. Conmigo han estado jugando año y pico. Me he sentido como el pez de El Viejo y el Mar, solo que yo era el pez, y además he logrado escapar. Porque ya he descubierto que no buscan sorprender del mismo modo que lo hicieron en su mejor etapa, porque Yorke lleva desde 2006 haciendo casi lo mismo. La consigna ya no es evolucionar y hacer algo diferente cada vez en lo estrictamente musical, sino en lo que a la industria y negocio musical se refiere. Porque de alguna manera quieren ser como Prince y están rozando el maltrato de su legado. Algo que el recientemente fallecido genio por desgracia hizo. Estando el álbum blanco inventado, sueño para mis adentros con que la gran jugada sea que no haya disco, que hayan estado jugando con todos nosotros, que esto solo sea la mejor promoción de la historia para una gira, y no un álbum para adictos a Radiohead.

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