Hymalaya llaman a la puerta con Fénix

Hymalaya Fénix
Obra de Lucía Velasco y Ana Castro.

Hymalaya son Daniel Pacheco y Roberto García, dos jóvenes gaditanos que están labrándose una carrera musical paso a paso, desde lo más bajo. En Fénix no renacen -nunca han muerto- pero sí que renuevan sus votos musicales y acicalan conceptos.


Hymalaya ya no solo son Bienaventuradas. A día de hoy, Hymalaya son ese EP, más de treinta conciertos, y por supuesto Fénix, que es lo que aquí nos trae. El nuevo trabajo de la banda fue grabado en Estudio Setentaynueve con Rafa Camisón (batería de G.A.S. Drummers, The Ships y Gentemayor) como productor e improvisado batería -espectacular en ambas facetas- y masterizado en los Estudios Kadifornia. Aquí ya hemos citado la primera gran victoria alcanzada en Fénix, contar con Rafa es un gol por toda la escuadra, y si además va a sumarse a algún directo, Hymalaya ya tienen la gloria más cerca. Y es que con Rafa, Hymalaya no suman tres, más bien parece que se multipliquen hasta ser seis. Para que ocurra esto, también han de haber crecido Daniel y Roberto, que han compuesto canciones más ricas, más rápidas cuando han de serlo, y más épicas. Casi nada. Todo ello sin alejarse del pop rock que siempre han llevado por bandera, el que los aupó en Bienaventuradas. De personalidad van sobrados, qué duda cabe.

El crecimiento individual de Daniel en las guitarras también se hace patente, tanto cuando quiere que nos levantamos del asiento -como en la espectacular ‘Segunda Piel’– como cuando busca llevarnos a espacios más íntimos. Porque tras ‘Segunda Piel’, que es un trallazo sonoro, llega ‘Código Morse’, más lenta y con una línea de guitarra que se repite acertadamente hasta casi el infinito, haciéndose reconocible rápidamente, y resultando imposible quitarse su melodía de la cabeza. En ‘Pidiendo Auxilio’ alcanzan la cima intimista, desprendiendo verdadero amor en el estribillo: “di si me ayudaras, no puedo hacerlo solo. Cadenas que soltar ahora que nadie nos observa”. Roberto también aparece de forma clara por aquí, haciendo un espectacular acompañamiento con su bajo, que cohesiona a la perfección el tema. Cierra Fénix con una cuarta composición titulada ‘No Pararán’, que resulta ser el segundo tema más potente del EP, y posiblemente el más complejo. Aquí Roberto termina de soltarse con una línea que es protagonista durante todo el verso, y que no termina de desaparecer en el estribillo. Y es ese estribillo -sin lugar a dudas- una de las joyas del disco. Cuando recitan “en este circo que es nuestro mundo, hay tantas fieras por amaestrar. Van en manada, son peligrosos  y no pararán, no pararán. Hasta destrozarlo todo” consiguen que me sienta maravillado. Tiene algo que pocas canciones alcanzan: vocación de himno. Cala hasta el tuétano. En parte sorprende, porque pese a que no sea el corte más variado en cuanto a letras, su instrumentación hace que nos encontremos con varias canciones en una, ganando más y más a cada escucha.

Al final, no puedo más que lamentar que solo sean cuatro canciones. Fénix ha sido otra prueba superada por Hymalaya, que si pasaron por algún momento de apuro en sus correrías con Bienaventuradas, han de darlas por superadas. Los puristas dirán que no han inventado nada -como si el resto estuviéramos todo el día innovando-, y yo les diría que para qué, que no lo necesitan. Vivimos saturados de pop rock, pero Hymalaya son un soplo de aire fresco: oigan esos juegos de guitarra, esas líneas de bajo, ese aporrear de batería… Disfruten de Fénix.

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