Festival Gigante, apuesta segura


 

Guadalajara acogió su segunda edición de Festival Gigante con una grata noticia: a más grupos, mayor venta de entradas. Todo ello sin olvidar la calidad de las bandas.


Festival Gigante ha vuelto por la puerta grande. Guadalajara ha visto como un aumento de cartel ha traído consigo un mayor número de visitas. Para ser más exactos, ha duplicado la cifra de su primera edición. El Ukelele estuvo en la Alcarria con el traje de personaje anónimo y están han sido nuestras sensaciones.

Por motivos personales y éticos, servidora optó por la opción popular y acoquiné el precio de la entrada como una mortal más ya que sólo podía asistir a un escueto número de directos. Aviso a navegantes: no habrá retahíla de setlist ni crónica minuciosa. Sólo sensaciones de lo visto que bien podrían resumirse en que una tiene predilección por las bandas del escenario ‘menor’ y que el dinero ha sido más que amortizado.

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Preparados para el espectáculo. Fotografía de Festival Gigante.

El Festival Gigante contó con dos ambientes: el estadio de la Fuente de la Niña y la plaza Mayor de Guadalajara, en la que se dieron cita Los Nastys, The Noises y Correos de manera simbólica (y por las fotografías con un público más que aceptable). Servidora, solamente paseó palmito por la hierba deportiva y, entre otras cosas, se perdió la que se presupone última actuación de Jero Romero (según informan las malas lenguas). Taquillas fuera, amplia entrada y dos escenarios perfectamente diferenciados para que cada uno estuviera a sus anchas sin molestar al prójimo y, lo que es mejor, sin que el sonido de un concierto colapsara al otro que se estaba realizando de manera simultánea. El público era variado al igual que los puestos para llevarse al buche. Pizzas, fajitas, hamburguesas de La Pepita y minis de cerveza a precios populares (al menos para la madrileña de nacimiento que escribe) fueron la compañía perfecta al espectáculo que dieron los artistas. Un ambiente familiar que parecía abrir los brazos para que te sintieras como en tu casa.

Esa misma sensación se dio con los directos presenciados. Llegando con Corizonas en pleno apogeo, la simbiosis de Arizona Baby y Los Coronas se está convirtiendo en uno de los grupos emblemáticos de esa otra corriente que copa lo alternativo y se desmarca del independiente clásico. Un público entregado a tararear con ese mago de la escena que es El Meister quien, acertadamente, incitó al público a que también visitase las salas durante el resto del año. Ser músico (y vivir de ello) es una carrera de fondo y necesita de apoyo. El visual, mezclando hippismo, psicodelia y LSD, era una maravilla. A continuación, Los Enemigos pusieron el rock de antaño con Santi Campillo a la guitarra, debido a la baja de Manolo (nada grave). Clase y tempo. Con el horario aprendido de memoria, era momento de pasearse por el escenario Guadalajara y disfrutar del directo de Varry Brava. ¿Qué decir? Que fue una fiesta y que se dejaron la piel, la cerveza sobre el setlist, a pesar del viento que empezaba a hacer mella. Ver a niños cantando sus temas no tuvo precio. No existe mejor forma de bajar kilos que al ritmo de canciones como ‘Fantasmas’ o ‘Calor’. Les echamos de menos por Madrid.

 

El sábado servidora acudió antes a la llamada de la Alcarria y fue testigo del final de concierto de los sevillanos Full, una buena manera de calentar antes de ver a una de esas bandas que siempre consigue llevarte a un lugar donde el surf y la libertad forman un todo: Smile. Otra de las bandas que bien podría haber ocupado el escenario (principal) Gigante. El público notaba que aún era hora temprana, pero la formación vasca tiró de experiencia y consiguió que los asistentes permanecieran hasta que sonó el tema esperado: ‘City Girl’. Después de él, como nos tiene acostumbrados en los conciertos, la bajada al foro hizo presencia y, pese a que el tiempo había terminado, siguieron con la fiesta en modo acústico. Dover estaba a rebosar y la locura vino con temas antiguos como ‘Devil Came To Me’. El camino continúo hacia el pequeño gran escenario y con nuestros pasos volvimos al rock de la segunda mitad del siglo XX. Setentas, ochentas y noventas agrupados en cada trabajo publicado por el tándem que forman Idealipsticks. Derrochando descaro y picardía (y un ya notable estado de buena esperanza), supieron jugar sus cartas: jugaban en casa y sus temas apenas sobrepasan los tres minutos. Rock y actitud para delicia de los fotógrafos allí presentes. Surreal as Reality. Con eso basta decir más. De vuelta al escenario Gigante, Dorian estaban en pleno apogeo al igual que su público. Las luces hacían también su labor y el final no pudo ser más apoteósico: ‘Cualquier otra parte y ‘La tormenta de arena’ y lluvia de papelines. Apuesta segura siempre. Igual que ocurre con los siguientes invitados, Vetusta Morla. Ríos de tinta han corrido sobre la potencia de su directo, el trabajo de sus audiovisuales o la independencia de la que gozan en el fagotizador mundo musical. Comenzaron con sus temas más recientes, para ir acercándose a los éxitos de su primer largo. ‘Valiente’ sigue envejeciendo de manera sobrenatural a la par que su público sigue aumentando. Mi primera visita al Festival Gigante cerró filas en ese momento, quedándose en el tintero formaciones como Fizzy Soup, Pasajero o Columpio Asesino. ¡Volveré!

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