Incapaces de resistir los encantos de Varry Brava y su Safari Emocional

Varry Brava
Foto: Aída Cordero

Los murcianos Varry Brava suplieron con creces las expectativas puestas en su debut en la Joy Eslava, con un espectáculo compacto y potente, destinado a desgastar las suelas de todos los asistentes a sus conciertos


Cuando estuvimos charlando con ellos ya nos adelantaban que estaban preparando algo grande… íbamos con las expectativas altas y en esos casos no es fácil satisfacer al personal, pero como dicen los propios Varry

Ninguna ex se ha quejado de nuestro rendimiento

Como dice la compañera Carolina Cadenas:

No llevábamos el traje blanco pero igualmente salimos a bailar. Aunque algún que otro despistado se había decantado por la camisa, las bambas y la ropa cómoda eran las reinas

La Joy Eslava estaba llena desde las 20.30… era muy complicado hacerse hueco para fotografiar a unos de mis murcianos favoritos, sin molestar al público… Hice lo que pude. Cerca de 800 personas esperaban con ansia la entrada de los muchachos. Las luces se apagaron, los músicos se colocaron (en sus puestos) Óscar comenzó el espectáculo como una vedette de revista: cantando sobre una escalera. Lo primero que me sorprendió fue el cambio de vestuario… Los Varry habían abandonado las mallas estridentes y el leopardo, ¿les habrían abducido?…

Podéis ver más fotos del concierto pinchando en la fotografía.

Varry Brava

‘NingunoDos’ era la balada que abría la velada para dar paso directamente a la declaración de intenciones con ‘Fiesta’. Y de Nadia y Natasha pasábamos a conocer a ‘Sonia y Selena’ y sus desfases nocturnos, por algo querían “Bailar toda la noche… baila bailando… ba…“ tiempo atrás … El intercalado entre Arriva y Safari Emocional continuaba con esa oda a la “niñatería”, tan bien hecha, que es ‘Playa’. Le siguieron ‘Entre el cielo y el mar’, ‘Oh Oui Oui’, y de un single a otro, ‘Flow’ sonaba potente y divertida.

‘Calor’ nos recordaba ese primer disco, Demasiè. ‘Vietnam’ era la canción perfecta que servía de tránsito para la discoteca que iban a montar. La iluminación cambió y todos nos trasladamos temporalmente a finales de los 70 o principios de los 80. ‘Disco’ hacía las veces de condensador de fluzo y dos bailarinas amenizaban la fiesta, aunque el público estaba completamente entregado. Como un matrimonio bien avenido, ‘Disco’ se fundía perfectamente con ‘Momentos’, parecen canciones hechas para ir juntitas, como una pareja de langostas. ‘Chicas’ también encajaba con ese ambiente discotequero. ‘Miedo’ y ‘No te conozco’ creaban la pista de lanzamiento perfecta para la bomba que es ‘No gires’, con la que nos hicieron la “trececatorce” de simular que el concierto terminaba… pero no, afortunadamente.

En estos momentos, he de decir, que volví a respirar tranquila ya que las mallas habían vuelto al vestuario… menos mal…

Los bises los inauguraba ‘Callada’ (reconozco mi debilidad por esta balada), claroscuros y momento de hacer cariños con los asistentes vecinos (sin propasarse en el caso de que fueran desconocidos). ‘Club’ nos devolvía a esos contrastes que acercan y alejan a personas al mismo tiempo (“tu tan Bollywood y yo tan cine nacional”). ‘Fantasmas’ parecía vaticinar la mañana siguiente de muchos de los asistentes… Y de más actual a más antiguo, ‘Radioactivo’, de su primer disco, les servía para recordarnos que son peligrosos y hemos de tener cuidado con ellos… pero que somos incapaces de resistirnos a sus encantos.

Por poner un “pero”, eché de menos esa interactuación que suelen tener los miembros de la banda entre ellos, juguetona y divertida, siempre destinada a contagiar de energía positiva el recinto, pero esta vez estuvieron demasiado separados entre ellos…

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