No es una crítica, es un lamento


Hace un tiempo, un entrenador salió en rueda de prensa afirmando que el estilo de juego del equipo rival “era del siglo XIX”. Hoy, cualquiera podría afirmar lo mismo acerca de lo que voy a dejar escrito: un alegato romántico, que roza nacionalista, totalmente decimonónico.


La marcha del festival Monkey Week desde El Puerto de Santa María hacia Sevilla ha sido un palo como gaditano (isleño para más señas) que soy. Cualquiera que investigue acerca de las giras de cualquier grupo o artista, verá que Cádiz es una de las provincias más evitadas. Y no los culpo, he asistido a conciertos tan geniales como privados. He llegado incluso a subirme al escenario con músicos que después han congregado a centenares de personas delante de un escenario festivalero, un hecho triste y divertido a la vez. El Monkey Week era una oportunidad única para ver a muchas bandas que no pisarían la zona a menos que estuvieran de vacaciones, y por lo general, no estoy hablando de grandes nombres, hablo de grupos destacados en sus escenas locales, cuyos tours pasan siempre por las mismas grandes capitales. Monkey Week, además ha permitido que la escena local tome un poco de fuerza, ya que conseguía que los artistas de la zona estuvieran bien representados -alguno opinará que sobrerrepresentados- en sus showcases. Y no solo eso, sino que a muchos, les habrá inspirado lo suficiente como para meterse de una forma u otra en el mundillo musical. Hoy he sido consciente de que sin Monkey Week probablemente no existiría El Ukelele. Yo soy de los que se ha pagado su abono pro para que compañeros que venían desde fuera pudieran ir con su pase de prensa, yo soy de los que ha publicado cada confirmación desde que la web existe, yo soy de los ha ido por Madrid o Barcelona fardando de festival.

Y no se va tan lejos no, solo a Sevilla. Una ciudad monumental a apenas hora y media en tren, con una Alameda (y probablemente el CAAC) que a partir de este año, será la protagonista del evento. Adiós a las espectaculares bodegas de Osborne, adiós a la coqueta Plaza de Alfonso X, adiós a la ribera del Guadalete… La historia no deja de ser caprichosa, la Catedral de Sevilla está hecha con piedra procedente de la Sierra de San Cristóbal de El Puerto de Santa María, ahora es el turno de que sea nuestra música la que viaje hasta allí de forma permanente. A cambio, y de forma no menos caprichosa, seguiremos recibiendo encantados a los turistas sevillanos que llenan la ciudad cada verano, dejándose su sueldo en nuestros establecimientos. Nuestro futuro en la escena musical española no es otro que ese, el de destino vacacional. Al Rumbo, Cabo de Plata y No Sin Música coparán un podio en el que antes destacaba Monkey Week. Porque era diferente, porque permitía una unión real entre el público y los profesionales, simplemente no era un festival al uso como lo entendemos en España. Esto no se va a perder en Sevilla, la organización va a ser tan buena como siempre, seguirán rozando la excelencia en muchos aspectos. Lo que se va a perder es un trocito de cultura con mucho carácter que ya era parte de la provincia, y aquí sí, me permito apuntar hacia nuestros políticos para saber porqué la historia ha terminado así. No quiero que este texto sea tomado como un manifiesto político contra nadie, pero los gobernantes actuales, además de darle la enhorabuena al festival, tendrán que darle explicaciones a sus ciudadanos. De seguir así, Cádiz seguirá siendo la capital del paro; la capital de las chanclas y el bañador todo el año; la capital sin alternativas, ni siquiera musicales.

Todo esto no me impide darle mi más sincera y no menos dolorosa enhorabuena a los sevillanos, que se llevan nuestro mejor evento cultural a nivel musical. Ni a la organización del festival, que a buen seguro tendrá unas condiciones más ventajosas en lo organizativo y en lo económico, unas ventajas que redundarán en los participantes y asistentes: la lógica no les permitía otra cosa que no fuera el traslado. Os lleváis un pedazo de mi tierra al exilio, porque vuestra casa siempre será esta. Tampoco quiero dejar de agradecer la diversión que me habéis dado estos años. En Sevilla se mantendrá la filosofía, pero eso sí, ya no será lo mismo, será diferente. Que conste que no es una crítica, es un lamento.

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