Jorge Drexler: Benalmádena lo recordará siempre

Jorge Drexler actuando en el ciclo Benalmádena Suena
Fotografía de Carmina Rodríguez.

Para ser honesta no sé muy bien cómo empezar esta crónica. Por un lado, soy más que nada fotógrafa, que no redactora. Por otro, Jorge Drexler ha sido una figura musical tan referente en mi vida que me cuesta que me salgan las palabras.


Después de haberlo visto varias veces en directo (aunque siempre en teatros), ésta era la primera vez que iba a poder fotografiar a Jorge Drexler y, además, en una cita muy especial: era la última parada de la parte español de Perfume, la gira con la que, junto a Luciano Supervielle de Bajofondo, da una vuelta de tuerca a su repertorio.

La noche la comenzó el malagueño Rafa Toro, que volvía a abrir para Jorge Drexler, al igual que hizo hace un par de años en la última visita del uruguayo a Málaga. Bien conocido en el panorama local, el cantautor nos ofreció algunas de sus canciones de su Morning Pizza (de las que me encanta ‘Me tienen miedo’) durante una media hora, en la que nos compartió algunas risas y confesiones.

Llegó la tan esperada hora de Jorge Dexler. Hay que decir antes que, sorprendentemente, apenas éramos unas 400 personas en el Auditorio de Benalmádena. Desconozco si fue por coincidir con otro evento grande (Sara Baras estaba esa misma noche en la Plaza de Toros de Málaga), por no ser en la capital o por algún otro motivo. Pero, la realidad es que el Señor Drexler se entregó de igual manera que aquella vez que hace algo más de diez años lo pude ver ante un Palau de la Música prácticamente lleno.

Y sabíamos que habría sorpresa. El propio Jorge lo había anunciado en sus redes sociales por la mañana. Ansiosos, el concierto se abría con ‘Causa y efecto’, y a este tema lo acompañaron algunas gotas de lluvia que pronto se fueron. Cuando llegó ‘Polvo de estrellas’ ya era evidente que esta gira es muy particular. El giro electrónico que aporta Luciano Supervielle da un toque al repertorio de Drexler que, sin embargo, mantiene su esencia. Los de Montevideo nos regalaron entonces dos joyas: una versión de ‘Sanar’ con samples de candombe y de Violeta Parra, y ‘El pianista del gueto de Varsovia’, tema recuperado en esta gira en directo.

Discurría este primera parte del concierto de manera tranquila cuando Drexler se hace a un lado y, como espectador, asiste al momento de Luciano, que nos ofreció un tema del también uruguayo Felisberto Hernández. Volvía Jorge al escenario con ‘La edad del cielo’, a la que seguiría ‘Perfume’, nombre del tango que da nombre a la gira y que Luciano ya interpretara en su momento con Bajofondo, con ese trasfondo electrónico tan personal.

Y entonces Jorge se quedó solo. Ese Drexler que todos conocemos, sentado, guitarra en mano. Aquí comenzó una complicidad absoluta con el público que llegaría hasta el final del concierto. Con ‘Eco y Guitarra y vos’, que acabó silbando junto a nosotros, comenzaba un diálogo público-artista que se puso de manifiesto cuando interpretó ‘Milonga paraguaya’ a petición de un asistente.

Volvía Supervielle a escena con la célebre ‘Gymnopédie’ de Erik Satie, que de manera hermosísima se mezclaba con ‘Fusión’. El concierto seguía in crescendo con ‘Sea y Se va, se fue’, y fue entonces cuando vivimos uno de los momentos de la noche. La sorpresa de la noche no era otra que Lamari de Chambao que, con una sonrisa imborrable en la cara cantó junto a Drexler ‘Mundos paralelos’. El uruguayo invitaba a la gente a bajar a bailar y la fiesta se terminó de amar cuando llegó ‘Deseo’ al ritmo de la cumbia.

Con ‘Bolivia’ llegaría uno de los instantes más emotivos. El escenario se teñía con los colores de la bandera del país andino y un Jorge cada vez más participativo explicaba la historia detrás de esta canción. Sus abuelos, junto a su padre aún niño, huyeron de la Alemania nazi y Bolivia fue el único país sudamericano que los acogió. Un país al que, obviamente, demuestra un especial cariño.

La noche era un baile. Ellos mismos, tras una breve pausa, regresan para marcarse un baile al borde del escenario. Un baile que serviría de introducción para ‘Bailar en la cueva’, un baile que traería más baile. Y es que Jorge, diciendo que “yo no sé bailar solo” se bajó entonces del escenario para fusionarse en un multitudinario baile con el público. Un baile que este formato y este público nos permitió. Un baile que desató la locura y multiplicó exponencialmente el diálogo de Drexler con el público.

Con ‘La luna de Rasquí’ se iba acabando la noche, que evidentemente no podía terminar sin ‘Todo se transforma’, que en principio iba a ser el bis que pondría punto y final al concierto. Pero, como gran parte del mismo, surgió entonces un segundo bis improvisado en el que Lamari, con su eterna sonrisa y su ilusión por estar cantando con el uruguayo, volvió a subir a cantar. A cantar un bis loco y genial en el que se fueron mezclando ‘Volando voy’, ‘Antes’ y ‘Don de fluir’. Un bis que acabó con Jorge Drexler arrodillado ante un público fusionado con él.

Una noche única la que nos regaló el doctor. Gracias Jorge, lo de Benalmádena lo recordaremos siempre.

Por Carmina Rodríguez

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