Desgranamos la película Inside Llewyn Davis (2013, Ethan y Joel Cohen)


Inside Llewyn Davis nos cuenta la historia de un hombre cuyo sueño es ser cantante folk y de cómo este jugará sus últimas cartas para lograr hacerlo realidad


Dice el paradigma circular de la vida que esta no transcurre de forma lineal, sino que lo hace siguiendo un círculo que la guía, siendo cada experiencia un camino que volveremos a cruzar hasta que encontremos el punto  inicio que cierre dicho circulo existencial. Este paradigma es la estructura que utilizan los hermanos Cohen para contarnos la historia de Llewyn Dawis, un músico que quiere hacer despegar su carrera artística, ya que esta se abre y se cierra con la misma secuencia, lo que nos hace preguntarnos ¿acaba como empieza o empieza como acaba?

La historia de Llewyn es una historia cotidiana, el viaje por la vida de una persona ambigua pero con un humor ácido y sarcástico que se deja llevar. Vagando de sofá en sofá, sumido en una depresión de la que no quiere ser del todo consciente por el suicidio de uno de sus colegas de profesión, con la sombra de la duda de si la decisión de su padre de alistarse en la marina fue tan cobarde como el siempre creyó y la única compañía de una guitarra, un gato y un puñado de amistades, Llewyn decide arriesgar e irse a Chicago en busca de una oportunidad que consolide su carrera.

Esta búsqueda de la oportunidad es la base de una película en la que el protagonista no es un héroe, si no un hombre desafortunado que da vueltas sobre sí mismo pero que se mantiene fiel a lo único que parece conmoverle: la música. Una música que acompaña a un film inspirado en la vida de Dave Van Ronk, destacado intérprete folk neoyorquino que ayudó a otros artistas como Bob Dylan, interpretada por el actor Oscar Isaac que acompañado de otros artistas como Justin Timberlake o Adam Driver nos regala temas como `Hang Me, Oh Hang Me´ o `Fare Thee Well´ que componen una de las mejores bandas sonoras originales de los últimos años.

Inside Llewyn Davis es una mirada sobre una invernal ciudad de Nueva York donde la vida todavía podía ser bohemia. Una historia hecha por y para el deleite tanto de sus creadores, que conducen esta película con la clase habitual a la que nos tienen acostumbrados, como de los espectadores que aprecien una historia que es como la vida misma: un vaivén de personas y situaciones que no tienen ni porque salir bien ni ser excepcionales.

En esa decadencia es donde se puede encontrar belleza,  en los pequeños gestos y detalles y  en el conocimiento de que pese a la infelicidad temporal hay un horizonte abierto frente a cada persona. Al contrario de lo que pueda parecer, esta no es una historia desalentadora,  sino un refugio sentimental por el que nos guía un Oscar Isacc fusionado con un Llewyn Davis que mas que tocar los acordes de la guitarra para el publico y por la fama lo hace para si mismo.

 

 

 

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