Distancias cortas: Rufus T. Firefly

Rufus T. Firefly - Iris Banegas

Rufus T. Firefly han dado la bienvenida al 2017 facturando uno de los discos más relevantes del año, su Magnolia (2017) ha conseguido enamorar a todos aquellos que aún no se habían rendido ante la magia de este grupo de Aranjuez. Hemos tenido el placer de compartir un café con Víctor Cabezuelo, cantante de la banda, y reflexionar con él sobre el momento que vive la música.


La llegada de Magnolia (2017) ha supuesto un drástico cambio en la formación original, ¿cómo afrontasteis la marcha de Alberto y Sara?

Cuando acabamos Nueve (2014) Alberto y Sara dejaron la banda porque el mundo de la música es tan complicado que no nos permite vivir de ello y al final cada uno tiene que intentar sacar su vida adelante. Después de tanto tiempo luchando nos quedamos un poco desilusionados porque era complicado, y hablando con Julia nos llegamos a plantear la posibilidad de parar o de que el proyecto cambiara de forma o de nombre, pero al final decidimos que aún quedaban muchas cosas que contar y que merecía la pena seguir intentándolo. La esencia de Rufus siempre había sido la de cinco amigos que nos juntábamos para hacer música y de repente eso se rompía, ya no éramos los cinco que habíamos empezado. Pero tenemos muchos amigos músicos, así que cambiamos  a seres queridos por otros seres igual de queridos, así que seguimos con la misma esencia y la misma idea. Para nosotros es muy importante que no sean músicos a los que pagamos para tocar y que lo hagan de puta madre, tiene que ser una especie de núcleo y con Miguel y Rodrigo lo hemos conseguido. Lo bueno además ha sido que no les hemos buscado, todo ha venido muy fácil y de forma muy natural, en ningún momento nos hemos sentido como obligados a encontrar a alguien y ese es el motivo por el que nos sentimos tan cómodos. Es verdad que desde fuera son muy distintos físicamente pero desde dentro la esencia es la misma y además, tocando, cada uno impregna su personalidad a la música y eso hace que las canciones se desarrollen de otra manera.

¿Cómo ha sido el proceso de grabación del nuevo disco?

Este disco empezamos a hacerlo como a mediados de 2016 y todo empezó con ideas muy básicas, grabando sintes y probando sonidos en casa, y desde ese momento ya hay pistas del disco que han valido. Ha sido un disco que en realidad se ha grabado durante casi un año más los días que hemos estado en el estudio. Nos lo hemos tomado con bastante calma porque queríamos sacar algo de lo que estuviéramos muy seguros porque después de Nueve, que tuvo críticas muy guays no queríamos decepcionar a nadie.

La crítica siempre os ha tratado muy bien…

La verdad es que sí, hemos tenido esa suerte y es algo por lo que nos sentimos muy agradecidos. Cuando empezamos a tocar nunca nos imaginamos que nos dijeran esas cosas, de hecho no somos conscientes cuando sacamos un disco de si va  a gustar o no. Desde que empezamos a tocar siempre hemos ido como pidiendo perdón, como diciendo “estas son mis canciones y si no te molesta…”. Porque somos así, estamos muy seguros de la música que hacemos pero somos muy inseguros a la hora de demostrárselo a la gente, es una contradicción pero es porque ofrecemos en nuestras canciones una parte muy íntima y exponerse tanto te deja medio desnudo.

El otro día en una publicación de facebook sobre los premios MIN decías que sin los mensajes de apoyo del público no habrías seguido tocando…

Exactamente, porque es un esfuerzo muy grande y a veces piensas que no merece la pena, es fundamental que si a alguien le ha emocionado lo que has hecho te lo diga. Me acuerdo cuando era pequeño y me gustaba un grupo, pero nunca les escribía porque no quería molestar. Ahora me doy cuenta de que es increíble que alguien, sea quien sea, te diga “me ha gustado tu disco”.

¿Con Magnolia habéis recibido muchos mensajes de este tipo?

Sí, ha sido brutal. Se ha multiplicado por mil, porque hemos notado que se ha abierto la frontera de repente, nos están poniendo en programas de radio de México, Argentina, Italia… y nos deja perplejos, hemos hecho las canciones en un local muy pequeñito de Aranjuez y de repente están cruzando el mundo y emocionando a gente. No sé por qué de repente está pasando esto, pero está pasando. Hay tantísimos grupos y discos, que de repente se esté dando tanta atención a este disco nos emociona muchísimo y a la vez nos supone una gran responsabilidad, porque ahora tenemos que hacerlo muy bien en los directos. ¿

¿Cómo es trasladar el sonido del disco al directo?

La verdad es que este disco es el que menos nos va a costar tocar en directo, aunque aparentemente sea complejo está todo muy claro. Otras veces entrábamos al estudio y no sabíamos cómo iba a sonar, pero esta vez antes de entrar al estudio ya teníamos muy claro cómo queríamos que sonara, ya estaba todo súper trabajado. Así que el estudio ha sido más un proceso de juntar todo, ya estaba creado antes de grabar, y por eso creo que va a sonar mejor que otros discos en directo.

Con cada disco seguís experimentando, no paráis de buscar nuevos sonidos, ¿cómo ves desde dentro a esos grupos que se acomodan en su estilo particular?

Es algo muy personal, pero no podría hacerlo. Para mí sería como estar muerto, musicalmente hablando. Creo que dejaría de hacer música, pero cada uno sabrá por qué se dedica a hacer música y qué espera de ella.  Para mí todo esto es una especie de enriquecimiento y aprendizaje, considero que es un camino que no va a terminar nunca, que el crecimiento como músico es mucho más importante que el reconocimiento económico. Yo creo en esto, pero cada uno tiene su visión.

Habéis vuelto a contar con Manuel Cabezalí como productor, y tú también te has pasado a la producción, ¿cómo es producirte a ti mismo?

El grueso del disco lo he producido yo, junto con Julia hemos ido buscando sonidos. Manu lo que ha hecho ha sido poner orden, cuando yo le mandaba 200 pistas de guitarra él me decía “te has pasado un poco, vamos a meter sólo 180”. Manu ha puesto una cosa importantísima, el lado objetivo. Es muy complicado ser objetivo, porque yo me meto dentro de las canciones y no sabes lo que está escuchando la gente, tú estás súper rayado porque un delay no está yendo perfectamente a tiempo y luego lo escuchas desde fuera y te das cuenta de que el delay ni se oye. A veces no nos damos cuenta de que el mensaje que queremos dar tiene que ser lo más claro posible dentro de la densidad, por meter un instrumento no pasa nada, muchas veces menos es más y en este disco ha pasado eso.

No sólo experimentáis en cuanto a sonido, sino que también le dais una vuelta a la edición física de vuestro disco y ahora sacáis un vinilo de dos canciones de 20 minutos cada una.

Ahora, como nos está yendo un poco mejor, podemos empezar a invertir. Siempre lo hemos querido cuidar, pero cuando empezamos teníamos un presupuesto bajísimo para hacer discos, era un poco lo que podíamos poner entre todos y ahora que hay gente que compra nuestros discos podemos emplear el dinero en hacer cosas más bonitas. Siempre hemos tenido claro que en el momento en el que la cosa empezara a mejorar lo invertiríamos en crecer estéticamente también y no sólo musicalmente. La verdad es que Julia es la encargada del tema del diseño y es una pasada lo que ha hecho, le pasé unos textos sobre lo que quería que hablaran las canciones y ella llegó con estos dibujos increíbles, en esos dibujos veo exactamente lo que quería contar.

El arte de Julia, al igual que las canciones, está impregnado de psicodelia.

La psicodelia es un viaje hacia dentro de uno mismo, es como aquello que decían The Doors “abrir las puertas y expandir la mente”, muchas veces pensamos que las respuestas están ahí fuera, pero en el 99% de las veces las tenemos dentro y este disco está planteado como un viaje hacia dentro en busca de respuestas y de motivos bonitos para seguir viviendo. La psicodelia es el camino para llegar a esos sitios bonitos, se puede llegar a través de muchos caminos, ya sea la melancolía o la felicidad, pero también se puede llegar por la psicodelia y la lisérgia, que además hacen que sea un poco más abstracto.

Magnolia está plagada de referencias cinematográficas, ¿por qué le habéis dado tanto peso al cine?

Hay mucho cine en este disco, de hecho más del que pensábamos. Cuando le pusimos de título Magnolia no éramos conscientes de que era un peliculón, estábamos pensando en una flor que representara la psicodelia y fue cuando leímos los títulos de las canciones cuando nos dimos cuenta de que eran todo películas. Pero me alegro, porque todo es un homenaje a cosas que nos han cambiado la vida para bien y queríamos ensalzar esos momentos en los que vimos una peli de Hitchcock y te das cuenta de que eres una persona diferente sólo por haber visto esa peli, o escuchar un disco de Pink Floyd cambia tu manera de ver la música; son referentes que nos han marcado y queríamos dejarlos muy claros, sin máscaras. Siempre nos han comparado con Radiohead, y claro, si es uno de mis grupos favoritos de la vida y no tengo ningún problema en decir que  lo más bonito que le puedes decir a una persona es que eres como la voz de Thom Yorke.

¿A qué película te hubiera gustado poner banda sonora?

Me encantaría ponerle música a cualquier película de Wes Anderson, porque son películas muy visuales. Me encantaría hacer cualquier banda sonora que tenga pasajes muy instrumentales, con imágenes de carreteras… Además creo que nos saldría muy guay, ojalá algún día nos llame Bayona (risas).

¿Barajasteis otros nombres/olores para el disco?

Teníamos claro que queríamos que el título fuera el nombre de una flor, porque Julia se ha inspirado mucho en fotografías macroscópicas de flores para hacer los diseños. Tú ves una flor desde fuera y piensas “qué bonita”, pero cuando te empiezas a meter por dentro, a saturar los colores y ves todo lo que sale de ahí te das cuenta de que es increíble.

El título de Magnolia es porque con las flores pasa una cosa, que algunas suenan un poco cursis, por decirlo así, por ejemplo jazmín. Entonces escribimos todas las opciones que teníamos y cuando vimos “magnolia” nos dimos cuenta de que quedaba increíble, es una palabra que tiene mucha fuerza.

Hace dos años en una entrevista nos decías en una entrevista que “Ahora mismo Rufus no nos da de comer, pero está empezando a ser sostenible¿ha cambiado la situación?

No, sigue sin darnos de comer pero ahora todo lo que ganamos podemos invertirlo para poder seguir creciendo como grupo, que es una cosa que antes de Nueve (2014) no podíamos hacer, teníamos que poner dinero nosotros. Ahora todo lo que ganamos podemos invertirlo en seguir haciendo cosas, por ejemplo los vinilos son gracias a lo que hemos sacado del pre order de Magnolia, es todo un ciclo para seguir haciendo cosas. Nos gusta mucho este planteamiento, y en cuanto tengamos la posibilidad haremos otra cosa más grande. También es peligroso porque, por ejemplo a uno de mis grupos favoritos, Standstill, este planteamiento terminó acabando con ellos, hacer que todo creciera cada vez que tenían cierto éxito, invertirlo todo en hacer algo más grande les llevó a ser un proyecto insostenible económicamente y al final no pudieron seguir y es algo que me da mucha pena, pero todo lo que han dejado es increíble, creo que el crimen hubiera sido no haberlo hecho. Nosotros no somos nada ambiciosos, pero sí queremos ser muy generosos con nuestra obra y si nos tenemos que gastar mucho dinero en masterizar con un tío que lo hace todo analógico para mantener nuestra esencia orgánica viva lo haremos.

El año pasado estabais confirmados tan solo en unos cuantos festivales, como el Culturefest, que canceló… ¿Cómo ves el panorama festivalero actual?

Sí, cancelaron todos los festivales en los que estábamos confirmados. La burbuja festivalera es un tema complicado y yo, como músico, lo veo muy jodido. Parece que llegar a tocar en festivales se ha convertido en el objetivo de los músicos y no, la música no tiene nada que ver con eso, a todos nos gusta tocar en festivales porque es muy divertido y te ve mucha gente pero qué pasa el resto del año y qué pasa cuando un festival pone la entrada a 20€ por ver  a 40 grupos y luego llegas tú a Zaragoza y pones una entrada por 10€, pues que la gente dice “es que por el doble me veo a 40 grupos” y es normal que la gente lo diga. Esto hace insostenible que los grupos podamos sacar adelante los proyectos, porque si el objetivo es tocar en festivales que te van a pagar un caché pero que ni de coña te cubre todo lo que vas a hacer el resto del año la música se acabará, o si no se acaba pasará lo que a día de hoy está pasando, una tendencia de ciertos grupos a hacer canciones festivaleras, canciones fáciles y directas, comida rápida, y da mucha pena. Da mucha pena porque a mí me flipa bajar al restaurante de debajo de mi casa y comer una pasta increíble y no tener que ir al centro comercial a comerme una hamburguesa.  Al final son canciones que sólo buscan agradar, canciones dirigidas a alguien que has estudiado quién es, darle a un perfil de gente el tipo de música que le va a entrar fácilmente y eso me da mucha rabia porque no es música, es marketing.

¿Cómo ves el circuito de salas?

Lo veo sobreviviendo, que no es poco, a mí ahora mismo tener una sala me parece una heroicidad casi tan grande como tener un grupo, es un drama. Yo hablo con la gente de las salas y me dicen que les cuesta muchísimo porque al público le cuesta ir a los conciertos porque hay otras ofertas. Agradezco mucho a todas las salas la labor que hacen, ojalá entre todos lo levantemos.

Hemos cerrado 2016, ¿cuáles han sido tus discos favoritos?

Uno de mis discos favoritos es el último de Atención Tsunami, que es un grupo que siempre me ha parecido increíble y que no entiendo que no sean uno de los grupos más famosos del país, si yo hiciera las listas y eligiese a los carteles de los festivales ellos serían el nombre más grande.

Y de internacional me ha flipado el de Warpaint, es un referente absoluto para la música que hacemos. Me parece que son un grupo de feminismo efectivo, que no necesitan decir todo el rato que son feministas, sino que directamente hacen un disco increíble ante el que todo el mundo se tiene que postrar. Es todo un ejemplo, tanto para mujeres como hombres, de cómo hay que hacer las cosas, para mí esa es la máxima del feminismo, que manden ellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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