#Crónica Mad Cool 2016 del jueves


Madrid lleva años vagando por el desierto festivalero, múltiples propuestas surgen intentando ocupar ese vacío que todo madrileño siente, pero ninguna nos había llenado de tanto orgullo como la iniciativa del Mad Cool. Han conseguido congregar en esta primera edición tanto a nostálgicos de los 60’s como a amantes de la música más independiente, que recorrieron los escenarios más pequeños disfrutando de la letra pequeña del cartel. El Mad Cool ha situado a Madrid en el mapa festivalero, convirtiendo a la capital en el epicentro musical durante un fin de semana.


Texto: Aída Cordero y Alba Montero

Fotos: Mad Cool Festival

Las puertas del Mad Cool se abrían con cierto retraso, provocando que una larga cola recorriese la Caja Mágica y como consecuencia que la primera actuación del festival, Rat Boy, comenzase ante un escaso número de público.

Una vez superado el síndrome de Stendhal al pisar por primera vez un recinto cuidado hasta el más mínimo detalle, pusimos nuestros cinco sentidos en la actuación de los británicos Rat Boy. Sin duda una de las grandezas del Mad Cool es su cartel apto para todos los gustos, y Rat Boy es una muestra más de la variedad de estilos que pisaron la Caja Mágica. A medio camino entre el punk y el hip-hop se encuentran estos jovencísimos británicos capitaneados por el irreverente Jordan Cardy que disfruta arengando al público invitándoles a subir al escenario y lanzando agua a todo aquel que se le ponga por delante al ritmo de temas como ‘Sing On’ y hasta de un intento de ‘Sweet Home Alabama’.

Milky Chance inauguraban el escenario principal con los primeros bailes de la jornada al ritmo de Sadnecessary (2013), el álbum de los alemanes que les catapultó a la fama gracias a temas como ‘Stolen Dance’, que ya se ha convertido en el gran clásico de la banda.

El variado cartel que nos ofrecía el Mad Cool no podía olvidar a los grandes grupos nacionales, habiendo sido elegidos con sumo cuidado. Lori Meyers entraban en acción con un directo cargado de energía, y es que los granadinos acaban de salir del estudio de grabación y estaban deseando pisar de nuevo los escenarios. Los Lori optaron por revisar clásicos como ‘Sus nuevos zapatos’ o ‘Tokio ya no nos quiere’ sin olvidar temas de su último trabajo y hasta atreviéndose a esbozar lo que será su próximo disco. Las ganas que le ponían los granadinos sobre las tablas estaban a la altura de los bailes que se extendían por todo el público, que coreó todas y cada una de las canciones. Como nos tienen acostumbrados finalizaron el concierto encadenando ‘¿Aha han vuelto?’ con ‘Mi Realidad’, aunque muchos abandonamos el recinto cantando el mítico “todo esto es culpa de la gente”.

The Who dieron una clase magistral de rock tanto para aquellos nostálgicos que llevan años esperando ver a los británicos sobre el escenario como para quienes solo tararean las canciones que dan paso a Grissom y Horatio. Durante la hora y media de concierto pudimos asistir a un choque generacional entre todos aquellos que crecieron peleando por disfrutar de la música, grabando cintas y ahorrando durante meses para poder hacerse con el vinilo de ‘Quadrophenia’ o ‘My Generation’ y que ya peinan canas y los jóvenes que recuerdan su infancia cada vez que escuchan ‘Baba O’Riley’ y que han pasado horas buceando en las profundidades de internet leyendo sobre estos londinenses. The Who consigue poner la voz a múltiples generaciones, aunando todas ellas al cantar hermanados ‘Behind Blue Eyes’, padres e hijos compartieron en el Mad Cool el concierto de sus vidas.

Shirley Manson demostró que la vuelta de Garbage fue una de las mejores decisiones que pudieron tomar y es que, ¿cuántas frotwoman existen con el carisma de Shirley? Hasta el pie de micro iba a juego con la G atigrada que se veía en el fondo del escenario. Tan solo una canción de su último disco ‘Empty’ (Strange Little birds) fue la concesión a su nueva etapa puesto que el repertorio estuvo plagado de sus clásicos, desde ‘Stupid girl’, ‘I think I’m paranoid’ y un cierre apoteósico con ‘Cherry Lips (Go baby go!)’. Desde que conseguí verles en el BBK Live de hace unos años sigo pensando que son unos de los mejores directos de los grupos noventeros.

Mientras Garbage continuaban con el efecto revival iniciado por The Who, en el escenario 5 salían a escena The Strypes. Enfundados en traje y corbata el cuarteto irlandés venían al Mad Cool dispuestos a demostrar que la juventud no está reñida con el buen saber hacer y es que desde el primer corte se comieron el escenario, dejando muy claro que el recinto se les quedaba pequeño. Poco a poco el público se fue entregando a sus guitarrazos, desatándose pogos entre las primeras filas y poniendo a la grada en pie, la batería lanzaba ritmos sin piedad y la guitarra subía las pulsaciones de los allí presentes. El sudor y la cerveza corrían mientras alzábamos los brazos y nos dejábamos la voz coreando ‘Scumbag City’, Ross Farrelly y los suyos se vieron obligados a regalar un bis a un público que cayó rendido ante su rock con sabor  clásico. Sin duda uno de los conciertos más memorables de la edición, un directo demoledor que hizo patente que en los escenarios interiores de la Caja Mágica no se pueden pasar por alto.

Editors hicieron lo que saben hacer, darle el punto oscuro y profundo a la noche. Los movimientos en el escenario de Tom “voz profunda” Smith amenizaban un  concierto que estuvo conformado con la práctica totalidad de su último disco, In dreams, un trabajo más propio para escuchar tranquilamente que para oírlo por primera vez en un festival. Lástima que no decidieran comulgar con sus más fieles seguidores regalándonos dos de sus clásicos temas, ‘In this day en on this evening’ y ‘Raw meat’, solo nos dejaron disfrutar de ‘Munich’ y ‘Papillon’.

Con Vetusta Morla llegaba el final de la primera jornada del Mad Cool, los madrileños tenían el honor de cerrar el festival y supieron aprovechar la oportunidad, descerrajando de forma certera todos los himnos que tienen en su haber.

Con las puertas del Mad Cool cerradas comenzaba la verdadera aventura de la noche, llegar a casa se convirtió en un auténtico Juego de Tronos, en el que el Trono de Hierro era un taxi con luz verde o un búho en el que pudiese entrar un alma más. Las múltiples quejas surtieron su efecto, las noches siguientes decenas de taxis se agolpaban en la salida de la Caja Mágica y los búhos esperaban en las inmediaciones. Hubo múltiples fallos en la primera jornada, pero la mayoría de ellos fueron rápidamente solventados por la organización, que puso todo lo que estaba en su mano para hacer que nos olvidásemos de estos molestos detalles y pudiésemos disfrutar de lo más importante, la música.

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