Este cuarteto, la última sensación del rock británico, actuó el pasado 5 de febrero en La Riviera de Madrid, después de su presentación en el último Dcode.
.Texto: Javier Lorbada
Gélida noche de febrero para acoger a una de las bandas londinenses que más expectativas ha levantado este último año. El primer disco de Wolf Alice, Mi Love Is Cool, ha recibido excelentes críticas gracias a su potente energía y su facilidad para hacer bonitas melodías. Ya actuaron el pasado mes de septiembre en el festival Dcode pero a un horario un tanto injusto. Esta vez les recibió una Riviera con medio aforo acotada con telas, lo que ayudó a una notable mejoría del sonido y a una temperatura más agradable de lo habitual en esta fría sala junto al Manzanares.
En Wolf Alice todo gira en torno a su cantante Ellie Roswell, buena intérprete de voz bonita pero que a menudo aparece demasiado sosa y tímida para cantar unas canciones tan potentes. Le gustan los efectos de voz que controla desde sus dos micrófonos para luchar con su aparente insatisfacción permanente. A pesar de todo, hace esfuerzos por resultar simpática y chapurrea alguna palabra es castellano, llegando a decir muy claramente: “Me encanta España”.
Cuando se ponen más enérgicos me recuerdan a unas Breeders en estado de gloria, pero también funcionan bien en los medios tiempos más oscuros y en otros temas más ambientales donde los teclados cobran más peso que las guitarras.
Es evidente que estamos ante una de las formaciones con más futuro. Habrá que esperar a comprobar si son capaces de hacer algún hit de verdad, y no solo bocetos de grandes éxitos. Desde luego, potencia y energía no les falta. Y se les nota cohesionados y vibrantes, ansiosos por comerse el mundo que se les brinda ahora a sus pies. La próxima oportunidad para verles ya será en el BBK Live.