Casi 14 años después, Sidonie volvió el pasado jueves a La Lata de Bombillas para celebrar el decimoquinto aniversario de esta mítica sala zaragozana a la que tanto hay que agradecer en el ámbito cultural de la capital del cierzo.

Su última vez en la ciudad no había sido hace demasiado tiempo. Fue en octubre, durante las pasadas fiestas de El Pilar, y ya vinieron a presentarnos Sierra y Canadá.

Nada tuvo que ver con su anterior concierto. Ni el aforo, pasando de tocar en la Plaza de El Pilar a unas 100-120 personas, ni la implicación de los presentes que esta vez estaban por y para ellos, ni por supuesto la calidad del sonido y, ni siquiera, su interpretación.

Todo apuntaba a que iba a ser una gran noche, de esas que hacen historia; no en vano, se habían agotado las entradas en apenas una hora y, además, daban el pistoletazo de salida a un fin de semana en el que iban a pasar por Zaragoza, Madrid y Huesca.

Me sorprendió gratamente la edad media de la concurrencia, muy por debajo de lo que estamos acostumbrados en este estilo musical por estos lares y que genera un problema a la hora de programar conciertos y perpetuar esta cultura en las futuras generaciones.

Muchas cosas se han escrito sobre ellos y a muy pocos les son desconocidos; desde que se dieron a conocer en un concurso de jóvenes talentos en 1998, Sidonie ha sido considerada como una de los emblemas del pop español .



Entraron derrochando simpatía e incluso se hicieron fotos antes de comenzar, se presentaron (reiteradamente), mostraron su naturalidad más de una vez, por ejemplo, vendiendo sus camisetas; disfrutaron y nos hicieron disfrutar.

Salieron a escena dispuestos a comerse el mundo, a hacernos cantar y hasta a bailar por un viernes que aún no había llegado. Sin el himno habitual en la presentación de Sierra y Canadá comenzaron por la canción homónima.

No faltó ninguno de sus greatest hits, y representaron casi todos sus discos a lo largo de los 23 temas que compusieron su perfecto repertorio .

No sé qué momentos se pueden resaltar cuando la entrega por parte de público y la banda fue máxima desde el principio hasta los bises, una conexión que no se rompió en ningún momento. Las canciones más intimistas como Los Olvidados, Por ti, o la excelsa Hirosima se celebraban por igual y con gran entusiasmo por parte de algun@s, y se intercalaban con aquellas de estribillos más bailables como Costa Azul, Fascinado, Un día de mierda o El incendio.

Como ejemplo de la implicación, diré que durante la pausa para los bises, visualicé a un grupo que intentaba vaticinar las canciones que formarían parte de la recta final y, todo hay que decirlo, no estuvieron nada desencaminados.

Acabaron con uno de sus últimos himnos Estais aquí, y nos dejaron.

Eso sí, con una sonrisa en los labios y con un recuerdo imborrable, ¡un placer!

Fotos realizadas por Andrea Losilla.



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