The Magic Mor estrena un estratosférico Move the Lines to Make Circles

The Magic Mor estrena un estratosférico Move the Lines to Make Circles
The Magic Mor estrena un estratosférico Move the Lines to Make Circles
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¿Se pueden crear círculos con líneas rectas? Claro que se puede, al menos como efecto óptico. Al Mathematical Bridge de Cambridge se le une el Move the Lines to Make Circles de The Magic Mor en este arte.

The Magic Mor se han enfrentado al reto del segundo disco como solo los buenos alumnos hacen: encerrándose en el estudio, rodeándose de compañeros competentes y reformulando ecuaciones hasta dar con la solución. Move the Lines to Make Circles, además, se encuadra dentro del complejo mundo de la psicodelia, donde solo unos pocos triunfan. A este lado de la realidad no es que no haya tonos grises, es que ni siquiera se puede hablar en términos de buenos y malos: aquí hay leyendas y basura. La banda cuyo centro de operaciones está en El Puerto de Santa María ha presentado su candidatura al primer grupo y… el fallo lo dictará la historia, pero en España pocas cosas se acercan a este sonido.

Desde el iniciático “Move the Lines” encontramos ya una personalidad marcada, con los sintes otorgando una vía de escape que a la vez es un bucle: un mundo sin fin. Los coros le dan la épica necesaria para alcanzar el estatus de single, pero por si fuera poco, tenemos un solo de guitarra al final, no todo va a ser como lo que hace Tame Impala últimamente. “Girl” rebaja las revoluciones, de nuevo los sintetizadores se hacen con la canción, hasta que Juan Antonio Mateos coge las riendas, la repetición de la intro, poperiza más si cabe el conjunto, que tras un requiebro se vuelve algo más oscuro y profundo. Resulta imposible aburrirse con ella. “Countdown”, con sus aires de clásico, con su percusión perfectamente marcada, su guitarra buscando los trastes finales, es capaz de sacar a relucir unos guitarrazos casi funk. Pero no acaba aquí, “Countdown” es pop progresivo, con inesperados giros, con cielos nubosos y un calmado final. “Nation”, psicodélica como ella sola, con progresiones que acaban de manera similar al legendario «Arnold Layne, don’t do it again», se hace introspectiva con el recurso de las programaciones electrónicas, los cambios de voz beatleascos, y otra vez, para cerrar el círculo, el final popero de los Pink Floyd que molaban. “Circles” cambia el tercio, aproximándose al rock progresivo italiano, etéreo y certero, capaz de llevarte al Nirvana sin necesidad de ir como en el salvaje oeste: con caballo y escopeta.

Welcome”, percute a ritmo de galope, te mete la negrura en el cuerpo, pero… hay explosión, controlada, sin ser el “Elephant” de los Impala, pero la hay, lo que supone un respiro antes de volver al cuarto oscuro. Aquí sí que se perciben ecos de los Floyd ya transformados en viejos dinosaurios, los que sonaban épicos, los que dejaban a Gilmour hacer sus cosas de genio de la guitarra. “Master Book” es la joyita del disco, quien sea fan de Jacco Gardner entenderá a qué me refiero. Esa progresión, orfebrería fina, melancólica, tiene como destino lo místico, no sin antes regatear el final esperado y transformarse en un ser de fuzz. Se echan de menos canciones más bailables, pero The Magic Mor y Move the Lines to Make Circles viene completito, así que “Island” va a paliar ese déficit con sonidos llegados de los veranos sesenteros en Formentera. Alegre, cristalina, pausada en sus primeros compases, va cogiendo carrerilla hasta que la parte rítmica y la guitarra deciden que es momento de cerrar los ojos y desinhibirse. Esta etapa desenfadada tiene su continuación, ya que para el cancaneo está también “Move On”. Su ritmo, muevecabezas, y sus agudos sintes van haciendo relevos hasta que se proclama el «Move on» y pasa lo que tiene que pasar. Una guitarra en el luthier y varios fans con esguinces de diferentes grados. Cierra el LP el corte “Ghost”, que cumple con la norma de «dejar la canción más larga y / o rara para el final». Es una regla no escrita, pero a mí me gusta que se cumpla. “Ghost” suena a todo lo anterior, pero también a experimento. Es una regresión a un escenario más orgánico que va intercalándose paulatinamente con otros más eléctricos. A medida que la pista avanza, los gaditanos toman aires de los catalanes Ocellot, sin embargo, aquí la tónica habitual es la oscuridad, y será, oh creyente de la psicodelia, la guitarra quien te guíe hacia la luz.

Move the Lines to Make Circles es un álbum completo, un disco sin grietas, un trabajo que bien podría considerarse redondo. Si bien la etiqueta que mejor le viene es la de la psicodelia, me impresiona la capacidad de The Magic Mor para meter cuñas pop, momentos aptos para cualquier oyente, los cuales hacen de su música algo inusualmente asequible pese a su complejidad. Move the Lines to Make Circles de The Magic Mor es el disco del momento, un LP con el que iniciarse en un LSD inocuo, una pintura vanguardista que cualquiera podrá entender y disfrutar.

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