Temples – Hot Motion
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Hot Motion es el mejor álbum de Temples, uno de esos discos que no solo no tienen canciones malas, sino que están salpicados de momentos para la historia de la música.

La tercera de era de Temples ya es una realidad. La banda de Kettering publicó el pasado 27 de septiembre Hot Motion, el álbum en el que habían estado trabajando durante dos largos años. Cabía esperar algo bueno de él dados los antecedentes: Temples han demostrado tener un gran sentido de la canción; también han enseñado sus habilidades para crear melodías con gancho; y, además, sus experimentaciones, cubiertas siempre por una brillante capa de pop, tienden a introducirse con suavidad en la mente. Sin embargo, Hot Motion ha superado todas las expectativas. El trío, más poderoso que nunca, ha conseguido plasmar las atmósferas del Sun Structures y el dinamismo de Volcano en este nuevo LP que, junto a sus propios avances, los ha llevado a alcanzar una nueva cota artística. Hot Motion es el más caliente de sus lanzamientos, el mejor de sus brebajes.

Hot Motion ofrece una experiencia que oscila entre lo cinematográfico y lo onírico, once escenas que pasan automáticamente a la historia de la psicodelia. No hay toma mala ni momento prescindible. El LP es un artefacto sonoro que hay que escuchar de pe a pa. Primero de inicio a fin en el orden publicado para así aprovechar el tino del grupo a la hora de enumerar los cortes, y después como a uno le dé la gana, ya que cada canción es un mundo en sí mismo. La experiencia, con un equipo de sonido medio decente, es única. Temples se han apoyado en tres cosas para hacer de este larga duración una bomba: atmósferas cargadas; unas letras finísimas; y unas canciones cuya estructura son un queso gruyer. En Hot Motion se ejecuta mejor el wall of sound que en el álbum de debut, presentando el ruido justo para crear cierta confusión sin evitar que los ingredientes sonoros sean todos distinguibles entre sí. En el apartado de la producción, James Bagshaw ha sacado un sobresaliente. Lo ha logrado encontrando nuevos artificios electrónicos, que han afilado el sonido de la banda, el cual se presenta ahora más moderno y sólido. Sin ser una revolución, el cambio a mejor del producto final es evidente. Por si fuera poco, el grupo ha alargado este paso al frente con una más que evidente mejora en la composición de las letras, menos genéricas y más certeras. Antes era sencillo identificarse con ellas, ahora resulta imposible no hacerlo. Dicen que han cambiado el proceso, que ahora todos han escrito sus canciones de forma individual, algo que parece haber desencorsetado al trío, más atrevido a la hora de plantear temas picantes. Ambas variaciones, la lírica y la sonora, no son baladíes: son capitales para entender la grandeza de Hot Motion.

El tercer punto merece su propio espacio, desarrollado a su aire y separado de los demás. Temples, ya en “Shelter Song“, su gran éxito, mostraban una habilidad que es de ellos y de nadie más. Hay muchos caminos por los que llegar a la psicodelia, que es infinita, pero el de estos chicos es muy especial. Es verdad que usan los pedales de efectos típicos del género, que tiran de pasajes instrumentales, que montan un muro de sonido… sin embargo, por más que se enumeren piezas comunes a otras agrupaciones, lo que los define y hace únicos es el esqueleto de sus temas. Si uno los escucha de fondo, sin prestarles demasiada atención, no percibirá nada demasiado extraño: podemos llegar a pensar que es «simplemente pop». No obstante, cuando se efectúa una escucha más atenta (no digo a conciencia, basta con intentar seguir la melodía), uno percibe el hechizo que atraviesa su música. Las pistas están llenas de túneles y huevos de pascua, plagadas de sorpresas en un camino que, si bien desde la lejanía aparenta ser recto y por momentos simétrico, es en realidad un juego de espejos deformes. A la melodía principal se le van añadiendo piezas accesorias que enriquecen el clásico y manido andamiaje pop de verso, puente y estribillo. La sensación que provocan es mágica: tomamos como si fuese nuevo una melodía que ya hemos escuchado con anterioridad y viceversa. Las canciones, con este artificio, se hacen infinitas al bombardear el cerebro con múltiples cebos que te hacen soñar despierto. Puro pop progresivo.

A nivel de influencias, a estas alturas de su carrera, la que se percibe con mayor claridad es la de ellos mismos. El estilo del grupo es único y su personalidad está lo suficientemente desarrollada como para no necesitar tirar descaradamente de numeritos ajenos. Huelga decir que, como buenos estudiosos, han ido tomando lo mejor de algunos de sus más renombrados predecesores estilísticos, adaptándolo a su estilo y al de nuestros días. En definitiva, actualizando y evolucionando el concepto de psicodelia clásica. Percibiremos en Temples a The Beatles por la elegancia que transmiten; a Syd Barrett, poseedor del fuego sagrado, por esos capítulos oscuros a la par que infantiloides; a T. Rex en el glam que por fin ha invadido abiertamente su música; a The Kinks por su habilidad fabricar canciones partiendo de la rutina; y también a The Move por la energía que de repente transmiten. Hot Motion es heredero de la amplia y rica tradición pop de su país, la nueva rosa inglesa, la joya de la Corona.

Canción a canción, Hot Motion va revelándose como una de esas películas caseras antiguas que son proyectadas años después para recordar lo que fue y también lo que no llegó a ser. Hay algo de nostalgia, sí, pero por hechos que nunca ocurrieron: lo que exponen es en realidad una ucronía. Ese desasosiego puntual se da también por la pujanza entre la luz y la oscuridad, que se suceden en un mismo espacio provocando inquietantes claroscuros en la imaginación. Además, el contraste se extiende entre temas y también dentro de estos: no hay nada definitivo, fogonazos y sombras emergen y se sumergen sin dejar lugar al monótono gris. La tensión se mantiene durante los tres cuartos de hora. El pistoletazo de salida del LP lo da “Hot Motion“, la primera publicación del disco que vio la luz. Como single, su elección fue un acierto total, como también lo es su situación dentro del tracklist. Este arranque muestra el renovado ímpetu de la banda, así como los característicos vaivenes dentro de la melodía principal a los que nos tienen acostumbrados desde sus inicios. El final, épico, pone los pelos como escarpias: la primera en la frente. El relevo lo toma “You’re Either On Something“, el segundo ariete presentado por los de las Midlands. La batería, altanera, le impone un ritmo marcial a una experiencia marciana. En este corte ya se evidencia la madurez lírica adquirida, capaz de exponer la naturaleza humana a través de los excesos de la noche. Ojo con la elipsis narrativa, en el riff central está todo. En tercer lugar, emerge “Holy Horses” que, siendo puristas, también sonó antes del 27 de septiembre, ¡la tocaron en Madrid marzo! “Holy Horses” es el primer chute de glam, un tema con un puente que nos envía directamente a la épica de los años del Sun Structures y que se eleva vitaminada con un estribillo que explota en mil pedazos (Marc Bolan hubiese estado encantado de haberlo compuesto). Las guitarras jamás pasarán de moda mientras suenen así.

The Howl” aprovecha el ambiente para desfilar como el más grande de los ejércitos. Con reminiscencias a “Empire” de Kasabian, el terceto sorprende con un tipo de canción que todavía no habíamos escuchado en sus publicaciones. Encontramos a unos Temples soltando una arenga digna de José Mourinho y que se resume fácilmente con esa incitación a la revolución que proclaman: «Raise your head up / Stamp your feet / Hang the world down / By a thread». En este tema, pasado por poco el segundo minuto, tras el estribillo, encontramos uno de esos agujeros negros que he explicado anteriormente. Nos topamos con un puente que teletransporta al oyente de nuevo hasta el coro a pesar de que apenas han pasado unos segundos desde que sonara por primera vez. ¿A quién no le gusta repetir el postre? Un minuto después llega una estrofa digna de Syd Barrett: un cándido verso sobre el que se ciernen las más oscuras tinieblas. Y, para coronar el hito, el estribillo otra vez. Los rompecabezas estimulan nuestra mente y Temples lo saben. La quinta plaza es para “Context“, tercer sencillo de Hot Motion y una de sus creaciones más complejas. Emparentada en cierto modo con “You’re Either On Something”, pero mucho más rápida y afilada, “Context” es el queroseno que la nave necesita para mantener el vuelo tan alto como en “The Howl”. Tras su imagen pueril hay una demoledora crítica al narcisismo que impera en una época en la que el poder se expresa –también en los estratos más bajos de la sociedad– a través de falsas apariencias y de una odiosa obsesión por influir hasta en lo más absurdo, aunque en el fondo la gran mayoría seamos pobres como ratas. Esta línea lo dice todo: «I am sublime / I’m the guide / I am the one / Who made desire / I tamed the wild / Destined to your life». Un cierre a la altura de una primera mitad que es de sobresaliente.

The Beam” rebaja las revoluciones y avanza hasta el fondo de la fase REM para asentarse en ella. Al fin y al cabo, es el único lugar donde el espacio – tiempo no se ajusta a las leyes de la física: «Another year / Another day / Another hour / Another word / Another space / Another mind / Another normal situation / In a place you’ve never been / Another scene you’ll never find». En “The Beam” resuenan profundos ecos de los años dorados del glam, sin embargo, la fina la capa de purpurina que decora su envoltorio no es impedimento para que la canción luzca igual de bien bajo un prisma pop. Tal es su categoría, que encajaría sin rechinar en alguna compilación con lo mejor del David Bowie de la primera mitad de los setenta. En clave Temples, “The Beam” es, también, una reformulación de “Celebration“, una de las composiciones con más potencial de Volcano y que, a pesar de ello, por más que uno la escuche, no termina de explotar por ningún lado. “Not Quite The Same” aprovecha la relajada psicodelia de esta fase para dibujar escenarios bucólicos, unos paisajes montañosos y boscosos, perfectos para resguardarse de la cruda realidad. En definitiva, el lugar en el que se escondió el bueno de Arnold Layne tras su archiconocido escándalo sexual a finales de la década de los sesenta. El trabajo con las guitarras es exquisito y la actuación de Thomas Walmsley con el bajo solo puede catalogarse como espectacular. Esta pista prueba la capacidad del ser humano para sobrevivir en mundos con atmósferas pesadas y ácidas. No es lo mismo, no, pero: ¿acaso no se está bien aquí perdido?

La fase final del Hot Motion tiene guardadas muchas sorpresas. La primera es “Atomise“, un auténtico viaje que lleva la firma de Adam Smith, uno de los tipos que mejor entiende la psicodelia del mundo. De nuevo, se pone de manifiesto la correcta ordenación de las pistas. El comienzo de “Atomise” encaja como un guante con los argumentos musicales del sexto y séptimo corte… ese simpático comienzo en el que son protagonistas una guitarra que parece que en cualquier momento va a meter una quintiada de jazz aprovechando el ritmo, y un James Edward Bagshaw que potencia la tristeza que exigen lo acordes menores, transmuta en otra cosa. De repente, unos Temples expuestos a altos niveles de radiación se transforman en King Gizzard & the Lizard Wizard y rompen con todo: «See the great explosion». La anteriormente liviana guitarra, tras ser dinamitada por los versos de Bagshaw y justo después de que suenen las siete trompetas del apocalipsis, se torna épica y pinfloydiana. ¿Cuántas canciones hay aquí dentro? Al menos, cuatro. La sensación de despertar continúa con “It’s All Coming Out“, que dibuja uno de los momentos más evocadores del álbum. Sesentera por los cuatro costados, convierte al oyente en vidente proyectando una película de suspense ambientada en aquellos años, con –por ejemplo– la Costa Azul de decorado. Por si fuera poco, el tridente no deja de jugar en ningún momento, tensando y aflojando la trama a su antojo para no agotar a los espectadores. La magia del cine llevada a la radio.

Step Down” hace sonar las alarmas. Su introducción, digna de los Kasabian más festeros, los del 48:13, deja paso a otro momento glam, esta vez sí, identificable con T. Rex: «I tried my very best to be free». Con la ultradistorsionada guitarra como leitmotiv, atraviesan una historia sobre la que se vuelven a cernir las otoñales atmósferas del Sun Structures. En el tema también destaca el pequeño pasaje instrumental que le abre paso al etílico estribillo, ese que proclama «Down / You better step down / When worlds collide / You run and hide» a la vez que la melodía cae en una espiral de confusión. “Step Down”, que sí tiene una estructura tradicional, se permite acabar de forma épica en un final que recuerda a los últimos minutos del “Before the Dawn” de Jacco Gardner, del que también hubo ecos en “It’s All Coming Out”. Entre genios anda el juego. El punto y final lo pone “Monuments” que, haciendo honor a su nombre, cierra de forma preciosista Hot Motion. El desenlace del álbum, que lleva claramente la marca de Bagshaw, parece más un corte de chamber pop que de psicodelia, por lo menos en los compases iniciales. Más adelante va aprovechando diferentes subterfugios y acaba por convertirse en otra cosa. La paleta que le dio color a “Monuments” es infinita, y eso que la negrura lo invade todo excepto ese liberador estribillo que conduce al oyente a sumirse en un nuevo sueño.

It’s time for change
Everything is so clear now

En Hot Motion, pese a las influencias que se dejan entrever a través de las transparencias y a no poder ser catalogado como milenial (la etiqueta de moda que parece implicar calidad), Temples han creado un universo que se asemeja mucho al real, usando para ello sonidos y situaciones con las que toda la humanidad puede identificarse. Ojo, no es que Hot Motion sea uno de esos discos en los que sus autores rebuscan entre experiencias que todos hemos vivido para pasar por sensibles adivinos. Por suerte, Bagshaw, Walmsley y Smith no son de los que abusan del manido truco de los lugares comunes. En realidad, Temples han hecho algo mucho más grande y complejo: han compuesto la banda sonora de tus sueños, la clase de música que suena en tus fantasías y pesadillas. Hot Motion es una epopeya onírica.

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Puedes escuchar el disco completo a continuación:

Publicado originalmente el 29 de septiembre a las 15:18

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José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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