Syd Barrett y la magia de la niñez: “Matilda Mother”
Syd Barrett por Alain Dister
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Syd Barrett, en algo más de dieciocho meses, escribió toda su obra. Entre decenas de diamantes, brilla especialmente “Matilda Mother”, una oda a una infancia feliz.

There was a king who ruled the land
His majesty was in command
With silver eyes the scarlet eagle
Showers silver on the people

Así empieza “Matilda Mother”, tercera canción de The Piper at the Gates of Dawn, el álbum de debut de Pink Floyd. En ella, Syd Barrett traza en poco más de tres minutos un mágico retrato de la infancia y de la vida, un cuento de hadas que esconde mucho detrás. Porque todos hemos sido alguna vez Matilda escuchando a nuestra madre, y algún día todos seremos esa madre hablándole a sus hijos. Y yendo más allá, viajando en el tiempo hasta el final de la canción, tenemos la visión de la vida entera.

For all the time spent in that room
The doll’s house, darkness, old perfume
And fairy stories held me high on
Clouds of sunlight floating by

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que llegará el día en el recapitularemos, en el que recordaremos los tiempos felices, en los que la infancia tendrá un espacio predominante, y los tiempos oscuros, para acto seguido fundirnos con no se sabe qué. Con la nada quizás. Quedarse con una canción de Syd Barrett es complicado, sobre todo si te gusta mucho Syd Barrett, claro, pero “Matilda Mother” tiene todos los ingredientes que han de tener las que pasan a la historia. Tenemos una gran historia que engloba a la canción, y una narración en su interior, la cual, a través de los ágiles versos del genio de Cambridge, cobra vida. Y eso que no hay estribillo, o al menos no hay repetición de estos. De la estrofa inicial se pasa al puente, y de ahí al fraseo que se erige como tal. Un estribillo, que según con el prisma que se mire, puede cobrar forma incluso de automención.

You only have to read the lines
They’re scribbly black and everything shines

“Matilda Mother” fue la primera canción de Pink Floyd que sonó en las grabaciones de The Piper at the Gates of Dawn en Abbey Road, el 21 de febrero de 1967, tras la firma de la banda con EMI. Sin embargo, este corte, originalmente, no era tal y como lo conocemos. En diferentes bootlegs y desde hace unos años en ediciones oficiales, podemos encontrar su versión original, una en la que Barrett había tomado prestados diferentes líneas de los punzantes Cautionary Tales for Children de Hilaire Belloc para crear la canción. En ella sí que encontramos un segundo estribillo, diferente en las letras del primero, que sí que coinciden en ambas grabaciones, que se lee así «Finding she was left alone / Went tiptoe to the telephone, 999 / Summoned the immediate aid / Of London’s Noble Fire Brigade». Sin embargo, los herederos de Belloc le negaron el permiso a Barrett para usar sus versos: hubo que volver a grabar el 7 junio, dos meses antes de que el Piper viese la luz.

Wandering and dreaming
The words have different meaning.
Yes they did

No le tembló el pulso a Syd para reescribirla, tal y como hemos visto anteriormente. Tampoco la voz a Rick Wright para volver a crear las armonías finales junto al líder de la banda. La línea de bajo de Roger Waters, una de las más elegantes que jamás ha escrito, siguió ahí. Los bomberos habían salvado a Matilda. Debió ser difícil, pero a la vista de los resultados… parece hasta fácil. Syd juega con la guitarra: B / A / G / F#, aunque dicha progresión apenas se aprecie en la versión del disco, sí que lo hace en el directo, como en el de Estocolmo, que ha sobrevivido hasta nuestros días. Para el estribillo, F# y B, blues básico, no hacía falta más… Pero qué decir del órgano de Wright, que trae la magia con un solo sacado de la escala frigia dominante en F# metiéndole una sexta. Una pieza que originalmente iba a ser un tema titulado “Sunshine”, acabó de interludio instrumental. Ojo, no es casual su posicionamiento en la canción, aunque así lo parezca. Llega tras las estrofas escritas sobre este párrafo, que en español proclaman «Divagando y soñando / las palabras tienen diferente significado / sí, los tenían». Y tras el brillo del ensoñador solo… llega un corte súbito y la oscuridad de la reflexión final de la canción.

Across the stream with wooden shoes
With bells to tell the king the news

En este caso, las noticias no son nuevas, porque “Matilda Mother” es desde hace más de medio siglo, una de las mejores canciones de pop psicodélico de la historia, ¡lo tiene todo! Es un tema que, destilando alegría e ilusión, ve cómo ambos sentimientos se van apagando entre la confusión instrumental y la negra madurez del final. En ese sentido, es superior a “Arnold Layne” y a “See Emily Play”, los singles más famosos de los Floyd con Barrett. Pero también lo es a “Flaming”, a la que precede en The Piper at the Gates of Dawn, y a las costumbristas “The Gnome” y “Scarecrow” del mismo LP. Solo “Bike”, canción que cierra el álbum y que casualmente también concluye en una misteriosa habitación, ofrece una sensación similar, la de la contrariedad del «sí, pero no». En ambas, Syd Barrett entrega ese pálpito con suprema delicadeza. La vida es maravillosa, pero también puede ser horrible. Sin embargo, entre recuerdos, siempre podremos zambullirnos en la infancia que nunca volverá, cuando las cargas no eran para nosotros, sino para nuestros mayores. Cuando cualquier cosa nos hacía felices y una simple mano nos quitaba el peor de los miedos.

Oh mother, tell me more
Tell me more.

Feliz cumpleaños Roger Keith Barrett. Y por qué no, feliz día de Reyes a todos, al fin y al cabo, ¿no es también el día de la ilusión y de los niños?

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José Domínguez

Fundador, como el brandy.

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