Ribera WineSounds Fest: siempre nos quedará Berlín

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El pasado 1 y 2 de junio tuvimos la oportunidad de asistir al primer Ribera WineSounds Fest en la capital alemana, de la mano de Ribera del Duero y Sonorama Ribera, que nos trajeron nada más y nada menos que a Tomasito, Soleá Morente, Shinova, Iván Ferreiro, Sidonie y Kid Simius.

Una noche sin dormir fue el pistoletazo de salida para celebrar la primera edición del prometedor Ribera WineSounds Fest, ya que estaba a cuatro horas en bus de Berlín, y si quería llegar a la rueda de prensa de celebración y primera cata del festival, tenía que coger un autobús a las 4:30 de la mañana. Que lo cogí, pero dos horas de retraso impidieron que llegase a la rueda de prensa (no así a la cata, que me quitó el mal sabor de boca de no haber dormido y perderme el primer evento).

Tras unas horas de descanso, estábamos citados en el Instituto Cervantes para una degustación de vinos y primera toma de contacto musical, de la mano de Shinova en formato acústico. Un primer aperitivo que fue una grata sorpresa, desde el sonido de la banda (que no había tenido la suerte de escuchar anteriormente), hasta el buen rollo transmitido por sus miembros. Un set acústico de seis canciones para abrir boca y maridar con una copa que nos pondría a punto para la gran fiesta del día siguiente.

Acabó la noche y llegó el gran día del festival, allí nos encontramos con Sidonie e Iván Ferreiro para dos entrevistas que verán la luz en los próximos días. Desde ese momento se vio la cercanía lograda por el festival, pero, esa es una historia que será contada en otro momento.

El festival empezó con una nueva cata de vinos, acompañada de embutidos ibéricos para sentirnos como en casa ¿En serio alguien se planteó perderse un festival con ese cartel y cata incluida?, le siguió el maestro Tomasito, que no tardó en montar la fiesta, como de costumbre. «Se os ve coloraitos por el vino ¿eh? Anda que no se os ve contentos». Pues sí, estaba en lo cierto. Pero más allá de lo puramente etílico, el clima y la música invitaba a sentirse como en casa para un público que, en su mayoría, eran españoles que trabajan en Alemania desde hace años, y eso es motivo para estar contento. Ya veíamos entre el público a Soleá Morente entrando en calor, que era la siguiente en subir a las tablas presentando su nuevo disco Ole Lorelei (2018). La granadina subió acompañada por su banda y demostrando que no le pesa el apellido. Pura energía y actitud en una mezcla de estilos. Un derroche de voz y estilo con una banda a la altura (poco más se puede decir si al teclado vemos a Alonso, líder de Napoleón Solo, casi nada).

Tras el concierto hubo que esperar, los problemas de sonido en la segunda sala en la que continuarían los conciertos retrasaron el horario. Pero llegado el momento, fue el turno de Shinova para entrar en acción. No decepcionaron, haciendo un cambio radical de un día a otro entre el acústico y el eléctrico y cantando sus imprescindibles como “Qué casualidad”, “Para cambiar el mundo” o “Volver”. Ahora toca seguir atentos a lo que nos tengan que contar, ya que les esperan varios festivales, y están trabajando en nuevo disco que esperamos que salga pronto a la luz.

Turno para Iván Ferreiro, que salió al escenario al teclado y escoltado por dos guitarras eléctricas, entre las que claro, no podía faltar Amaro. Desde el propio formato, Ferreiro salió a la sorpresa, olvidándose prácticamente de su último trabajo Casa (2016), y centrándose en una noche especial. Me toca tirar dio paso a Jet lag y Tristeza, para sucederse hasta Eme y, para mi, la gran sorpresa de Ciudadano A. Hora de acordarse de Casa con La otra mitad, Extrema pobreza, El viaje de Chihiro, Dios Irae y N.Y.C. ¿Por qué describir el track list al detalle? Porque Iván Ferreiro lleva muchos años en la música y, en este concierto lleno de sorpresas ideó un track list casi perfecto, estructurado en tres partes. La primera es la que acaba de ser descrita, la segunda, un pequeño set a teclado y voz con Farsante y Promesas que no valen nada (gracias, Iván), que acabó en la versión completa de Insurrección, de El último de la fila coreada por el público en el momento más emotivo de la noche.

Vuelta a las guitarras para esta tercera parte del tracklist que prácticamente se convirtió en un karaoke, ya que fue una sucesión de himnos que lleva el gallego a la espalda, con “El equilibrio es imposible”, “Años 80”, “El dormilón”, “Cómo conocí a vuestra madre” y “Turnedo”.

Un concierto de lo más intenso que acabo con paseo dando la mano a las primeras filas, primer intento frustrado de ocupación de escenario, y abrazo comunitario entre los tres integrantes de la banda.

Tras tomarnos un leve respiro para asimilar lo sucedido, llegó el turno de Sidonie, presumiblemente una fiesta, que empezaba con “Nuestro baile del viernes”, pura inyección de adrenalina que no daría respiro hasta el final. Se fueron sucediendo clásicos con temas de sus últimos discos (proyectos de clásicos, clásicos en potencia o futuros clásicos, como prefiráis llamarlos). “Fascinado” y “Feelin Down”, para recordar su etapa en inglés. “Siglo XX”, “El peor grupo del mundo” y “Fundido a negro”, como los primeros clásicos en potencia ya mencionados para dar paso a uno de los momentos especiales del concierto, como la colaboración de Soleá Morente para “Un día más en la vida”, que pasó a “El incendio”, y de ahí a una nueva sorpresa, con una interpretación acústica y desenchufada de “Giraluna” por parte de Marc Ros en una de las tarimas laterales de la sala. Vuelta al escenario principal para volver a hacer uno de sus trucos de escapismo, y es que esta vez tocaba “Un día de mierda” a hombros de un miembro de seguridad para darse un auténtico baño de masas. Y final de concierto con homenaje festivalero de la mano de “Carreteras infinitas”, acompañada de una nueva invasión de escenario, en la que, durante unos treinta segundos, una chica se dedicó a bailar, copa de ribera en mano, para Marc y compañía. Para despedirse, “Estáis aquí”, porque sí, estábamos, os puedo asegurar que estábamos en Berlín.

Sidonie se despedía y llegaba el fin de fiesta de la mano de Kid Simius. El granadino, que ya domina la escena de Berlín, sabía cómo celebrar la clausura de un festival que había estado a la altura en su primera edición, con invitados de categoría como Soleá Morente y baile sobre el escenario para hacernos sentir, una vez más, como en casa.

Toca esperar a ver cómo evoluciona este festival, pero estamos seguros de que lo veremos muchos más años y en muchos más países.


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