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Una última ronda con Apartamentos Acapulco (I)

Estaría mejor en casa, pero allí no pasa nada.

Levantarse temprano, desayunar corriendo, revisar las maletas, comprobar la presión de las ruedas, cargar el equipaje y salir corriendo. Mi día empezó así, como si fuese a salir de gira, como si tuviese algo que contarle al resto del mundo. Nada más lejos de la realidad, ni tengo nada que decir ni mi audiencia es tan amplia. Obviamente, ese no es el caso de Apartamentos Acapulco, quienes irrumpieron con fuerza en la escena indie española. Angelina e Ismael arrancaron su carrera en 2015 y desde entonces no han parado: dos LPs, cuatro EPs, versiones, singles… y conciertos, muchos conciertos. El dúo de Granada ha recorrido un largo camino desde “Todo va bien“. Tanto han andado que ya no paran en escenarios tan idílicos como antaño. En un viernes que debió haber sido como otro cualquiera, me colé en Deifontes, pueblo al norte de la capital nazarí donde la banda ensaya para charlar con Ismael, quien me atendió amablemente pese a estar inmerso en los preparativos de la gira de Apartamentos y… en otras cosas que no puedo contar, pero quizás puedas llegar a imaginar al terminar de leer el texto. Hasta aquí puedo escribir.

La vida no es fácil, ni la tuya ni la mía. Todos los días surge algo. El destino finta con la elegancia de Dennis Bergkamp y la contundencia de Ronaldo Nazario (manda cojones que haya que poner el apellido para que se sepa a cuál me refiero). Esto que estoy escribiendo, por ejemplo, iba a ser una entrevista normal, pero no tiene sentido que sea así. Me diréis que al final sí que tengo algo que contar. Siento haberos mentido. Ismael, pese a la perfecta pose de shoegazer que gasta sobre el escenario, es una persona muy viva. Inquieto e inteligente, el guitarrista y vocalista de Apartamentos Acapulco es un tipo con el que da gusto intercambiar opiniones. No se calla nada y siempre sorprende con alguna idea o movimiento inesperado. Allí, en el estudio de Deifontes, jugando como local, resulta ser un oponente imparable, un Romario que me dejó a la altura de un digno pero roto Alkorta.

Las apariencias engañan y detrás del éxito de Apartamentos Acapulco también hay mucho padecimiento. Él no me lo dijo así, pero en los días de vino y rosas también tuvieron que tragarse un sinfín de espinas. Uno de los golpes más gordos de realidad lo recibió Ismael al cruzar el Atlántico: «Yo pensaba que la de Argentina era una escena indie de verdad». Y no lo decía porque no fuesen indies, sino porque pensaba que existía una unidad entre músicos. Sin embargo, parece que ese buen rollo entre artistas es un espejismo, sobre todo mientras se dan los primeros pasos en una industria que tritura y exprime el talento más que ninguna otra. Para continuar con la historia, será mejor volver sobre los comienzos. Ya habrá tiempo de regresar a El Dorado.

Apartamentos Acapulco nacieron solos, pero pronto el efervescente dúo empezó a suscitar el interés de propios y extraños. Ismael y Angelina se subieron a la ola del renacimiento del shoegaze, que volvía a cabalgar a lomos de viejas leyendas como My Bloody Valentine, Slowdive o Los Planetas. «Fue casual, aunque a nosotros nos ayudó mucho, claro», dice nuestro protagonista, quien rememora aquellos días destilando felicidad en cada palabra. «El primer disco lo grabamos con Jota dando vueltas por el estudio». Aquello también le pasó a los Lori Meyers, ¿serían ellos The Next Big Thing?

Más allá de haberse puesto de pie y haber surfeado la ola perfecta, hubo otros síntomas que les sirvieron para cerciorarse de que lo suyo iba bien. Esa señal fueron los haters. Para que te odien has de existir y si te odian fuerte es que te va bien. «Hubo un músico de aquí de Granada que nos mandó mensajes diciéndonos “lameculos” y “chupapollas”». Ojalá se guarde el ingenio para las canciones, porque a la hora de insultar no llega ni a banda tributo. Curiosamente, durante la charla, Ismael me descubrió a una nueva clase de odiador: el que te apoya al principio y después hace como si no te conociera. «Hubo gente que al principio nos rodeaba e iba a todos nuestros conciertos y que después empezó a hacer como si no nos conociera». Hay diferentes niveles de envidia: cuanto mejor le va a alguien, menos gracioso parece.

Llegados a este punto tuve que preguntarle por Los Planetas, ¡cómo no iba a hacerlo! Si la bucólica escena de Granada tiene tanto movimiento entre bastidores, qué cosas desconocería yo de los capos de la ciudad, de su grupo más famoso. «Con Los Planetas nunca hemos tenido ningún problema, al revés, siempre nos han ayudado y aconsejado». Está bien saber que la mayoría de sus problemas son internos, je je. Volviendo sobre la pista argentina –que se merece su propio capítulo– le pregunté sobre El Mató, que tocaban ese sábado en la ciudad: «Con Santi siempre nos ha ido bien. En realidad, nunca hemos tenido nada con los grupos de arriba». El hambre y el dinero son los que matan a la escena emergente.

Cuando escucho a una persona rajar, me gusta también indagar acerca de sus fobias. No os creáis que esta vez ha sido diferente, porque Ismael es de puta madre, pero sigue siendo tan humano como tú y como yo. Frente al espejo, recitó: «Yo también siento envidia, pero es sana, no deseo ningún mal. Yo le tengo envidia a Carolina Durante». Explicando sus razones, añadió que «Tocamos para que nos escuchen, esa es la motivación de todos los grupos». En controlar la vanidad está el quid de la cuestión. Ahora, que no está Ismael delante, os pregunto a todos vosotros: cuando no te escuchan a ti, pero sí a otros, ¿cómo puede ser culpa de esos otros?

Giras, sellos, bandas que cambian según la moda, los proyectos–karaoke de estética Paint, el trap, la dictadura de las redes sociales, el éxito… Todo esto tendrá que esperar. Me prometí que la publicación no iba a superar –por mucho– las mil palabras. Como ya os he mentido una vez, no quiero volver a decepcionaros.

La tarde caía en la comarca de Los Montes y al otro lado de la puerta resonaban las sutiles notas Mariano y la golpiza de Jorge, quienes, sin saberlo, estaban haciendo lo mismo que Ismael a apenas unos metros de distancia. A falta de Angelina, que se incorporó a última hora, los del Ejército Rojo calentaban para rugir en una gira que sé que va a ser inolvidable. ¡Apunten, fuego!

Continuará . . .

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