La caótica tranquilidad de Kelley Stoltz

Kelley Stoltz es el más inglés de los compositores estadounidenses, un autor cuya inabarcable obra gira en torno a ese difuso universo llamado pop.
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Kelley Stoltz es uno de esos talentosos músicos que ha pasado a engrosar la engorrosa categoría de artista culto. No hay que culpar al empedrado de esta triste realidad, porque Stoltz ha puesto de su parte. Opacado por músicos más actuales, más modernos y más inmediatos, el de San Francisco lleva más de dos décadas predicando en terreno árido: nunca estuvo de moda apoyarse en los clásicos más reconocidos. Entre esos viejos proyectos que inspiran a Kelley Stoltz están Beatles, Beach Boys y The Kinks, influencias confesas que a veces se ven con claridad y... otras no.

Mi mayor desacuerdo con el poco reconocimiento de Stoltz –no pido una estatua, pero sí sacarlo más de los Estados Unidos– es que, por mucho oído sordo que se le haga, no dejamos de estar ante un autor con perfil propio. Sí, bueno, The Beatles están en todas partes, ¡qué no hicieron! Y como buen ciudadano de California con tendencias psicodélicas, The Beach Boys tienen que estar ahí también, al fin y al cabo, son el reverso (o anverso, según se mire) americano de los de Liverpool. Lo de The Kinks me pilla algo más a contrapié, aunque intuyo que tiene algo que ver con la acidez que tienen muchas de sus letras, el señor Stoltz es un ascendido que maneja el lenguaje con soltura. De igual modo, negar la existencia de los hermanos Davies en "My Friend" es como decir que el agua no hidrata.

Se manejan otras referencias para situar a Kelley Stoltz, pero dado que proceden de la Wikipedia, no me fío del todo de ellas, al menos para localizar a su protagonista en la actualidad. Los músicos tienen derecho a madurar y a no quedarse varados junto a bandas y artistas de ensueño como The Velvet Underground, Nick Drake y Leonard Cohen. Estas comparaciones son potentes, evocan un pasado mejor, sin embargo, no se ajustan del todo a la manera en la que suena el Stoltz de hoy. Quizás a quien más se acerque nuestro protagonista sea al malogrado Drake, cuyo apellido encajaría en el titular de este artículo, pero como digo, estamos ante dos especies distintas.

El estadounidense ha sufrido y disfrutado de la evolución de la música y su estilo es otro, más caótico si cabe que el de los tres nombres que protagonizan el anterior párrafo. En ese sentido, hay una cierta cercanía con otra influencia que, real o no, está ahí: la ELO. En mi fuero interno creo que este es el hecho que más lo aleja de la élite, el de tener elementos progresivos y orquestales, muy beatlescos, sí, pero por la vía de Jeff Lynne (¿tendrá algo que ver con esto su tema "Birmingham Eccentric"?). Este retrato que estoy haciendo, que se basa sobre todo en sus últimos trabajos (Que Aura de 2017, Natural Causes de 2018 y My Regime de 2019), tiene pinceladas de este soniquete tan alabado como vilipendiado, vamos a ello.

Basta con escuchar canciones como "Uh Oh" de su último disco para que la relación salga sola. Esa sencillez bluesera (sin ser un blues), bien orquestada y con ritmo, tiene el sello de la mítica banda británica. También posee ese aire "Perfect Stranger", aunque aquí sí que hay que viajar a Liverpool, es imposible hacer el viaje directo a la segunda ciudad de Inglaterra sin remontar el Mersey. La relación se repite también en Que Aura, su LP de 2017. El disco arranca con la genial "I'm Here For Now", que incluso imita los coros de la ELO, y cierra con la discotequera "Empty Kicks", que también podría llevar la setentera firma de Lynne.

Hay más, mucho más sin necesidad de salir de viajar demasiado en el tiempo. En "Tranquilo", suenan The Modern Lovers mezclados con el Syd Barrett más sereno; y en "Feather Falling" el britpop más fino resucita con inusitada fuerza, como si Pulp siguieran en perfecto estado de revista. En su siguiente trabajo, Natural Causes, fue capaz de integrar mejor todo aquello que había nacido en su predecesor. Los sintes y los ritmos disco suenan más suaves, perfectamente mezclados con el sonido clásico del músico. Menos experimental y probablemente más plano, es un caramelo que degustarán alegremente los fans de Echo & the Bunnymen, otra banda a la que Stoltz rinde homenaje con sus creaciones.

La guinda de su trayectoria en los 2010 la pone My Regime, un LP en el que recupera el brío y en donde su particular caos se hace del todo con la escena. Brillante y melancólico, el último disco de Kelley Stoltz es una perla. Con doce canciones progresivas a la par que rabiosamente poperas, el artista demuestra lo cambiante que puede llegar a ser la música, incluso dentro de un mismo álbum. My Regime es un subibaja de cuarenta y dos minutos que varía con el paso de las escuchas. Este espíritu queda plasmado en el último corte, cuyo título lo dice todo mientras deja la puerta abierta: "Things Go Bump".

Kelley Stoltz es el artista de las mil caras, el músico que ha pasado por casi todos los estados para acabar siendo él mismo, que al final es lo que deja impronta. Más famoso o más desconocido, en la cresta de la ola o retomando fuerzas para volver a ella, el más inglés de los compositores estadounidenses es una figura a reivindicar, un artesano del pop que nunca talla dos canciones iguales. Su última visita a España debió suspenderse por motivos personales, esperemos que su suerte y la nuestra cambie y que nos podamos cruzar con él en el futuro, aunque no sepamos con qué sonido emergerá en su próxima obra. Con él podemos estar tranquilos dentro del caos.

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