¿Qué odia un «conciertero»?
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Gritan, empujan, gruñen, insultan… Asistir a un concierto puede resultar algo extremadamente sofocante según los personajes con los que te cruces.

Como buenos melómanos, sabemos bien que uno de los grandes placeres de la vida es asistir a conciertos: festivales playeros, el fin de gira de tu grupo favorito o el bolo de una orquesta en la fiesta mayor de tu pueblo, todo nos sirve con tal de escuchar música en directo. Ahora bien, no todo en esta vida son flors i violes, como decimos por aquí, y es que ese conciertazo que llevas meses esperando y por el que habrás pagado un dineral se puede acabar convirtiendo en tu peor pesadilla según las compañías que te rodeen, por eso te traemos una lista de especímenes a los que evitar al lado, por ti y por ellos, a ver si con algo de suerte se dan por aludidos.

  • Fumadores encerrados
    ¿Ley antitabaco? ¿Qué es eso? La nicotina les tiene tan absorbidos que se les olvida que está prohibido fumar en recintos cerrados. Les da igual que seguridad les llame la atención, que el de al lado se tenga que tragar su humo o que quemen con la colilla al de delante, ellos marcan sus propias reglas, y si te quejas, te ofrecen un pitillo, que dicen que relaja.
  • Chillones
    De este ejemplar hay variedades, aunque los que más nos llaman la atención son dos. En primer lugar, el típico o típica que grita mientras el cantante está hablando, chillidos variados entre los que se llevan la palma las alabanzas -mi preferida: «¡Quiero un hijo tuyo!»; los sinsentido «¡Uuuuuuuhh!» de emoción -tanta, que prefiere chillar a escuchar lo que el músico dice-; y, sorprendentemente, insultos. Dejando atrás el «¡Sácate una teta!» y demás vituperios que he tenido que aguantar como público, avergonzada, en las primeras filas de varios conciertos, vayamos con el segundo ejemplar del chillón conciertero: el amigo. De hecho, más que amigo, yo lo consideraría un enemigo, y de los buenos, porque el sufrimiento al que nos condenan no es propio de un buen compañero de vida. Ese amigo que está a tu lado y te canta gritando la canción al oído, y piensas: por favor, ¡entona, al menos! Años de espera para ese concierto y de repente llega el chasco: no escuchas nada porque tu colega cree estar en un karaoke y ha confundido el micro con tu oreja.
  • Grada enfurecida
    Imaginemos un concierto en un recinto sin pista, un teatro o un espacio similar en el que vas a pasar dos horas admirando a tu grupo favorito, ese grupo que llevas esperando meses ver en directo, y justo cuando cantan tu canción favorita, la que te hace saltar -literalmente- del asiento, llorar y moverte como si no hubiera mañana… sorpresa: los de detrás quejándose de que no ven. Digo yo que si en el recinto no había la opción de pista y he pagado mi entrada igual de el de detrás, tengo derecho a levantarme y bailar, no me diga que me siente.
  • Colones
    Dícese de aquellas personas maravillosas que llegan las últimas y pretenden posicionarse en las primeras filas de los conciertos gracias a sus dotes dando empujones. Otra variedad del colón por excelencia es también aquella que se encuentra en el momento de la cola, esa hilera ordenada de gente a la que se van añadiendo individuos de forma ordenada según su hora de llegada. Repito y remarco “ordenada” por si hay algún colón o colona leyendo esto y no les ha quedado claro el concepto de orden, intrínseco, por cierto, al de respeto. Esta variedad del colón se te acerca haciéndose el loco una hora antes de que abran las puertas del recinto y se te pone justo al lado en la fila, pensando que tú, que llevas ahí sentada esperando desde las ocho de la mañana, no le vas a decir nada y vas a obviar que hay una cola estupenda formada por miles de personas a la que se van sumar, y por detrás. O eso, o te lías a guantazos sin miramientos.
  • Nomófobos
    Los adictos al móvil, hablando claro. Si a muchos les sulfura esa gente que no deja de grabar, mucho peor son los que no pueden dejar de mirar WhatsApp durante dos horas, y no precisamente para enviar notas de voz del concierto a los amigos. De hecho, los que graban hasta te dan una alegría cuando suben esos vídeos a Youtube y revives ese momento del concierto que tanto te gustó, o te trasladas a ese evento al que no pudiste ir gracias a ese alguien que lo grabó absolutamente todo para que no solo unos privilegiados pudieran disfrutar lo que estaba viviendo, pero el que no deja el Whatsapp no tiene perdón. Y digo yo, ¿para qué vas? ¿Para qué ocupas un puesto en primera fila tú, que no levantas la cabeza ni un instante, y que llevas una hora y media hablando por Whatsapp? ¿Eh?
  • Irrespetuosos
    Desde los que te pisan, empujan y queman con las colillas hasta los que te tiran toda la cerveza encima. No me apetece ir a un concierto en impermeable y botas de agua, gracias.
  • El fenómeno teenager
    Aunque no lo recoge la RAE, me parece que para esto tampoco hace falta mucha descripción: gritan, empujan y se les escucha más a ellas que al cantante. Luego, vuelven a gritar.

A pesar de todo esto, nunca dejemos de asistir a conciertos. La música es vida, y al fin y al cabo, que te echen la bebida encima, se te cuelen y te chillen al oído, también tiene su morbo.

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