Operación Ñordo 2017. Perdón, Operación Triunfo 2017
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Aviso a navegantes. Voy a cebarme mucho con esta crítica de Operación Triunfo 2017. Lo hago por indignación, coherencia y porque quiero. Si esperas algo políticamente correcto, no leas esto. Avisado estás.

La televisión pública española se ha convertido en un desierto cultural que solo expande mediocridad a su paso. Ni los informativos, ni los programas, ni los concursos (quizás solo Masterchef pueda ser medio aceptable) ni las series, ni nada de nada. Solo salvo de la quema la mejor serie española actual (El Ministerio del Tiempo, y que la han maltratado, cambiándola de emisión varias veces).

El lunes pasado esperaba ansioso mi ración del Ministerio del Tiempo y me encuentro que la han pasado al miércoles sin previo aviso. No doy crédito al ver que la han sustituido por esta enorme hez fecal televisiva llamada Operación Triunfo 2017.

Para ser honesto, debo decir que, al igual que una gran mayoría de personas, me tragué la primera edición de ese programa sin rechistar (al igual que la primera y segunda edición de Gran Hermano), pero es que… A ver… De eso hace ya casi veinte años señores, veinte años. (dieciséis para ser exactos).

Es posible que los directivos del ente público hayan tenido una agria intoxicación (puede ser por alcohol, anfetaminas, cocaína, heroína u otras sustancias ilegales, no lo sé) y eso también me pasó a mí cuando vi semejante ñordo. Tuve la desgracia de ver este programa, me sentó mal y tengo que vomitar porque así me encontraré mejor.

Lo primero y más peligroso es el concepto de programa en sí, que consiste en fabricar un artista, explotarlo para olvidarle poco después, convirtiendo a ese pobre desgraciado/a en un juguete roto (en su mayoría porque alguno ha conseguido triunfar).

El segundo concepto, también peligroso, consiste en obligar al supuesto artista a cantar canciones que nada tienen que ver con su estilo. Los jueces (por llamarlos de alguna manera) se limitan a criticar, herir (así consiguen más audiencia) y decir que un artista debe ser multidisciplinario. Y una mierda, señores. ¿Os imagináis a Diego el Cigala cantando black metal o Marilyn Manson una copla? No, porque el arte debe ser espontáneo y sincero. Es como si a un escritor de novela negra le obligas a escribir un libro rosa o un western. Una cosa es que lo haga porque le apetezca y otra muy diferente es meterle con calzador eso.

El tercer concepto es el programa en sí. Operación triunfo 2017 tiene una realización cañí, un presentador que parecía tener un palo en el culo (hasta se lo dijo con cierta suavidad, la Rosa de España), sin ritmo ni presencia en redes sociales y regresando a unos orines (perdón, me ha perdido el subconsciente), orígenes que no hacía falta recuperar de nuevo.

Y en cuarto lugar, la colección de gallos, fallos de sonido, abrazos falsos de algunos concursantes a otros a los que el jurado puso a caldo (he visto actores porno con más capacidad dramática que estos chavales) y estereotipos de concursantes, todos guapos, hermosos y, probablemente, pobres ingenuos que van a creer que se comerán el mundo sin saber que será el mundo el que los devore.

Prefiero ver defecar a mi perro que contemplar semejante estupidez.

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Iván Albarracín

Nací en la ciudad de Barcelona hace ya unos cuantos años. Desde pequeño sentía que la imaginación viajaba por lugares que mi cuerpo jamás podría alcanzar. Me aburría tanto con lo convencional que necesitaba una válvula de escape, visitando mundos de ensueño y pesadilla, donde el bien y el mal juegan al poker sin tener las cartas marcadas... Podría haber jugado a fútbol, presentarme a un reality show o acostarme con alguna famosilla pero elegí la opción más jodida: me puse a escribir. Intoxicado por cientos de horas de exposición a la literatura, cine y aquellos míticos videojuegos de los 90, todo lo que ha vomitado mi cerebro es su hijo bastardo y febril. La novela "La canción de cuna" fue la primera que vio la luz (autoeditada en bubok.com). Poco después le siguieron "El Universo dormido" y sus secuelas "Las cicatrices del diablo" y "La luz oscura". Mi alter ego Torcuato Campany se encarga del humor absurdo y bestia... En definitiva, solo dejaré de escribir cuando ya no respire...
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