Gustavo Cerati Querido

He de confesar que nunca sentí una gran atracción por tu música, hasta que fue demasiado tarde o mejor dicho, hasta que llegó el momento menos esperado.

Tu partida me tomó por sorpresa a temprana hora de la noche. No pude decir nada, no lo creí. Después llegó el silencio interno que se rompió con lágrimas disimuladas y fue entonces cuando tu voz tranquilizadora, como si se tratara de un coro celestial, me sostuvo. No pude compartir el dolor con nadie.

Miré hacia la ventana del bus y después al cielo, traté de hallar una respuesta ahí, de ver tu mirada o de encontrar tu silueta; no logré hacerlo, todo fue demasiado rápido. La sensación de impacto se convirtió en nostalgia, en recuerdos, en lamentos por haber llegado a este mundo en otro tiempo.

Marcaste mi vida, me hiciste viajar y explorar el Universo con tu tenacidad, sensibilidad y poesía. Me estremezco de emoción al identificar acordes, al saber que es tu rostro el que veo y que tus dulces ojos estarán con nosotros para siempre. Interpreto cualquier signo como una prueba de ello. Compartimos puentes sonoros sin importar las distancias, sin importar los planos, sin importar que estés lejos.

Tras un año de tu partida mis ojos siguen húmedos y mi alma rota. El nudo en la garganta sigue molestando un poco. Me vi obligada a bajar la luz para escribirte en la comodidad de la oscuridad, aunque contigo eso sea prácticamente imposible, todo lo iluminas.

No encuentro las palabras correctas, ni como pasar al papel las imágenes en que nuestros caminos se encontraron por coincidencia en una tienda de discos o por las calles de la Roma, la primera vez que vi tu mirada, tu sonrisa tierna.

No sé nada de vos, dejaste tanto en mí…

Recuerdo cuando fingía que no me gustaba Soda solo para fastidiar a papá, aunque en el fondo repetía las letras, tus movimientos y los estrepitosos sonidos de una música ligera.

Sin saberlo, me diste esperanza cuando ya no la había, me mantuviste cuerda cuando estuve a punto de perderme en un mundo de preocupaciones, diseñaste lugares increíbles en mi mente, me invitaste a volar y tu voz sigue dándome alas.

Me es difícil imaginar un mundo sin ti, creer que los meses han pasado, que hoy el mundo se despierta diciendo “Un año sin Gustavo”.

Todavía creo de que despertarás y regresarás a los escenarios para que por fin pueda ser testigo de cómo te reinventas ante una multitud que clama tu nombre, que ríe, grita y llora junto a ti. Todavía no estoy preparada para aceptar que eso no pasará.

No puedo llorar aunque en el fondo me esté desgarrando, me sigues haciendo falta. La Tierra siente tu ausencia, y a pesar de que siempre me ha costado, esta vez hablaré de mí, de lo que siento y de lo sorprendente que es que una persona, con la que jamás tuviste un encuentro físico, deje una huella tan grande y una tristeza tan inmensa con su partida.

No puedo pedirte nada que no hayas dado, ni decir nada con respecto a tu talento que no se haya dicho antes. Para muchos, mi reacción quizá sea exagerada o fingida, tal vez sea como esas personas que dicen llorarte, ignoro cuál sea mi caso y siendo sincera, no me importa. En tu nombre tu ausencia causa en mí el mismo impacto que el día en que te conocí.

Descubrí un susurro en una de tus canciones, una palabra que se esconde “lejos”, y en medio del dolor, las lágrimas y la conmoción, entiendo que el amor, la vida y el misterio consisten en eso; en llegar lejos, lejos y alto, cada vez más alto, más cerca del Universo, de Dios, de la vida, y a partir de ahora, de ti.

Gracias por haber venido, por crear y por partir. Por transformarme y dejar tu legado en mi existencia para que yo, al igual que miles de personas que te extrañan, haga lo propio y te transmitan a nuevas generaciones para las que significarás una leyenda.

A todas aquellas almas nuevas que pedirán una historia, que llorarán de felicidad tristeza y felicidad, que amarán con pasión e intensidad, que se equivocarán y que encontrarán en ti un consuelo.

Suerte en este viaje, Gustavo. Nos encontraremos en la próxima parada y realizaremos juntos la partida. Afortunada o lamentablemente, como siempre me sucede, conozco más de ti y de tu música ahora que te has ido.

Con nostalgia, una lágrima recorrerá mi rostro cada vez que te escuche porque serás luz y fuerza, mucha fuerza. Polvo cósmico que me acompañará en el resto del camino, que prevalecerá al final, pues tu recuerdo ya es inmortal.

Te vas pero no te pierdes, no te desvaneces ni desapareces en el olvido, siempre estarás con nosotros y conmigo, siempre existirás. No tengo palabras para la despedida porque aún no ha llegado del todo y presiento que no lo hará. Estarás navegando por la eternidad en nuestras mentes, en nuestros corazones y en nuestras vidas.

Fuerza Gustavo, chao Gustavo, hasta siempre, Cerati.

Texto por Jessica Campos

 

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