En el amor y en la guerra, Los Nastys siempre en mi equipo

En el amor y en la guerra, Los Nastys siempre en mi equipo
En el amor y en la guerra, Los Nastys siempre en mi equipo
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Cuando uno de mis grupos de cabecera saca nuevo disco siempre siento cierto nerviosismo por el «cómo será», sin embargo, Los Nastys son garantía de éxito. Música para el Amor y la Guerra es otro perfecto retrato del mundo en el que vivimos.

¿Nos tomamos lo suficientemente en serio a Los Nastys? Me temo que no, aunque la presencia del cuarteto con base de operaciones en Madrid en diferentes carteles va creciendo. Los Nastys son los mejores exponentes de la hornada garajera salida de la capital de España, unos tipos que sin perder descaro y frescura son capaces de hacer de lo complejo algo sencillo.

Música para el Amor y la Guerra es un compendio de canciones que tienen como punto en común diferentes aventuras y desventuras vitales, que acertadamente, han sido englobadas dentro del concepto de amor y guerra. En realidad no estamos ante definiciones diferentes, la vida puede ser muy puta y doler mucho, pero a la vez es la única razón de ser. Eso es la guerra y eso es el amor.

Los Nastys, a través de su impoluto concepto, ya han ganado la primera batalla por incomparecencia del rival, si es que tienen rival. La segunda llega con su sonido avasallador, en el que cada vez encontramos más caramelitos con los que deleitarnos. Lejos queda ya la –necesaria– época de la sencillez del “Jägermeister”, ahora la actitud punk tiene desarrollos surferos, psicodélicos y stoner, componiendo una amalgama pegajosa que no podrás quitarte de la cabeza.

Canciones para el Amor y la Guerra abre con la pesada “El Diablo“, donde la distorsión desgobierna a su antojo, y ya empiezan a dibujarse las primeras estrofas coreables. Tras ella, a toda pastilla, aparece “Bla Bla Bla“, el primer pildorazo, el primer trallazo directo a tu memoria. El amor estalla en todo en su esplendor al ritmo del demoledor estribillo. Cuando todavía no has podido salir del bucle, emerge “Veneno de Serpiente“, cuyo característico riff solo puede ser de los putos Nastys. El veneno de serpiente se parece demasiado a una noche de borrachera… ¡Ponme dos!

Tu Me Haces” rebaja las revoluciones y se convierte en una de esas baladitas rockeras que encajan perfectamente con la temática del álbum. Los tiempos, lejos de acelerarse, parecen sumergidos en una bañera. “Los Autos Locos“, de marcado tono sesentero, con su victorioso discurso a mitad de canción, demuestra que el crecimiento de Los Nastys ha sido exponencial. ¡Y qué decir del psicodelico y apacible final!

Pero no nos engañemos, de estos tipos queremos, sobre todo, caña. “Bebé Gigante” viene con una barra de pan, bien harinada, bajo el brazo. Letras punzantes, surrealistas, dignas de Trainspotting, nos elevan hasta el puto techo, donde nuestra pupila ya está clavada desde hace rato. De repente aparece “Quiero Ser Otro“, que parece una canción de cierre, pero no te equivoques, aún queda un rato. El tono, triste, de perdedor, vuelve a servir de contrapeso para equilibrar el LP. Ah, y el estribillo vuelve a pedir que te dejes la garganta en él.

Menos mal que Música para el Amor y la Guerra no acaba, porque “Malditos Al Nacer” trae a unos Nastys maduros, duros y desquiciados. La crítica social, de una forma u otra, siempre sale a la superficie cuando estos tipos atrapan un micro, y en esta ocasión la rabia también sale de la batería y de la guitarra, que echan humo desde el primer momento. El punk vive, la lucha sigue.

Ahora sí, parece que el final está cercano, al igual que el verano. “Así Se Va” es una canción estival, de playa, con unos coros que enriquecen y embellecen. Para ponerle final, otro corte con el clásico sonido de la banda: “Es Tiempo De Cambiar“. Otra vez vuelven Los Nastys más cañeros, tal y como se intuye desde la épica introducción. La temática, otra vez oscura e introspectiva, se va desarrollando, progresivamente, hasta que la sangre termina por cubrir las estrellas.

Los Nastys, en apariencia, tan desquiciados como siempre, han logrado superar el síndrome del segundo disco con una facilidad pasmosa. El sonido, que engloba sonidos que van desde los sesenta hasta los noventa, se entremezcla con unas letras de rabiosa actualidad, comprensibles para cualquier joven con algo de conciencia de sí mismo. Una vez más, Los Nastys han vuelto a crear un álbum generacional y quién sabe si algo más, porque Música para el Amor y la Guerra es tan grande que amenaza con ser eterno, justo como el amor y la guerra.


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