Muse quiere que abras los ojos con sus ‘Drones’


Apenas llegué a ver a los teloneros, De Staat, pero sonaban contundentes, aunque algo pequeños en el descomunal escenario que nos tenían preparados Muse. Entre el aperitivo y el plato principal las luces permanecieron encendidas durante media hora, aproximadamente, y pudimos apreciar la grandilocuencia del escenario, en paralelo con la del grupo, claro. El imponente escenario rotador poseía también dos brazos por los cuales Matt y Chris se movían con una bien aprendida coreografía diseñada para el disfrute del público y el derroche artístico de la banda. A eso de las 21.20 las luces se apagaban, comenzando el espectáculo.


Desde hace años, Muse, son una de mis bandas favoritas y puedo hablar alto de mi admiración por esta banda que ha decidido tomarse en serio y con profesionalidad su trabajo, sin dar escándalos, con sus vidas privadas alejadas de las primeras líneas de las publicaciones y programas amarillistas. En definitiva, la apuesta sincera por el talento y las ganas, por encima de la extravagancia y la mediocridad disfrazada de excesos y falsa autoconfianza.

No se si referirme a lo que Muse hicieron en el Barclaycard Center como espectáculo puesto que, de manera premeditada, desprendía un aura ceremonial. Unos globos gigantes con drones invadían el techo mientras la musicalidad casi gregoriana de ‘Drones’ convertían el concierto en un evento casi religioso, invitando a adentrarse en la particular imaginería de Muse. El sargento enérgico de ‘Psycho’ increpaba a los asistentes, configurándose como el perfecto inicio para algo que pretende ir más allá del deleite musical, persiguiendo despertar nuestra mente. Mucho han aprendido estos chicos de otros artistas, como por ejemplo Madonna, que incluyen vídeos subversivos con contenido de denuncia social en sus conciertos.

Matt lleva el “me comunico con mis fans a través de la música” a un nivel superior y, sin mediar palabra, se dirigió a nosotros con golpes de guitarra, consiguiendolo, dada la respuesta. ‘Plug in baby’ recuperaba sus discos anteriores, aunque no tardaron en volver al disco que da nombre al tour con ‘Dead inside’, y un delicioso cambio de guitarra que me produjo sensación de sinestesia. ‘The 2nd Law (Isolated system)’ nos dejó unos momentos para disfrutar de esos audiovisuales que recrean físicamente todas esas obsesiones de la banda: las distopias tecnológicas y conspiranoias sobre control mental y extraterrestres redentores.

‘The handler’ fue presentada con la proyección de una mano gigante que mueve una marioneta con hilos, en este caso las marionetas eran los miembros de la banda. ‘Supermassive black hole’ (a la que le añadieron la intro de ‘Vodoo child’, de Jimmy Hendrix) una de sus canciones más sexies, sonó contundente y sensual. Un pasaje instrumental al piano dió paso a ‘Starlight’ perfectamente encadenada con ‘Apocalypse please’ nos recordaba que era “… the end of the world…”.

Chris y Dom iniciaban ‘Munich Jam’, dando paso a ‘Madness’, en donde Chris aparece tocando ese espectacular híbrido entre bajo y sintetizador, con el atronador final en la voz aguda de Matt que, si no lo había hecho antes, te provoca piel de gallina. ‘Map of the problematique’ dio paso a ‘JFK’ mientras la letra del discurso de Kennedy de 1961 (“The President and the press”) se proyectaba en la pantalla, pasando a un interludio con imagenes de líderes mundiales, utilizando un tono desolador. Todo esto expotaba con ‘Hysteria’ como catarsis de la situación (me siento afortunada puesto que es una de mis canciones favoritas y en el concierto del día siguiente no la incluyeron en el repertorio). La idea del levantamiento contra el poder establecido continuó con ‘Time is running out’, culminando con ‘Uprising’.

Un silbido, claramente inspirado en algunas composiciones de Ennio Morricone para los spaguetti western, anuncia la llegada de ‘The globalist’ mientras en la pantalla se proyecta una ciudad que, tras las llamas, recibe la visita de un andrógino ser redentor. Tras dejarnos con una sensación de destrucción con este tema ‘Drones’ vuelven a sonar, ligeramente retocado, como colofón de este rato espiritual, etéreo, casi religioso, que hemos vivido.

Pero Muse quisieron seguir un poco más. ‘Take a bow’ y su acusación directa no nos ayudaron mucho a salir de ese letargo de intensidad emocional en que nos habían introducido. Con ‘Mercy’ nos pedían ayuda hasta concluir, definitivamente, con ese canto al levantamiento humanitario y hermananado que es ‘Knights of Cydonia’, convertida en fin habitual de sus conciertos y emblema de toda su ideología (si es que una banda musica puede tener de eso) de insurrección contra la injusticia y la opresión.

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