Mi Capitán enamoran en Madrid


Esto de la música va, como ha ido siempre, de tener buenas canciones, de tener actitud (sea la que sea, por dios, una actitud) y de tocar lo mejor posible. Mi Capitán demostraron en Sala Penélope que tienen mucho de las tres cosas y sobrados argumentos para cimentar una carrera larga y jugosa


mi capitan

Hoy iniciamos una sección de la que no sabremos si habrá continuidad, aún así, la iniciamos. Nuestro amigo Aarón Saez (Varry Brava, Duo orquesta Regalizes…etc) nos cede unas líneas sobre sus impresiones del concierto que Mi Capitán dieron en Madrid, aquí os las dejamos:

No me van las adulaciones tontas, y me cuesta que me guste una banda en poco tiempo, pero si uno arranca en youtube y se pone de entrada “Es suave la voz”, se rinde y punto.

Pero vamos al directo que es de lo que se trata. Ante una audiencia notable teniendo en cuenta la corta carrera del proyecto, y en la que se podía ver a multitud de músicos entre el público miraras donde miraras, Mi Capitán desgranó su primer LP Drenad el Sena con la solvencia que se le supone a una lista de músicos de primera división tan importante que asusta.

Y es que ver a Falkner cual papá oso aporreando la batería, o a Julian lucirse a la guitarra en primera fila de la formación bien valen por si solo el precio de una entrada. Buen gusto y calidad a raudales. Muchas guitarras y mucha intensidad, a veces tapando un poco la voz de Gonçal, y yo, que soy de letras, la eché un poquito en falta en algunos momentos. Pero el rock es así, como lo propone Mi Capitán, rudo, directo, bien ejecutado y con buenas letras y melodías. Sin dejar indiferente, de frente y al estómago. Todo un ejercicio de fuerza que encauza y explota de manera impecable en la figura de Gonçal Planas. Para mí, la enorme sorpresa de la noche.

Un frontman debe tener carácter, carisma y algo que contar. Gonçal, además, tiene una especie de halo de ternura que se va desgarrando poco a poco durante el show hasta terminar sacando a la luz una fiera rock que seduce y arrastra. La primera sensación de que quieres acercarte a acariciarlo e invitarlo a un café, que es una cosita tierna y cercana, que es como tu primo con el que te vas de cervezas y charlas de fútbol, va mutando y transformándose llevada por la electricidad de las canciones como si su propio sudor lo mojara y lo fuera convirtiendo en un gremlin malo conforme avanza el setlist, conforme su camisa pierde botones, y las gafas se le escurren hacia la punta de la nariz. Tiene Gonçal la mezcla perfecta de candidez y mala baba que creo, define las canciones de Mi Capitán de manera milimétrica.

Me venció y me enamoró el señor Planas.

Y así ya todo es más fácil y va rodado, uno se descubre ante una banda que toca como si no hubiera nadie abajo, como si estuvieran en el local de ensayo o en el salón de casa, que disfruta cada una de las letras y melodías que interpreta, una banda de la que aprender que con ser bueno con tu instrumento solamente con basta, hay que saber tocar, y disfrutar, y a los chicos de Mi Capitán se les escapa la sonrisa del que está jugando una pachanga con los amigos y hace un buen gol, en cada una de las canciones que tocan.

Luego, por hablar de repertorio y esas cosas que se hacen (y no me gustan) en las crónicas, solo decir que arrancaron el bis con “Alta Suciedad” de Don Andrés Calamaro, una versión para que, una vez más, se lo pasaran pipa y nos hicieran pasar un buen rato coreando.

Así que, y retomando el inicio, ya sabéis: buenas canciones, conseguido; enorme directo, conseguido; actitud ganadora, conseguido. Larga vida a Mi Capitán, y que los buenos músicos con buenas ideas sigan juntándose y acertando por los siglos de los siglos.

 Texto: Aarón Saez

 

 

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