Meridianocero Festival 2018: un sereno bajo el aguacero

Meridianocero Festival 2018: un sereno bajo el aguacero
Meridianocero Festival 2018: un sereno bajo el aguacero
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Los augurios se hicieron realidad, Meridianocero se ha confirmado como una de las grandes propuestas musicales de Andalucía, y desde luego, como el mejor festival gratuito al que he asistido.

Con un cartel lleno de aristas y artistas, el Meridianocero Festival 2018 se mostró impecable e implacable con una propuesta apta para todos los públicos, incluido el perruno (quizás por eso anduvieron por allí El Imperio del Perro y Perro). Pese al inicio dubitativo –por la ausencia aún a esas horas de una gran masa de público–, al final del Imperio ya se intuía que iba a ser una gran tarde. Los sevillanos, con su porte británico y su rabia sureña, dejaron claro que son presente y futuro de la escena española. Tras ellos, en el escenario pequeño, apareció esa especie de súper grupo, en versión humilde –clase obrera trabajadora– que se llama Nadie Canta, un nombre falso, un pseudónimo que esconde mucha chicha. Su cabeza visible expuso los problemas de la vida moderna a través de letras surrealistas, eso sí, sin dejar de lado la distorsión, ni el toque bailable de los sintes. Pocos proyectos más ilusionantes que este debe haber en Granada, que ya es decir.

Tras el clásico parón de marras, sobre el escenario principal se desplegaron The Magic Mor. Me gusta pensar en ellos como en esa semilla que plantas y que poco a poco va creciendo. Su música cada vez es más completa, sus influencias son cada vez más extensas y su desempeño en directo cada vez más animado. Nadie dijo que la psicodelia fuese fácil, pero ellos no solo contradicen esa idea, sino que además demuestran tener mucha hambre. El contrapunto a la parte central de la tarde lo pusieron The Parrots, bien aliñados de Nastys en el escenario Bosque. Los madrileños siguen exprimiendo su infalible fórmula, consistente en explorar las raíces del rock y en darles una buena dosis de distorsión gamberra. El saber hacer y la actitud hicieron el resto: la peña acabó volando por los aires.

El principal encuentro en la tercera fase lo protagonizó Perro, banda que me temo que no era lo suficientemente conocida por los asistentes, pero que conquistó la Padrera. A sus viejos hits se han unido los de Trópico Lumpen, ¿alguien da más? El carisma de los murcianos –ya, ya sé que suena a oxímoron– sobre las tablas no lo iguala ni Albert Rivera tras consumir Cola Cao. No serán tan guapos como Albert, pero a nivel gestual son clavados, ¡no paran de gesticular! El paso al mainstream del cuarteto se está consumando, y eso solo puede acabar bien. Cambiando de tercio totalmente, en el Bosque, los Detergente Líquido, amenazados por las oscuras nubes que empezaban a encapotar el cielo isleño, dieron una lección de pop. Sus historias corrientes no pueden estar contadas con más arte, ni con mayor redondez. A este paso acabarán yendo a Eurovisión más pronto que tarde.

Cerró la tarde –ya casi noche– el gentleman del indie español, el maestro del pop alternativo: Sr. Chinarro. Con su porte de actor de Acacias 38, pero vestido a la moda, el sevillano desplegó sus encantos en Cádiz: todo un valiente. Tan bien lo hizo, que la lluvia hizo acto de presencia, aunque él, profesional como el que más, aguantó hasta que lo echaron. Y fue una pena, porque Asunción estaba sonando bien, por no hablar de la magnífica banda de acompañamiento que llevaba.

En esas nos quedamos, bajo la lluvia, rezando para ver a Bronquio y entregarnos al cancaneo, elevando plegarias para morir en un pogo con Triángulo de Amor Bizarro. La fiesta, ya bajo techo, continuó hasta altas horas con Tali Carreto pinchando éxitos que invitaban a beber y a ser tertuliano de La Sexta Noche. Tali, desde el cariño y la admiración más sincera: tienes un gusto exquisito, pero ponme algo de música que no implique que deba moverme como el ex lateral derecho Álvaro Arbeloa.

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Lluvia, Ayuntamiento de San Fernando, Meridianocero: nos debéis una edición en 2019. Una que sea tan buena como esta –me cuesta creer que haya margen de mejora–, una en la que no me quede como un sereno bajo el aguacero.

José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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