Crítica de Novela negra: La ciudad y la Ciudad de China Miéville
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¿Novela negra? ¿Surrealismo? ¿Fantasía? Todo eso y más porque… China Miéville es un puto crack…

He de reconocer que soy algo conservador en mis lecturas. Que se le va a hacer, nadie es perfecto…

Un buen amigo me habló de este libro hace tiempo. Un servidor dio su brazo a torcer y adquirió este ejemplar en la Cylcon de Valladolid.

Ahora sé que el autor, China Miéville, es todo un referente en el país del Brexit y ha ganado unos cuantos premios de mucho prestigio (Locus, Hugo, Nebula, etc…).

Resumiendo, Miéville es uno de los autores más originales que he tenido el placer de leer en mucho tiempo.  

El poder descubrir a un escritor cuya existencia era desconocida para mí, es un gozo indescriptible. Eso te demuestra que NO está todo inventado. El talento, aunque esté escondido, sigue corriendo por el mundo. Quizás, los fenómenos mediáticos lo tapan, pero eso es otro tema…

Como fan de la novela negra, me sentí fascinado por su argumento. La historia arranca de forma convencional, con el cadáver de una chica encontrado a las afueras de una ciudad. Es una urbe diferente llamada Beszel que hace frontera con Ul Quoma, otra población con la que mantienen una extraña rivalidad.

Empieza la investigación y los cánones del género se van cumpliendo. Un rudo inspector de policía, un entorno decadente, cientos de sospechosos y una élite política con más peligro que Trump en un desfile del Klu Klux Klan.

Pero, poco a poco y de forma sutil, la rueda de los acontecimientos te arrastra sin darte cuenta. Lo “normal” dentro del género negro va evolucionando hacia la fantasía o al surrealismo. Aparece en escena una entidad fantasmal llamada La Brecha (y dan bastante miedo). Poco a poco nos familiarizamos con palabras como desver o desoír. Y así, esos conceptos extraños acaban siendo aceptando como si las hubieras escuchado toda la vida. Gran mérito del escritor por tener la habilidad de hacer verosímil lo inverosímil.

Es posible que otro autor se hubiera liado como un nudo marinero, pero Miéville no. Todo transcurre de forma clara, por muy extraño que puedan parecer los sucesos narrados y los conceptos son absorbidos sin problemas de ningún tipo.

La trama nunca abandona el género negro, aunque se adentra en terrenos kafkianos con una mordaz crítica a la burocracia y a las fronteras entre países. Beszel, Ul Quoma y la fantasmal Orciny (absolutamente fascinante) son tan reales como pudieran ser Barcelona, Madrid o Burgos y eso tiene un mérito tremendo.

Un crítico definió esta novela como un cruce de Chandler, Kafka y Philip K. Dick. Tiene razón y no la tiene al mismo tiempo porque si que es verdad que recuerda a estos tres autores, pero Miéville tiene estilo propio, el jodío

Vamos, un libraco que  recomiendo, pero ya… Así que por una vez no te tomes ese último cubata en la discoteca y destina ese dinero a este libro.

No te arrepentirás.

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Iván Albarracín

Nací en la ciudad de Barcelona hace ya unos cuantos años. Desde pequeño sentía que la imaginación viajaba por lugares que mi cuerpo jamás podría alcanzar. Me aburría tanto con lo convencional que necesitaba una válvula de escape, visitando mundos de ensueño y pesadilla, donde el bien y el mal juegan al poker sin tener las cartas marcadas... Podría haber jugado a fútbol, presentarme a un reality show o acostarme con alguna famosilla pero elegí la opción más jodida: me puse a escribir. Intoxicado por cientos de horas de exposición a la literatura, cine y aquellos míticos videojuegos de los 90, todo lo que ha vomitado mi cerebro es su hijo bastardo y febril. La novela "La canción de cuna" fue la primera que vio la luz (autoeditada en bubok.com). Poco después le siguieron "El Universo dormido" y sus secuelas "Las cicatrices del diablo" y "La luz oscura". Mi alter ego Torcuato Campany se encarga del humor absurdo y bestia... En definitiva, solo dejaré de escribir cuando ya no respire...
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