Combates literarios a garrotazo limpio: Baudelaire vs Rimbaud

Hace un tiempo -la verdad es que ni me acuerdo cuánto- me propuse ser el Don King de los combates literarios a garrotazo limpio -estilo goyesco, a la antigua usanza- entre diferentes diablillos, e incluso algún angelico -para ver cómo terminaba vapuleado, claro; la sorna cuenta mucho en este tipo de eventos, casi siempre de carácter filantrópico-.

Se me ocurrió, para empezar, juntar a Murakami Houellebecq, para que la cosa fuese de gentecilla contemporánea y no ser más papista que el Papa. La recaudación no entiende de ortodoxias ni hostias. Bueno, de hostias, sí, la verdad. Y cuanto más rotundas, secas e hirientes, mejor. Algo así como una pelea de gallos entre raperos. Cómo mola. Éxito asegurado de público y crítica. Siempre.Ese primer combate no tuvo mucha historia, y por lo tanto, no deseo que entre en esta saga (o lo que sea en que termine esto). L”enfant terrible no tuvo piedad del nipón corredor de fondo -sano, sanote-. De hecho, hay quien dice que Murakami sigue corriendo maratones por miedo a encontrarse con el bueno del francés. Cómo atiza el muy cabronazo.

Para esta segunda ocasión quería dos pesos pesados. Dos genios posrománticos. Dos animales de bellota del verso en forma de puño cerrado, certero, sublime. Casi indestructible. Dos monstruos del cuadrilátero maldito. Enseguida me llegaron propuestas de diferente índole, pero no acepté nada de lo que me venía. Fui yo a buscar directamente. Me arremangué y bajé al cenagal donde residen eternamente estos dos mitos franceses. Me costó mi buena pasta convencerlos -aparte de terminar comido de mierda-. Varias garrafas de absenta y mucha paciencia lisérgica. Pero al final fueron míos. Esta vez sí. Un combate a tumba abierta entre dos verdaderos diablillos. Una batalla con la que pasaría a la historia de los promotores de cualquier tipo de espectáculo. Y doy fe de que durante semanas así fue -así de efímera es la Historia en pleno siglo XXI-.

He aquí un pequeño ejemplo del inagotable intercambio de garrotazos. Un momento culmen del combate, en el que no escatimaron esfuerzos para recurrir al mismísimo averno, para reventarse a hostias, sin compasión. (Ah, al final, el combate fue declarado nulo porque ente Las flores del mal y La Orgía parisina, ambos, tras 12 asaltos, decidieron vía motu proprio declarar el Descontento general y se pusieron a repartir garrotazos entre el respetable y los muchachos de la prensa):

Combates literarios a garrotazo limpio: Baudelaire vs Rimbaud 1
Baudelaire, fotografía de Nadar.
[…]Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que das al perseguido esa orgullosa mirada
que en torno del cadalso condena a un pueblo entero.

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú,
que en el corazón de las putas enciendes el culto
por las llagas y el amor a las mortajas.

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Báculo de exiliados, lámpara de creadores,
confidente de ahorcados y de conspiradores[…]

(Letanías de Satán. Charles Baudelaire)

Combates literarios a garrotazo limpio: Baudelaire vs Rimbaud 2
Retrato de Arthur Rimbaud por Jean-Louis Forain, 1872

He bebido un enorme trago de veneno. ¡Bendito tres veces el consejo que ha llegado hasta mí! Me queman las entrañas. La violencia del veneno me retuerce los miembros, me vuelve deforme, me derriba. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Es el infierno, la pena eterna! ¡Ved cómo se alza el fuego! Ardo como es debido. ¡Anda, demonio![…]

(Noche del infierno. Arthur Rimbaud).

Ps: Ukelelianos/as, no podíamos dejar el post sin música; así que os dejo con Jim Morrison,  uno de los mayores representantes del perfil personal del poeta de Charleville. Jim siempre apostó fuerte por Rimbaud y no pudo evitar dirigirse a él directamente a través de este “Wild Child” de su disco The Soft Parade en 1969…  Y con “How Beautiful You Are“, canción que se extrae de la séptima producción de estudio de The Cure, la cual basada en el poema de Charles Baudelaire llamado The Eyes Of The PoorRobert Smith comentó que quedó fascinado al leer este poema, el cual le hizo reflexionar acerca del amor y las reacciones que puede producir en determinados seres humanos. Lo dicho. Tablas eternas.

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