Kaviar Special nos descubre la belleza del caos en Vortex

Kaviar Special nos descubre la belleza del caos en Vortex
Kaviar Special nos descubre la belleza del caos en Vortex
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Kaviar Special consiguen en Vortex honrar al garage rock, un estilo que de tanto manoseo, ha perdido el brillo en los últimos tiempos. Los de Rennes son, con tres discos a sus espaldas, unos maestros del género.

Descubrí a Kaviar Special gracias a #2, un LP que no dudé en reseñar, pero reconozco que los perdí de vista, salvo inyecciones momentáneas de esa maravilla llamada “Highway”. La desconexión ha durado hasta hoy, cuando –por fin– me inyecté Vortex en vena.

Vortex comienza haciendo honor a su nombre, con una rápida apertura titulada “Run Away”, uno de esos cortes que tienen categoría de single no oficial. Es una canción limpia para los cánones en los que se maneja Kaviar Special, que en esta ocasión, para no variar, hace un majestuoso uso de las guitarras: primer monumento, levantado. Sin embargo, es con la segunda canción con la que me he hecho adicto a este álbum. “How Come” es un trippy cargado de distorsión, una bala de LSD directa al cerebro. La progresión que sigue durante todo su minutaje, tan sencilla como épica, demuestra el talento de Kaviar Special para el garage. Los franceses son capaces de sembrar el caos sin renunciar a la belleza. “How Come” es una oda al amor salvaje. Tras ella, “Bursting At The Seams”, nos devuelve a cauces menos exuberantes, pero igualmente trepidantes. Y ojo, porque, aunque no tenga la grandeza de su predecesora, sus afilados riffs cortan el aire. Ya para “Dead End”, Kaviar Special se ha soltado lo suficiente como para demostrar su virtuosismo con una pieza casi progresiva, casi King Gizzard & the Lizard Wizard. Más distorsión, más ruido… más Vortex. Cerrando la primera parte, de repente, de manera inesperada, aparece “Back To School”, una canción que salta de la pesada atmósfera australiana a la ligereza del aire californiano, ese que respiran Allah-Las. Estos tipos son capaces de mutar así, de un momento a otro, pero sin perder personalidad por el camino.

La cara B comienza sin estridencias y con clase infinita. “Bedroom” es un corte precioso, un tema que entra como la seda tras “Back To School”. Con un bajo menos protagonista que en la quinta canción, este –esta vez sí– single se sustenta sobre las seis cuerdas, esas que según la vibración que produzcan, crean diferentes universos. Sin lugar a dudas, la explosión final debió provocar un baby boom cósmico al sonar por primera vez. Al contrario que en otros discos, aquí no hay cuesta abajo, como debe ser en un álbum de puto garage. “The Draugr” se ensucia, se enfanga, se pone hasta arriba de mierda, y desata la euforia. Porque esto es rock lo-fi sin complejos, esto es punk virtuoso.  A “Vortex” se le presume la grandeza de darle título al álbum, y sinceramente, la tiene. A nivel musical se coloca junto a “How Come” como canción conceptual, como pilar sobre el que construir una religión. Que sea instrumental da igual, no te vas a aburrir. Como dirían los viejos del lugar: «vas a quemar suela, hijo de puta». “Busted” regresa sobre “The Draugr”, despachando en menos de tres minutos, a todo trapo, los aires de grandeza de “Vortex”. Pero no hay que asustarse, con “Roadhouse”, Kaviar Special vuelven al terreno de lo –relativamente– complejo. Una intro casi infinita nos pone sobre aviso, una guitarra con el modo héroe activado confirma la alarma: esto es un hit. Cierra Vortex, “Scattered All Around”, una síntesis del caviar que sale de la mente de la banda. Un producto tóxico que te conduce por paisajes decadentes, pesados pero ligeros, y épicos. El estribillo, lleno de rabia, es, sin lugar a dudas, uno de los highlights del disco.

Kaviar Special son… especiales. Vortex es un disco que lleva claramente el sello de la banda bretona, pero que, al mismo tiempo, marca distancia con sus predecesores. Howlin Banana Records tiene un filón con ellos: este trabajo es más grande, es más redondo, es más afilado, es un jodido Vortex. Amigo, en términos garageros, no se conforme con menos.

José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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