Hasta siempre Standstill: una emocionante despedida en Apolo

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La música (del griego: μουσική [τέχνη] – mousikē [téchnē], “el arte de las musas”) es, según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos.

En esta definición se describe a la perfección lo que Standstill ha venido haciendo a lo largo de su carrera, desde sus inicios con el hardcoreThe Ionic Spell y Memories Collector, pasando por los enormes e inclasificables Standstill  y Vivalaguerra, hasta su etapa más experimental con Adelante Bonaparte y Dentro de la Luz.

Standstill se separan (sólo el tiempo dirá si es definitivo o no), y para despedirse, o mejor dicho, para despedirnos, fuimos al primero de los dos conciertos que Enric Montefusco, Piti Elvira, Ricky Falkner, Ricky Lavado y Victor Valiente daban en la barcelonesa sala Apolo.


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La noche del jueves tenía en el ambiente algo especial: esa extraña sensación de acudir a una cita a la que llevas tiempo esperando con ansia y una vez llega, querer detener el tiempo para no despedirte jamás.

Eso vino también a explicarnos Montefusco cuando, pasados unos minutos las 9 de la noche, saltaban al escenario de un Apolo lleno hasta la bandera que les recibía con una ovación más propia del final de un concierto: ahí el quinteto comprobó lo que se les venía encima esa noche. “Hoy es un día raro, uno de esos que no quieres que acabe… Vamos a cantar, bailar y… a pasarlo bien”, no le salían palabras para decir mucho más.

‘1, 2, 3, Sombra’ y salimos; ‘Poema nº3’ y el Apolo se viene arriba, brazos en alto, cantos y entrega del público: Montefusco y los suyos nos tenían ganados desde antes de subir al escenario, no hacía falta calentamiento.

Se iban sucediendo los temas de su etapa en castellano: ‘Tocar el Cielo’ de su último Dentro de la Luz (2013, Buena Suerte), ‘Moriréis todos los jóvenes’ mezclando el final con parte de ‘Hombre Araña’ del imprescindible Adelante Bonaparte (2010, Buena Suerte); aunque la locura se desataría con ‘¿Por Qué Me Llamas a Estas Horas?, del Vivalaguerra (Buena Suerte, 2006), disco que les encumbró en la escena independiente y que medios como MondoSonoro reconocerían como el mejor de la década. Montefusco preguntó si alguien cumplía años, sabíamos que acto seguido vendría ‘Feliz en tu Día’. Después, en la enorme ‘La Mirada de los 1000 metros’ vino el primer MOMENTO de la noche: (…) Hola, ¿qué tal? cuánto tiempo; Muy bien con el grupo y eso; Y un aplauso, ¿salimos o no, seguimos o no?  Y en ese silencio del tema estallan los aplausos en el público. Lágrimas en los ojos (otra vez)… Reanudan y todo el Apolo saltando y cantando con ellos. Otra ovación y hacían el amago de acabar la noche saliendo del escenario. Nada más lejos de la realidad.

Volvían a salir para rescatar su etapa hardcore, que quisieron dedicar a antiguos integrantes de la banda y al público que estaba ahí desde el principio. Personalmente no les conocía en ese momento, soy de los que se enganchó a partir del Standstill (2004, BCore), y pese a que había escuchado los discos nunca me interesó demasiado el hardcore. Aunque ver a un Montefusco sin guitarra, retorcido sobre el escenario y desgañitándose me hizo imaginar la brutalidad que pudieron llegar a ser los directos de aquél momento con la energía de unos chavales adolescentes. Piti explicó que necesitaban tocar de nuevo temas como ‘Ride Down the Slope’ o ‘Two Minutes Song’ en una noche como esta, casi disculpándose, y abandonaban de nuevo el escenario.

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Todos intuíamos que se acercaba el momento final; sin mirar la hora -no fuera a ser que al hacerlo se acabase todo de repente-, suponía que rondaría la hora y tres cuartos de concierto en aquél momento. Para el segundo bis empezaban con ‘Dentro de la Luz’, introduciéndonos de nuevo en la mística de su último trabajo. ‘1, 2, 3 Sol’ y ya estábamos todos cantando y bailando otra vez; y tras ‘Cuando’, llegaba el temido final con un ‘Adelante Bonaparte (I)’ cantado en comunión entre banda y público, público y banda.

Llegaba el momento de despedirse tras dos horas de concierto: ya con las luces encendidas nos aplaudíamos los unos a los otros; nosotros dándoles las gracias por acompañarnos en tantos momentos de nuestras vidas y ellos agradeciéndonos el estar ahí para despedirles como se merecían.

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Gracias Standstill, vuestros discos seguirán acompañándonos, y en nuestra memoria quedarán noches como esta, noches en las que la definición de música adquiere un nuevo significado.

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