Low Festival 2016: entre la discreción y la intesidad
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El fin de semana pasado se celebró en Benidorm el Low Festival, una de las citas más importantes de la ruta festivalera de España. La primera jornada del festival, el viernes 29, tuvo algún que otro jarro de agua fría pero, sobre todo, enérgicos e intensos directos.

El Low Festival me enganchó el año pasado por su ambiente festivo y su variada programación, así que decidí repetir en esta su edición de 2016. Si bien el cartel parecía más flojo que el año pasado (donde se juntaron mínimo 5 nombres internacionales a tener en cuenta), la cita programó algunos grupos imprescindibles y pendientes para un servidor, dejando de lado el desencanto frente a algunos nombres excesivamente trillados.

 Tal vez entre ellos estaba el encargado de abrir el festival esta jornada. Servidor ha visto a Ángel Stanich ya 4 veces en menos de un año, pero la razón está clara: merece la pena. El músico planteó su habitual propuesta con tintes de blues, rock, rock sureño y folk que suena sólida a la par que enérgica. En esta ocasión, aunque fuera por razones extra musicales, un servidor y sus acompañantes, que pillaron el concierto ya empezado (subimos la cuesta de entrada a ritmo de “Carbura” y escuchamos poco más de 4 canciones), nos atrevimos incluso a montar unos pequeños pogos entre nosotros en temas como la potente “Metrajeta Joe”, siempre respetando al público de nuestro alrededor. Esa energía era sólo la del calentamiento.

Seguidamente, hicimos acto de presencia en Testarosa. Los ganadores del Budweiser_emerge presentaron un sólido directo pero que sabía a poco, pues a veces se hacía repetitivo. Sin duda son un grupo joven al que el rodaje que en teoría debería facilitarle el hecho de haber sido programados en el Low Festival y con el privilegio de abrir el escenario principal, conseguirá que temas como la potente “Nena” inviten a una notable cantidad de público a asistir a sus conciertos.

Al igual que anteriormente Ángel Stanich, otro de esos grupos más que trillados pero que merece la pena acercarse a ver en directo siempre son La Maravillosa Orquesta del Alcohol. El subidón en los conciertos de los burgaleses, que se estrenaban en la ciudad de Benidorm, está asegurado. Probablemente La M.O.D.A. sea el grupo con mejor directo de la escena nacional actualmente, dándole siempre una vuelta a sus canciones y sonando así siempre distintos. Además, es imposible que no te llegue alguna de sus canciones como “Catedrales” o “Nómadas”. El grupo mira ya a un futuro descanso en el cual grabarán un nuevo disco que esperemos no les haga caer en un grupo de “más de lo mismo”. La confianza por esta parte la tienen.

Tras esa alternancia entre los escenarios grandes (Matusalem a Budweiser y de nuevo al “secundario”), ya tocaba el momento de levantar la veda de los escenarios donde sucede ese “power of Low”: los pequeños Jagermusic y Wiko. El cuarteto catalán The Zephyr Bones actuaba en el primero, con la mala suerte de que el sonido no les acompañó, y el punto más surf de sus canciones se perdió en un mar de distorsión y psicodelia que fue igual de efectivo. Sin duda, los catalanes son uno de los grupos a los que hay que seguir la pista dentro de la escena más underground de nuestro país.

Inesperadamente, el que de primeras suponía un concierto para descubrir se convirtió en el más potente de la jornada. Los americanos Dwarves actuaban en el escenario Wiko, y convirtieron ese pequeño punto de Benidorm en la meca del punk. Los californianos desplegaron su sonido punk que a menudo se acercaba peligrosamente al hardcore y el público asistente no tardó ni dos canciones en montar las correspondientes ollas (pogos para el resto de mortales no murcianos). Servidor, ante la siempre atrayente idea de liberar tensiones, se sumó a ellas e incluso participó del momento en el que mantearon a uno de sus acompañantes.

Tras ese derroche de energía en el cuarteto estadounidense y ligeramente desanimado por el sonido que en The Zephyr Bones había presentado el escenario Jagermusic, decidí sacrificar a King Cayman, pese a lo atrayente que me parece su propuesta llena de sonido lo-fi y cercana al hardcore muy a menudo. Mientras tanto, tuve la suerte de escuchar “La vida herrando”, pues León Benavente tocaba en el escenario Matusalem. Sin mucho interés de verles en directo después de la decepción de su concierto en el SOS 4.8, sí que he de reconocer que me dio gusto escuchar esa canción, de las pocas que me gusta del insulso 2.

La otra parte del Ukelele estaba viendo a Love of Lesbian. Los catalanes comenzaron con canciones de su último disco, pero enseguida empezaron a retomar sus antiguos y eficaces temas como “Belice”, “Allí donde solíamos gritar” o la densa “1999”, sin olvidar que todos, alguna vez, fuimos  miembros del “Club de fans de John Boy”. Santi Balmes sigue siendo una de las grandes divas del panorama musical español, y parece que está mutando en intensa tonadillera, con cambio de vestuario en directo incluido.

El plato fuerte de la jornada inaugural del Low Festival este año se supone que eran los escoceses Belle & Sebastian. El grupo actuaba en el festival tras cancelar sus conciertos en Madrid y Barcelona, convirtiéndose entonces el Low en la cita obligada para los más fans. Desafortunadamente, el concierto supuso un jarro de agua fría. Los escoceses (que hicieron un discurso contra el Brexit), abusando especialmente del último disco, no sonaron a los Belle & Sebastian más auténticos. Pese a la buena puesta en escena de la que se acompañaban, con unos muy cuidados visuales y con un Stuart Murdoch que ejercía de genial frontman, las nuevas canciones no acabaron de meter al público en el concierto, haciendo que llegáramos a aburrirnos; y las más antiguas como “Like Dylan in the Movies” no sonaban del todo satisfactorias, tal vez por el exceso de sintetizadores o por la ecualización que daba importancia excesiva a los bajos, algo enfocado al último trabajo, más bailable. Servidor decidió pues calmar su hambre poco antes de que sonaran la genial “The Boy with the Arab Strap” en la cual, al parecer, subió a una cantidad importante del público al escenario.

Con ese jarro de agua fría aún presente, disfruté de lejos del muy seguramente intenso directo de Belako, a quienes me reservo especialmente para el Sonorama Ribera, así que tras sopesar la disyuntiva Nastys-Hot Chip, me decanté por los segundos como opción para cerrar este primer día de Low Festival. Servidor  no tiene tampoco excesivamente escuchado a los británicos más allá de las canciones imprescindibles, pero aún así, disfrutó enormemente de un concierto que fue enérgico desde el principio. Armados de sintetizadores y teclados hasta los dientes pero con un genial guitarrista, el grupo desplegó más de una hora de hits entre los cuales destacaron “Night and Day”, “Over and Over” o “Need You Know” y su abuso de los loops. Los londinenses se convirtieron entonces en el verdadero cabeza cartel del viernes.

La jornada inaugural del Low Festival acaba así sin relucir mucho, pero disfrutando de buenos conciertos por lo general esperados y con pocos problemas en el aspecto de la organización, pese a la mejorable idea de dejar únicamente una sola entrada para el escenario principal. Sin duda, este discreto primer día hizo de lo que nos esperaba el sábado algo más intenso si cabe.

La jornada del sábado 30 del Low Festival fue, sin duda, la más intensa de las tres, destacando los conciertos de míticos grupos como Los Planetas o Suede o los más noveles como Terrier o Black Lips

El día del sábado comenzaba con un veterano Sr. Chinarro, debilidad de un servidor, era el encargado de dar comienzo a la jornada. De nuevo, ante la falta de coordinación, llegamos tarde al recinto, pero sí que nos acordamos por completo de lo que hizo el sevillano en el escenario Matusalem. En la primera parte del concierto interpretó por completo su último trabajo, El Progreso, guste o no, el disco suena propiamente a Chinarro, y aunque no pude disfrutar de la genial “Efectos Especiales”, entró con “El Castigo” sonando y sin duda, me quedo con esa “Maravilla”, que con su título lo dice todo. Tras esto, cerró con grandes clásicos como “Babieca”, “Del montón” o ese último mandamiento que es “Una llamada a la acción”. Sin duda, para los que somos fans, el sevillano siempre cumple, y esta vez no fue una excepción.

Ignorando el concierto de Second, a los cuales pasé por alto debido al empacho que tengo de grupos murcianos, lo siguiente que nos encontrábamos era una importante disyuntiva: por un lado, podíamos “mover el cucu” con Novedades Carminha, o por otro lado pasarnos por una de nuestras letras pequeñas subrayadas, Terrier. Tras disfrutar de “Devórame otra vez” y teniendo seguro que este otoño volveré a ver a los gallegos, decidí entregarme por completo a los segundos. Con la primera canción ya sonando, me encontré con 5 músicos muy juntos como en una lata de sardinas enormemente entregados al muy discreto público. Sabiendo a qué se enfrentaban, se presentaron como Novedades Carmina Burana, y mostraron el punto más garagero de su sonido (tal vez ante la expectativa de plantear algo diferente a los gallegos o frente al sonido mejorable del escenario). Poco a poco el escenario fue llenándose, mientras ellos no dejaban canciones enormemente bailables como “Gafas estrábicas”, la idónea “Benidorm” o “Dos cabezas” con eso de “no, no es amor, lo que yo siento se llama obsesión”. Sin duda, y pese al “subidón” vivido en las últimas canciones de Novedades Carminha, como por ejemplo el genial cierre con “Antigua pero moderna”, no me arrepiento de haberme decantado por los madrileños.

La siguiente parada también estaba bien remarcada en nuestro planning. Los americanos Black Lips eran los co-cabezas internacionales de este año (siendo realistas, ninguno de los otros nombres internacionales que no eran cabezas llegaban a acariciar esa etiqueta), y desplegaron en el escenario Budweiser del Low Festival una buena y sobretodo intensa sesión de garage rock con importante raíces en el sonido fuzz, la psicodelia o el surf rock entre otros. Aunque nos dejaron temas geniales como “O Katrina” o la sensual “Boys in the Woods”, sin duda echamos de menos algunos himnos que nos han dejado los de Atlanta, en especial ese “Bad Kids” con el que hubiéramos echado el resto, pese a lo que nos esperaba tras el concierto de los americanos.

No nos olvidamos, aunque pudimos verlos de refilón, dada la cantidad de estímulos musicales, de uno de nuestros grupos zaragozanos favoritos, Los Bengala, que, literalmente, destrozaron, como suelen hacerlo, el escenario Wico.

Y es que, sin duda, los verdaderos cabezas de cartel coincidían el sábado en este Low Festival: Los Planetas y Suede. Sin duda, el concierto que dieron los granadinos fue uno de los más importantes que he vivido en mi corta vida melómana, y creo que no me equivoco si extiendo esta afirmación a todos los fans del grupo asistentes a dicho concierto. El setlist que presentó el grupo empezó de forma arriesgada con “Los poetas”, pero acto seguido hicieron que mis pelos se pusieran de punta con “Señora de las alturas”, una canción con una letra que llega como un martillo pilón a quien la escucha, y lo hace sin ser nada “facilona”. Tras este primer golpe, nos desgañitamos y nos emocionamos a partes iguales. Himnos como “Corrientes circulares en el tiempo” o “Segundo premio” y más martillos como “Desorden” o “Santos que yo pinté” precedieron a dos de las canciones más coreadas de todo el festival, “Un buen día” y “Pesadilla en el parque de atracciones” y a las inesperadas “Alegrías del incendio” y “La caja del diablo”. Sin duda, pese a sufrir algún que otro problema técnico, la presencia de J, la energía de Eric y el virtuosismo de Floren, acompañados por Banin y Julián hicieron de su concierto el mejor y el más importante del festival, sin duda alguna.

Tras intentar asimilar los martillazos del grupo granadino, el siguiente grupo en rojo de este Low Festival eran los también míticos Suede. El grupo liderado por Brett Anderson mostró que aún siguen en forma intercalando canciones de sus últimos trabajos con grandes clásicos como el verdadero y tapado hit “Trash” o “Animal Nitrate”. Como ya era de esperar, la puesta en escena no necesitaba de nada más que de Brett Anderson, quien, entre continuos golpes al micrófono, nadó entre el público y, según nos pareció, llegó a micro-desmayarse momentáneamente sobre el escenario. Aunque en algunos momentos pudieran hacerse repetitivos, cuando ya entrando en la recta final volvieron a tirar de sus clásicos al interpretar en acústico “She’s in Fasion”, “So Young” o la esperadísima “Beautiful Ones” el grupo volvió a dejar claro quiénes son. Para alargar el mito, Suede sí saldría a interpretar otro genial tema como bis: “New Generation”.

“A hundred miles” de Yall sonaba de fondo en el escenario Ron Matusalem mientras Juventud Juché terminaba su eléctrico concierto. Los franceses enamorados de España (no en balde llamaron a su último disco Aranda, en homenaje a Aranda de Duero, sede del mítico Sonorama Ribera) Exsonvaldés tuvieron la mala pata de tocar casi a la vez que Peaches, pero aún así el escenario Wiko tenía bastante afluencia. La diosa canadiense de la provocación y el electropop nos proporcionó el final perfecto para esta jornada: buen rollo, mucho humor (recordemos esos bailarines disfrazados de vaginas mientras sonaba su hit “Vaginoplasty” o a la propia Peaches cogiendo una maleta, al final de su actuación, para abandonar el escenario). Peaches protagonizó uno de los momentos más contorsionistas que he vivido en un concierto: no solo hizo un crowdsurfing sino que se puso de pie mientras el público la sujetaba tan solo de los tobillos, todo un ejercicio de equilibrio y confianza en tus fans.

Tras la intensa sucesión de estos tres últimos grupos, y sin perspectiva de poder asimilar nada más, dimos por cerrado el día grande del Low Festival, pues todo apuntaba a que cerraríamos el festival el domingo viviendo casi por completo en el escenario Wiko. Y efectivamente así fue.

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