Fuzzville 2016: quedará en la retina y en el cuello
NOBUNNY - Fotografía Blue Indigo Studio
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En la primera jornada del Fuzzville 2016 La Luz deslumbran, Mujeres tocan y reparten castañas como unos grandes y Giuda y Nobunny no decepcionaron a sus fanáticos.

Lo bonito de la vida es poder seguir disfrutando de cosas nuevas. Las sorpresas también le dan chispa a nuestra existencia. Y mi periplo por mi primer Fuzzville empezó el pasado miércoles cuando Alberto, colega de conciertos, me dijo que si quería ir al festival de Benidorm. Le dije que sí. Que estaba deseando. Así que me puse manos a la obra a atar algunos preparativos y empecé a ponerme nervioso. Tenía muchas ganas. Por volver a The Ohh Sees y ver el ambiente de un festival de este tipo. Llevo años queriendo ir al Funtastik y al Purple Weekend. Y el Fuzz era el tercero en discordia, por los que tenía gran curiosidad. Esta concentración de rockeros es especial por diversos motivos. Pero sobre todo por la actitud. Esto es fundamental, ya que la gran mayoría de bandas hacen punk, o se vuelven más punk. El grupo suave busca el sonido crudo y tres cuartos de lo mismo para los discípulos directos de Sid Vicious. Pero hablamos de punk de subsuelo, no de esos grupos americanos que pueblan el Reading o que rellenan huecos en el Resu o el Primavera. Hablo de grupos, gentes y casas de discos genuinas.

La secuencia ocurre así: el viernes por la mañana fue agitado. Tras poner cosas en macutos. Dejamos al perrete de Dani y Tania. Y junto con el crack de Jose, ponemos rumbo a la aldea de los rascacielos de la costa mediterránea. Una compra en un Mercadona, que está dentro de una estación de autobuses y llegamos a la caseta que nos acogería 48 horas. Comida a base de fécula cocida, puré de tomate y lúpulo. La conversación suele versar sobre música, pero en ocasiones nos lleva a derroteros inexplicables. La compañía es un plus.

Y para comenzar, salimos del equipadísimo camping y encaramos, junto a un arcén salpicado de hierbajos y restos de otras fiestas, una recta de escasos 1000 metros por la nacional. Pasamos junto al esqueleto de una discoteca abandonada, flaqueada por una especie de lanzas. Pasamos junto un par de antros de pachanga electrolatinera y otros macrorecintos del vicio. Esta avenida es la depravación, como casi todo en esta impresionante masa de torres con lucecitas en las ventanas, paraíso del Imserso, llamado BeniYork. En la entrada todo son facilidades por parte de la organización, que se portó de maravilla con nuestro singular cuarteto y con todos los asistentes, al obsequiarnos con un pequeño vinilo conmemorativo.

Nada más entrar hay una gran barra circular y dos masas rectangulares con mármol encima. Enfrente hay un pequeño escenario, llamado Rufusville. El recinto grande, al lado, tras bajar unos escalones, es una especie de nave industrial con unos 4 ventiladores que recuerda más a un taller de costura asiático que a una discoteca. Tiene encanto punkarril. A un lado un escenario recoleto. Al otro unos 15 puestos de los sellos que colaboran con el festi. Las americanas La Luz están poniéndose cómodas en el flamante Fuzzville Stage. Es curioso que el primer grupo no sea de punk. Creo que es porque estamos demasiado cerca la razón por la que suenen regular.

La Luz
La Luz – Fotografía Blue Indigo Studio

Tienen un regusto a conjunto vocal, bien de lo-fi, y suenan parecidas a Allah Las. Tienen el nombre más positivo del cartel. Son ideales como como comienzo de un fin de semana que se prevé grandísimo. Estas zagalas tienen unas vibraciones de ensueño. Es como follarse el grunge de Seattle, de donde vienen, haciendo surf pop relajante de San Diego. Quien pudiera hacer estas melodías sesenteras como ellas.

Por contraposición, el trio catalán Aliment es el grupo que abandera el sonido Fuzzville. Esta gente, con los años, recrudece su sonido, si es que eso fuera posible. Una tralla similar a ponerte a meditar en medio de  una mascletá o una noche de petardos carretillas. “Nighthtmare Girl” una de mis canciones favoritas del Fuzzville y nos engorilamos haciendo coros y brincando. Los Aliment no quieren a nadie vivo, no hacen a nadie prisionero. Al que no le guste adiós muy buenas. Es como si en el setenta con media oleada del progresismo hubieran dicho, no, esto no es para nosotros y deciden cagarse en todo. Y vaya si lo hacen. No hay nadie que se duerma. No hay treguas. No hay respiro. Cuando nos damos cuenta tocan la frenética “Razors” y la holiganesca “Silverback” ya están acabando.

Acto seguido, vemos a Spray Paint. Hacen punk alternativo. Oscuros y  pesados en ocasiones. Ponen una nota dispar con solo dos guitarras y batería. Unas melodías diferentes para su heavy-punk anómalo. Son certeros y la gente está atenta. Estamos empezando a transpirar de lo lindo, calienta la Discoteca Km como si fuera un microondas y nosotros granos de maíz. Dos guitarras y todo el chicharraje del mundo. Ésta es una de las bandas que más nos sorprenden, ya que su disco nuevo (Feels The Clamps, Goner 2016) está muy ideado para el directo, sobre todo por el volumen al que hacen trabajar sus amplis. Decidimos hacer un parón, salir a tomar sándwiches, imitando los guiris sibaritas, que hacían picnic en lo alto la era a principios de siglo. Las conversaciones se vuelven más extrañas con el buche rellenado. Pero aún quedaba mucha noche.

Giuda - Fotografía Blue Indigo Studio
Giuda – Fotografía Blue Indigo Studio

Al volver veo la mitad de Giuda. Estos italianos no hacen rock”n”roll, sino que hacen halterofilia. Las etiquetas esas de rock setentero y de glam-rock, ya para otro día. Parece que hacen tambalearse al escenario. Van bien provistos de riffs ganadores y estribillos de película. Solo podemos levantar el puño, poner el morro en modo rabia y pisar fuerte el suelo con una pierna. Calientan al público más que Kiss y Ac/Dc a la vez. Esta mañana hablábamos de Eagles of Death Metal y de Airbourne. Y aquí están. Me acuerdo de lo viejos que están Gene Simmons y compañía. Y de Bon Scott. Y de Axl Rose escayolado cantando con los australianos. Me da por reírme, al ver lo auténticos que son el quinteto de Roma. La gente creerá que estoy loco. Son más auténticos que un bocata de calamares. Perdón, que una pizza de cipolla y peperoni en la Fontana di Trevi.

Parece que voy a la carrera de un lado a otro buscando al resto de gente. Esprintando por todos lados. Nos reunimos y vemos a Los Claveles. Me los esperaba más suavecitos, pero ya sabéis mi teoría, en estos escenarios, todo se punkarriza un poco más. Muy correctos. Y volvemos al escenario principal. Aunque a este grupo era a los únicos que había visto varias veces, llegó el momento inesperado, el público de Mujeres por un lado. Y por otro, el cambio del grupo de Barcelona ha variado de formación, y ahora son trio. No quiero ser pesado, pero es redundante la sensación. El grupo se deja de milongas de garaje-rockroll y hace el concierto más valdarra y punkarra de los varios que les he visto. Más directos, más crudos. Sin chorradas. No hay solos de guitarra ahora. A tomar por saco. La esencia está intacta. Pero pierden matices, eso sí. Se podría decir que antes molaban más porque tenían más identidad propia. Y ahora sus bolos van a ser más trepidantes. Qué leches, esto parece una orgía de ollas sin final. Y venga a saltar gente, y venga tortas. Otro resbalón, otra caída. Parece que en vez de gente hay búfalos en celo. No puedo ni siquiera cantar alguna de las canciones que me sé. Al acabar reúno moratones y rajas. Tengo la camiseta mojada y estoy aniquilado. El resto de la noche iría renqueante.

Los Claveles - Fotografía Blue Indigo Studio
Los Claveles – Fotografía Blue Indigo Studio

Se avecinaban carcajadas. Y la culpa fue de Ángel y Cristo, son los más frikis del lugar. Esa es su medalla. Su champions particular. No lo ocultan. Vienen a hacer daño. Hacen al performance más gamberra de la noche con diferencia. No termino de entenderla muy bien. Estos shows requieren reflexiones sosegadas. Canciones de medio segundo siquiera. “Sois todos unos putos cuñados, que lo sepáis.”- dicen entre jadeos al acabar una canción. A continuación, otro show de agárrate y no te menees. Las gracietas y contorsiones varias de Nobunny las tengo que ver desde la barrera, comentando la jugada con el bueno de Domingo, que lleva más festivales que un servidor, y de esto sabe un rato. Parece que me he metido en un tornado y he acabado a mil kilómetros de casa porque no consigo ni venirme arriba con los bailes del tipo que lleva la cabeza de conejo.

NOBUNNY - Fotografía Blue Indigo Studio
NOBUNNY – Fotografía Blue Indigo Studio

De Las Membranas y Hollywood Sinners el recuerdo es muy vago porque la cabeza no daba para más. Y me da rabia. Para concluir, sé bien que al volver por la carretera me cuelo entre los escombros y cristales de la discoteca abandonada. Enciendo la luz del móvil, pero apenas se ve nada. Unas barras que se intuyen, basura y cosas que me clavaria si doy un paso en falso. Decido no jugármela demasiado y llego al bungaló. Vale. Primera jornada del Fuzzville superada con gran éxito y daños colaterales.

Texto: Mario L. Amigo

Fotografía: Blue Indigo Studio

El segundo -y último- día del Fuzzville 2016 fue el de John Dwayer y sus Thee Oh Sees. Texxcoco, Retraseres y La Moto de Fernan incendiaron el escenario Rufusville. Radioactivity dio una leccion de melodia y punk a la vez.

Gracias a los recuerdos podemos ver que esta vida no es tan perra como nos parece a veces. Y necesitamos mirar lo bien que nos lo pasamos a veces, para en los momentos chungos ver que merece la pena todo. Los altos y los bajos momentos. Y es que el sábado del Fuzzville fue uno de esos días que vamos rememorar como tontos durante mucho tiempo.

A parte de perdernos la salida de La Vuelta, por la mañana en vez de ir a ver a Los Bengala, nos comemos un tigre de bengala. Teníamos una barbacoa que comer, y no pudimos ir, pero por lo visto, el batera, Borja, se ha partido el brazo y cogieron un sustituto y él siguió cantando como lo hacen normalmente. Seguramente, en el escenario principal también lo habríamos flipado, pero la piscina no iba a bañarse sola.

Después de una siesta y luchar contra las avispas asesinas dejo al trío calavera en la terracica del camping y me voy a ver a Retraseres. No me arrepiento. Mereció la pena. Unas letras cachondas y un punk divertidísimo. Una mala baba correosa y metáforas. Críticas directas en sus estribillos, por ejemplo: “Salvo a las ballenas, comiendo tofu”, también “A mi novia le gusta el yoga, pero a mí me gusta la droga” o aquella de “El cura tiene ébola, pero el ébola no tiene cura”, la de “Estoy hasta la polla del garaje, tipos con patillas y con traje”… una retahíla de temas de escasos dos minutos. Como ellos mismos dicen: tsunami de 14 temas en 24 minutos. Los Siniestro Total parecen monjitas en comparación de irreverencia. Esto sí que es empezar con el festival.

Luego llagaría el personaje del cantante de Chain and the Gang y su verborrea interminable. Que era bastante plasta, pero muy acelerado. Como si Keith Richard se hubiera puesto de peyote y anfetas y hubiera decidido coger y tirarse al punk. Que si gritos por aquí, que si animación por allá. Que si señala esto. Que si chiste de aquello. Se bajó al escenario 305 veces, mientras la guitarrista y la bajista le miraban hieráticas. El público no tenía muchas ganas de guasa y estábamos algo impertérritos ante el espectaculo. Sería por la hora. Se baja otra vez y todos se apartan menos yo, y el payico se pone a cantar en mi hombro. Yo intento quitarle la chaqueta sin éxito. Parece el Nick Cave del punk con tanto verso y tanta letra larga. Más bien el padre Apeles apostilla Daniel, siempre certero. Pero por aquello de poder opinar luego me quedo a ver el bolo entero, en el que hubo más actitud y ganas de liarla que música.

Chain And The Gang - Fotografía Blue Indigo Studio
Chain And The Gang – Fotografía Blue Indigo Studio

Pero por suerte luego llegó, el que calificaré como mejor concierto del festival. El garage alegre, dicharachero, tipo angelino y punzante de los canarios Texxcoco, nos dejó muy sorprendidos. Comandados por una Adriana furiosa, que nos encantó a todos con su frescura y garra simultánea. Una locura. Un volumen atroz y unas canciones con un ritmo genial. No podemos parar de bailar. No podemos dejar de sonreír. Lo que parecía increíble lo han conseguido. Ya no estamos sin parar de hablar de Thee Oh Sees. Ahora no encontramos el momento de volver a escuchar a este cuarteto, que está en la discográfica almeriense Clifford Records, con los cuales sacaron su último Ep.

Y aquí es donde llego el pequeño fallo. Decidimos ir a cenar al camping, dejándonos en el tintero el final de los míticos The Boys y, sobretodo, perdiéndonos el principio de La Moto de Fernan, que eran los únicos que repetían del año pasado. Con ver el final pudimos apreciar que la performance más salvaje del festival la montaron este dúo de poderoso alicantinos. En el pegajoso y concurrido escenario Rufusville, había una bailarina-gogó en una de las mesas de mármol. Y en la otra un panel para pintar con spray. Pero con la excusa de que, como somos muchos los que vamos buscando las primeras filas a ver a Juanito Dwayer y compañía, nos obsesionamos un poco con pillar un sitio que no había que reservar. Pero les vimos probar, y les vimos empezar y acabar a Thee Oh Sees, que ya es decir.

Thee Oh Sees - Fotografía Blue Indigo Studio
Thee Oh Sees – Fotografía Blue Indigo Studio

Antes de empezar me quito el pendiente. Por si las moscas. En la primera canción decimos prescindir de la camiseta la mitad de los presentes. Empiezan con un tema muy largo el cual desarrollan hasta parecer que son dos canciones. Y así seguirían toda la hora. Sin duda me lo pasé mejor que en del Primavera por que iba más relajado y no era la primera vez que los veía. Además ahora los tengo mas escuchados. El bajista mira seriamente a Juanito. Solo está fijándose en sus movimientos y tratando de ver su próxima jugada. Juanito se mete la púa en la boca y toca con los dedos para vacilarnos. Pisa los pedales como el que pisa un bicho horrible. Se acerca a un pequeñísimo teclado junto a su torre de altavoces y amplis como el que escribe el nombre del libro que busca en la biblioteca. Están tocando con muchas ganas, que por otro lado es la única forma de tocar su música, que parece sacada de otro planeta, como sus conciertos. Juanito Dwayer coge su guitarra transparente como el leñador que despelleja un roble. De vez en cuando escupe, sonríe y piensa: Menudos hijos de puta estáis hechos. Dejad de sudar ya, acho, nos espeta escrutándonos con la mirada, nos fusila con sus ojos claros. Pero se lo está pasando en grande. Se le nota en la mirada. Es hipnótico ver a los dos baterías redoblar exactamente a la vez. Parecen robots. La gente está demasiado revolucionada. No hay segundo en el que no hayan varios saltimbanquis tirándose de entre los dos bombos que ocupan el centro del escenario. Una locura. Empujones por los costados. Los seguratas descojonados. Un zagal me da en el hombro. Lo cojo y me lo llevo hasta la primera fila. No hay malos rollos y sabe que estamos en un concierto. El pogo es una maravilla. Llueven trompazos por todos lados. La gente cae como fichas de dominó. Pum al suelo. Y otro costalazo. Venga que nos vamos. Alguna losa fue partida por la barbilla de una zagala que se tira de cabeza y nadie la coge. Nada grave que no cure una caña. Pero existen ligeros descansos, como en Minotaur. Al final ya ni sé qué canción es cual. Entre unos cuantos berreamos las melodías mediante silabas inconexas, que si lololo, que si lalala… La diversión en los conciertos de Dwayer y su psicodelia suprema tiene el fin cuando cada uno quiera. Acabo yendo a descansar junto a una columna, pero enseguida vuelven a la carga y todos estamos dando bandazos en el centro. Thee Oh Sees se sacan el sobresaliente a cualquiera que preguntes, y eso que se hace corto.

Thee Oh Sees - Fotografía Blue Indigo Studio
Thee Oh Sees – Fotografía Blue Indigo Studio

Tras un descanso reparador, vemos que tocan los chavales de Radioactivity. Intercalan canciones de sus dos primeros y únicos discos: Silent Alarm y S/T (Dirty Nap). Tienen un sonido punk tan depurado clásico que hasta parecen unos sesentones. Letras tristonas y desangeladas. Casi siento el dolorcete que emanan. Pero no rollo emo, sino como de nostalgia y rabia a la vez. Los punteos acelerados y las melodías de Pretty girl y Silent me hacen cerrar los ojos, como si no hubiera vivido hace tres cuartos de hora la tercera mundial en mis brazos. Estoy sonriendo y moviendo la cabeza con más ritmo que un reloj suizo. Esto se está acabando pero lo tengo todo bien guardado en la retina.

Me despisto y me pierdo a Terbutalina. Deuda pendiente. Pero había que acabar la noche por todo lo alto, y nos fuimos a celebrar por todos lados el simple hecho de que nos lo habíamos pasado pipa. El resto es una historia que no se debe contar, pero que quedará en nuestros corazones (y en nuestras agujetas).

Al Fuzzville 2016 solo podemos desearle que en 2017 siga creciendo y haciéndolo tan jodidamente bien. Que nos sigan encandilando. Por favor.

Texto: Mario L. Amigo

Fotografía: Blue Indigo Studio

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Alberto Hernández

Como no tengo gato fotografío canciones.
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