El Festival Gigante 2016 tuvo voz de mujer: crónica

Crónica de la primera jornada del Festival Gigante de Guadalajara. Viernes santo donde destacaron las actuaciones de Zahara, Eskorzo, Nunatak y Gole Yaika.

Volver a empezar otra vez.

Volver a currar con depresiones.

Esta versión libre del mítico anuncio de una conocida multinacional será la banda sonora que perturbe a todos aquellos que vuelven de sus siempre pequeñas vacaciones y retoman su rutina laboral. Sin embargo, el hilo musical que llevarán durante semanas en su mente las 15.000 personas que acudieron a la tercera edición del Festival Gigante de Guadalajara será bien diferente. Diferente y con un toque femenino en una edición donde las voces de las féminas fueron las protagonistas.  Los pasados días 2 y 3 de septiembre el estadio municipal de Fuente de la Niña volvió a ser el lugar de operaciones de uno de los festivales emergentes que se está erigiendo, año tras año, en una de las ofertas más interesantes para paisanos y vecinos de Madrid con las que terminar el período musical estival.

Fieles a la cita nos plantamos en Guadalajara desde primera hora de la tarde. Oportuna hora para aprovechar el incisivo sol y colorear nuestros hombros. Debido a los atascos típicos de viernes, solo pudimos escuchar la potente apuesta por el rock sin aspavientos de Kurt Baker según nos acercábamos a las inmediaciones del estadio. Una vez pasado el control de entrada, pudimos disfrutar de la frescura de los madrileños Gole Yaika, quienes se esmeraban en arrancar a bailar a la veintena de seguidores que había decidido apostar por ellos desde primera hora con temas como “Euforia” o “Ínfimo”. Sólo fueron dos canciones (gracias por la dedicatoria), pero suficientes para corroborar que cada directo les hace más potentes. Quizá será que la fuerza les acompaña.

Aprovechamos la hora feliz de Sandevid (de quien no nos separaríamos en las dos jornadas) y tinto en mano movimos nuestros panderos hacia la zona central: dos escenarios enfrentados, Gigante y Supersubmarina, que nunca pisarían sus actuaciones mientras que en la zona lateral y de restauración el escenario Coca-Cola disfrutaría de una mayor independencia. Para nuestra sorpresa, no había rastro de foso. Los fotógrafos debieron de pasarlo mal en los conciertos de última hora donde el aforo se encontraba hasta los topes. Mientras, Jacobo Serra se ofrecía a un público en la hierba calmado por los temas de sus Don”t Give Up y su reciente Icebergs. Wainwright sin terciopelo ni maneras de diva operística. El cantante manchego fue el primero en recordar a Supersubmarina, quienes estarían presentes durante toda la jornada en los parlamentos de los artistas presentes. Fue tras su actuación cuando la posibilidad de la clonación instantánea hubiera sido la solución perfecta para no perder ripio de lo que ocurriera en cada escenario. A falta de ello, sólo quedó tomar soluciones salomónicas y pulular en más de una ocasión de escenario en escenario.

Algún que otro fotógrafo comenzó su danza de la lluvia con los flashes y nuestras figuras. Será un personaje secundario que seguirá apareciendo en el relato de manera recurrente. Aunque no hubiera photocall nos sentimos estrellas durante unos minutos y, por si fuera poco, la televisión local también se fijo en la camiseta verde escotada. Mamá, le estaba guardando el mini a una amiga. Con estricta puntualidad comenzaban los murcianos Nunatak en el escenario Gigante. Las lagartijas éramos pocas pero felices mientras los murcianos sacaban su mejor artillería aún sufriendo el calor de las horas. Son buenos. Lo saben. Y nosotros también. Los más blanditos no tuvieron más remedio que salir de su letargo a la sombra del control técnico y unirse a la traca final encendida con su versión de “Me colé en una fiesta” de Mecano. Agradecido el público con el folk épico de unos Nunatak que se entregaron como pocos sobre el caldeado escenario con excelsas interpretaciones de temas como “El Grito”, “No Volveré a Verte” o la coreada “Después de Todo”. Dimos media vuelta hasta darnos de bruces con Nudozurdo en una tarde que iba tiñéndose de añil sobre el escenario Supersubmarina. En contraposición con la luminosidad de Nunatak, los madrileños ofrecieron la cara más oscura del rock en la que no podíamos más que dar gracias por esa mágica contraposición de estilos. Un público entregado e imantado con el sobrio repaso que Nudozurdo hizo a sus cuatro discos publicados donde no faltaron temas como “El Grito”, “Mil Espejos” o “El Hijo de Dios”. Pese a sus coqueteos con los sonidos electrónicos de regusto ochentero, siguen ofreciendo un directo atronador que más que calmar la sed, hace que una eche en falta nuevo material. Desde aquí suscribo la petición de una colaboración con El Columpio Asesino. Tras ellos decidimos que Egon Soda se dejase querer por sus acérrimos en el escenario Gigante mientras nosotras realizábamos un break en la zona de restauración. Mejor imposible ya que aprovechamos para alegrarnos el oído con los últimos compases del directo de Joan Queralt y comprobar en primera persona que el fenómeno Mechanismo era como nos habían comentado. Virtuosos, técnicamente perfectos y con un sonido redondo no hicieron más que certificar que The Forlorn Hope es uno de los discos del año.

Con nuestro estómago lleno le llegó el turno a La Habitación Roja quienes me hicieron recordar que ya han pasado once años desde que les descubriera con “El eje del mal”. Parece mentira pero los valencianos ya llevan un par de décadas sobre los escenarios. Repertorio no les faltó, igual que no fue necesario mucho jaleo para que Jorge se marcara unos bailes en su regenerado sonido. Experimentados y contundentes, tintaron de melancolía la noche alcarreña ante maduritos talluditos, parejas que se conocieron en sus primeros conciertos y modernos en continua búsqueda del sonido de Los Planetas con temas como “La moneda en el aire” o “Ayer”. La Habitación Roja envejece como el buen vino llevando el desamor a ritmos más bailables y haciendo danzar a propios y extraños con su último discos con hit veraniegos como “You Gotta Be Cool” o “Nuestro Momento” dignos de unos poliédricos Fangoria. Nuestro fotógrafo continuaba ejerciendo de paparazzi personalizado pese a nuestra búsqueda de vías de escape. Ni la oscuridad de la noche le cejaba en su intento de captar nuestro mejor perfil. A continuación, cogimos posiciones entre la marea de seguidores que esperaba el inicio de Zahara. No estaba Yola Berrocal entre el público. Imaginamos que tampoco estarían Sonia Monroy ni las demás Sex Bomb, pero no se las echó en falta. Santa Zahara presentó una actuación en la que despachó por igual tanto a sus temas de iniciación como a su beatificado último disco. Desde sus inicios en la música con el rock duro, pasando por el recorrido de salas de autor hasta el pop comercial bien entendido (inexplicablemente, parece que la palabra pop da dentera a los “entendidos”), Zahara ha demostrado que es una camaleón de la escena, una voz que va más allá de las precisas radiografías emocionales que imprime en cada una de sus canciones. De “Merezco” a “El deshielo”. De “Con las ganas” a “Crash”. La jienense se dio un festín junto con su mayúscula banda y un público que rompimos a bailar “Caída Libre” como si de un videoclip de para para se tratase. Zahara siempre especial, siempre agradecida.

De nuevo dimos un giro de 180 grados para formar parte de los reunidos para ver a Sidonie. Llegaron de rebote al Festival Gigante tras el jodido accidente que sufrieron Supersubmarina cuando volvían de su actuación en el Medusa Sunbeach de Cullera, por lo que quisieron hacer del concierto una fiesta como la que los jienenses hubieran querido que fuera (sic). Marc y compañía se dejaron voz y piel sobre el escenario recordando los viejos amores de “Sierra y Canadá”, los calores de “El Incendio” o sus pasadas vacaciones en “La Costa Azul”. “Fascinado” sigue sonando tan yé-yé como siempre pese al sonido metálico que se mantuvo durante toda la actuación y el interruptus al final de “A mil años luz” no quitó brillo de uno de los mejores temas de El bosque, por el que también nos perdimos durante tres minutos al meternos por unas nuevas “Carreteras Infinitas”. Jorge Martí subió al escenario para ser protagonista de uno de las interpretaciones más emotivas del Festival Gigante: el momento en el que él y Marc cantaron a dúo “Viento de cara” como homenaje a Supersubmarina. Una emotiva interpretación que consiguió evitar que fuese “Un día de mierda”. Sidonie siempre en mi equipo.

En nuestra anterior visita a la zona de restauración, las mesas de merendero aún seguían impolutas. Nada que ver con el segundo viaje. Los españoles tendemos a tener ciertas carencias con eso de mantener limpio lo que no se encuentra dentro de nuestros límites domésticos. Con el paso de las horas las mesas fueron invadidas por cartones, servilletas usadas y restos de kebab. ¡Festival Gigante recicla, pero ha de ser un trabajo entre todos! Se echaron en falta un mayor número de contenedores en los que depositar la propia basura y no tener que esperar a que llegue el responsable de turno. Volvimos a coger aire en el escenario Coca-Cola con la actuación de The Great Barrier. Rock con claras influencias folk. Suave como la seda gracias a la particular voz de su cantante. Habrá que seguirles de cerca. Entre tema y tema se presentía el rumor garrapatero de la fiesta que se estaba armando en el escenario Gigante por parte de La Gran Pegatina. Llegamos a los bises, que ralentizaron el perfecto cronometraje que se estaba llevando durante toda la jornada festivalera. No faltó el hijo de Mari Carmen, las raves ni su “Lloverá y yo veré” ni, ojo, una versión sui generis de “Mi gran noche”. ¡Raphael también se unió al revival del Festival Gigante! Mientras llegaba el turno de Eskorzo, fuimos testigos del ocaso de Thor: barba y pelambrera rubia kilométrica, camiseta de Los Lakers y volantazos corporales que desembocaron en caídas varias, sujeciones a barras de metal o manías persecutorias. [email protected], cuidado con lo que tomáis o seréis pasto de los pogos. Eskorzo lleva años de carretera tras sus espaldas y saben perfectamente como llevarte a su terreno. Cirios encendidos sobre el escenario, percusión y trompeta como esqueleto musical y un mestizaje con el que no podrás decir que no a su viaje por el Camino de Fuego. La rumba, el ska, el reggae e incluso el tango y el pasodoble se dieron la mano en una fiesta que no tuvo tiempo para los medios tiempos. ¡Incluso Lorca quiso acercarse! Cigarritos de la risa con los que combatir la ineptitud política y bailoteos a ritmo de su “Mambo Zombi” y su “Amenaza Fantasma”. Más que recomendados para limpiar cuerpo y mente. Eskorzo, no penséis mal (o no).

Después de diez horas de jornada intensiva, decidimos que era momento de descansar y volver a Madrid para preparar el segundo día del Festival Gigante. New Pull derrochaban energía sobre el escenario Coca-Cola (para aquellos que no les conozcan, echarles una escucha porque os merecerá mucho la pena) mientras, La Maravillosa Orquesta del Alcohol iniciaba sus declamas de himnos rock-folk para juventudes ávidas de un director de carrera vital. ¡Mañana más y mejor!

Crónica de la segunda jornada del Festival Gigante de Guadalajara. Sábado femenino donde destacaron las actuaciones de Sonograma, Morgan, Aurora & The Betrayers y Amaral.

Tras la pronta recogida del viernes, volvimos a la carga a primera hora para empaparnos de música y Sandevid desde primera hora. La llegada a Guadalajara (servidora se mueve desde Madrid) no tuvo más historia que un gps caprichoso que quiso que disfrutáramos de un tour sin guía por el centro de la capital alcarreña hasta la llegada a las inmediaciones del Festival Gigante. Da gusto poder aparcar en la misma puerta del recinto. Con la hora justa bajamos del coche sin poder lanzar arroz a los recién casados de la cercana iglesia.

El ser humano es un animal de rutinas así que decidimos no modificar nuestro modus operandi: inicio en el escenario Coca-Cola y periplo festivalero por donde las notas y voces nos llevaran. Para aquellos que sean de leerse la última página nada más empezar a leer un libro, avisamos al lector: nuestro Festival Gigante terminó en Amaral. Las sensaciones de que esta tercera edición iba a ser la confirmación de una propuesta sólida y variada dentro de la oferta festivalera veraniega se confirmaron en esta segunda jornada. Jornada que también fue vital para visibilizar el estado de forma de las féminas en este país. No solo de boybands del indie vive la industria musical.

Puntuales a la cita se plantaron los flamantes ganadores de la última edición del Sandevid Gigante: Sonograma. Litros y litros de tinto de verano y la posibilidad de tocar en el festival. Ese era el premio con el que se alzaron los madrileños, un premio que se repartió entre el público valiente que nos apostamos al sol en esta temprana hora de la siesta. Quien se acercó, poco pudo dormir ante la contundencia, energía y entrega de una banda que sigue creciendo sobre las tablas. Hace (casi) un año que se publicó su Tormenta y desde entonces sus conciertos en la capital se convierten en sold out instantáneos y su presencia como ganadores de concursos festivaleros es más que habitual. Obreros de la música que consiguieron llevar su sintonía interna a todos los espectadores (por allí también estaban Gole Yaika apoyando a sus colegas) que cantamos a pleno pulmón “Incandescente” o “Reina del Sur” mientras Lorenzo hacía de las suyas. El cambio de guitarra apenas se notó y la guinda la pusieron ellos mismos al invitar a la parroquia a un vaso de Sandevid. Esperemos que Sonograma vuelvan en la siguiente edición y en escenario grande. Tras ellos, movimos nuestros pies al ritmo que empezaba a imprimir Morgan en el escenario Supersubmarina. El proyecto personal de mi tocaya contó con un público más que interesante pese a tocar con toda la solanera propia de las seis de la tarde. Empezaba a notarse que el día D iba a ser el sábado. Daba gusto ver como niños y adultos disfrutaban de la emotividad que se desprendía en la interpretación que Nina ejecutaba con cada tema. Nada mejor que sentarse en el ralente césped para embobarse de su hipnótico poder vocal. Ella escondía sus nervios tras el teclado, pero nosotros no podíamos esconder una sonrisa de felicidad plena en temas como “Home” o “Thank You”.

Dimos un giro de 180º para encararnos hacia el escenario Gigante. Allí nos encontramos con Exsonvaldes, una de las pocas presencias foráneas del cartel festivalero. Briosos, simpáticos y siempre agradecidos hacia aquellos que optaron por ver en directo su pop-rock de toques ochenteros trilingüe. Parece mentira que desde que escuché por primera vez “Lali” (¿qué fue de Last.fm?), los franceses se hayan convertido en una de las bandas más queridas por el indie clásico de a pie y su presencia sea constante en nuestros festivales nacionales. Les dejamos disfrutando de unas cuantas bailarinas espontáneas en favor de escuchar durante unas pocas canciones a Verela, una de las bandas alcarreñas que formaban parte del cartel del Festival Gigante. ¿Quién quiere una imagen llamativa cuando eres un virtuoso? Eso es precisamente lo que encontramos en el pequeño escenario: una apuesta por el rock clásico sin florituras ni poses impuestas. Grupos como Verela son necesarios para que se siga respirando aire libre en la industria musical. Se acercaba la hora de uno de nuestros must por lo que visitamos los baños (festivales y locales nocturnos del mundo, el papel no es barato pero es imprescindible. Gracias), continuamos nuestra pelea descarnada con su cadena desatascadora, aplaudimos a una infante que aporreaba la batería con mejor gusto que muchos profesionales y nos acicalamos como si fuéramos a encontrarnos con el amor de nuestra vida. Casi. Quien haya escuchado la voz de Aurora García sabe del enganche que produce en tus pulsiones musicales. La fuerza que el sol empezaba a perder se extrapoló por completo al escenario que invadieron Aurora & The Betrayers. Poco importaba que las chicas de Mahou estuvieran buscando protagonistas para su polaroid festivalera: era imposible no cerrar la boca ante tamaña superioridad de talento vocal. Si juntas a una fuerza de la naturaleza con unos profesionales superlativos, el espectáculo que disfrutarán tus sentidos bien merecerá el precio de entrada pagado. Si con Morgan su delicadeza era lo que había cautivado al público Gigante, en la actuación de Aurora & The Betrayers sería la garra/desgarro de esa enorme figura que lideraba el escenario. Imposible no erizarse la piel o moverse al ritmo del soul/funky que llegaba a nuestros oídos. Más de uno seríamos los que danzábamos al ritmo de sus coristas en temas como “Voodoo” o “Ain”t Got No Feelings”. Final apoteósico en esa lucha vocal y de guitarra el vivido en Guadalajara. Una muestra más de que las mujeres están marchando a un ritmo superior.

Los conciertos seguían puntuales los horarios establecidos y el siguiente directo a degustar fue el ofrecido por los veteranos Second. Sus seguidores ya habían empezado a tomar sus posiciones en una jornada que subió claramente el aforo ocupado y que dejaba muestras del fanatismo al apostarse estos ante las vallas de seguridad mientras tras sus cabezas se vivía uno de los conciertos de mayor voltaje del festival. La masa estaba ávida de cantar a pleno pulmón temas que sentían parte de su biografía como “Primera vez”, “Rincón Exquisito” o “Mañana es domingo”. Bien podía haberse quedado Sean Frutos sin voz que los presentes hubieran coreado todo su playlist. Mientras los murcianos se bañaban en sus masas, aprovechamos para hacer una visita a la zona de restauración, disfrutar del buen rollo que imprimían Ryser & The Lemons al escenario Coca-Cola, la prueba de sonido (y un par de temas) de Valparadiso y meternos un kebab entre pecho y espalda. Delicioso. Sin duda el food truck donde había más espera. Juancho y compañía (hubo momento para la presentación de las novedades de la formación) subieron al escenario con cierto nerviosismo aún a sabiendas de que el público iba a acoger a Sidecars con los brazos abiertos. No debe ser fácil vivir bajo la sempiterna comparativa entre tu música y la de tu hermano, la verdad, aunque tengas la certeza de que el público sea generoso y os comparta a los dos sin necesidad de tutelas compartidas. Concierto correcto y gustoso para aquellos que gusten del pop rock en español heredero de Tequila y compañía. O para aquellos que ven oportuna la hora como inicio del barrido que la patrulla de ligoteo realizará dentro de su radar durante las últimas horas. Hay que echarle un vistazo a la caza antes de que las dioptrías del alcohol actúen de manera independiente. Nosotras aprovechamos para hacernos con nuestro último mini antes de que se colapsaran las barras: precios moderados acordes con los que servidora se encuentra habitualmente en fiestas populares madrileñas.

El campo de fútbol empezaba a asemejarse a las playas de Cullera en pleno agosto: abarrotado hasta los topes aunque de tanto en tanto encontrabas un espacio desde donde divisar desde la distancia las actuaciones. No quisiera haber sido fotógrafo llegado este punto de la noche: ante la falta de foso, una debía decidir qué conciertos fotografiar para apostarse impertérrita en las primeras filas. Eso de que el Festival Gigante llegó a su máximo de entradas vendidas no es ninguna mentira y cualquiera que haya estado allí en la segunda jornada sabe de lo que hablamos. Le tocaba el turno a unos Miss Caffeina más rubios que nunca. Más rubios y más contundentes. Con su último disco, Detroit, Miss Caffeina, han llegado a los oídos de todo aquel que no tenga la enfermedad de etiquetar sin remedio ni la expresión contrariada cuando se dice que una banda indie ha sonado en una radiofórmula. El pop es pop y quien no quiera entenderlo que mire para otro lado. Enérgicos, seguros de sus canciones, precisos en ejecución y efectivos en su puesta en escena. Entregadísimo el público con temas primerizos como “Mi rutina favorita” o en sus últimos temas como “Oh, sana”. Tanta entrega hizo que ese fervor se viera exteriorizado tras recordar viejos sentimientos: una pareja vecina que discutía abiertamente. No siempre los recuerdos positivan. Como no podíamos servir de ayuda, nosotras mientras disfrutábamos de “Mira como vuelo”. Durante su actuación nos escapamos un segundo al escenario Coca-Cola, pero por desgracia solo pudimos ver como Shinova tenía problemas de voz en su microfono en sus primeros temas. El tiempo es oro y volvimos sobre nuestros pasos como seguidoras de manual y retomamos nuestras posiciones. Miss Caffeina han sabido dar el paso al frente para no quedarse solo en un sonido bonito ideal para post-adolescentes en plena ebullición melodramática.

Dos de los pesos pesados del cartel estaban a punto de llegar a un Festival Gigante en el que quedaban menos horas de vida que de desarrollo. No queremos hacer subir al ring a estos dos grandes de la canción, pero en nuestra humilde opinión la voz femenina ganó por K.O. Imaginamos que los acérrimos de Quique González tendrán un pensamiento diferente. Quique González salió en compañía de su banda (Los Detectives) al escenario Supersubmarina para dar un concierto acorde a su estilo y a su último disco, Me matas si me necesitas. Sin aspavientos, sin una nota por encima de otra y fiel a sí mismo. Pese a contar con una banda de relumbrón o con la atractiva presencia vocal de Nina en ciertos temas, para aquellos que no somos seguidores habituales se nos hizo un directo un tanto plano al que encontramos fuera de horario (e incluso de lugar). Por nombre y desarrollo bien lo merece, pero quizás por cuestiones de estilo significó una bajada de ánimos tras unos efusivos Miss Caffeina. Aunque se le añada un poso rock potente, el ser cantautor conlleva ciertas limitaciones que se miden en una regla bien sencilla: ser o no ser fan para disfrutar en mayor o menor medida de su concierto. Eso sí, acabé desgañitándome cantando “Vidas Cruzadas”. Los paletos de ciudad somos así. Tras este pause autoimpuesto llegó el auténtico ciclón del festival: Amaral. Si decimos que este Festival Gigante destacó por la fuerza de sus intérpretes femeninas, parte de esa (dulce) culpa la tiene Eva Amaral. El estadio estaba sin espacio posible para un alfiler e imagino que nadie estaría esperando a que algún baño se liberase: todos estábamos expectantes a que los aragoneses demostraran qué es lo que hace grande a una banda: su directo. Amaral presentaron Nocturnal, su último trabajo, en directo aunque no dejaron de lado algunos de sus mayores éxitos pasados (y damos gracias porque olvidaran algunos de sus más conocidos y manidos). Al fondo unas proyecciones ilustraban los nuevos temas con motivos espaciales mientras que imágenes del directo se repetían en clásicos como “Sin ti no soy nada” o “Moriría por vos”. Smartphones en alto mientras grababan el audio a enviar con fragmentos de “Estrella de mar” o “Revolución” a seres queridos con los que compartir ese momento especial. No es ningún secreto que Eva Amaral posee una de las voces más conmovedoras y desgarradoras del actual nacional, pero no deja de sorprender su capacidad para erizarte el vello en cada nueva cita con el directo. Amaral nos hicieron viajar a una galaxia paralela donde la escucha activa y el olvido de cualquier preocupación se reunió con los lugares comunes. Amaral, directa o indirectamente, ha estado presente en algún momento de nuestras vidas y es imposible negarse a ello. El acto sentimental de los recuerdos se une con la energía y experiencia de unos músicos que siguen disfrutando con lo que hacen. Recomendación final: pon un concierto de Amaral en tu vida. En serio.

El reloj pasaba de las previstas dos de la madrugada y al otro lado los bajos de la electrónica de Monarchy empezaban su danza macabra. Después llegaría el momento de los luminosos Grises, pero nuestro cuerpo y mente no daba para más. Marcharse en pleno apogeo o sufrir en el final de etapa. Pese a ciertos problemas de sonido, los citados con el reciclar, baños y los fosos en los escenarios, la tercera edición de Festival Gigante terminó con un balance muy positivo en su año más versátil y multitudinario. Yo ya estoy haciendo quinielas para la próxima edición. Guadalajara lo merece.

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