El día 23 de julio tuve el placer de acudir al Festival’Era, uno de los festivales más bonitos que tenemos en nuestro país.


He perdido la cuenta de cuántos festivales llevo en mi #rutafestivalera2016, deben ser unos 14 ó 15 y me he encontrado de todo por el camino. En esta ocasión la ruta me llevó al Moritz Festival’Era en la Masia Can Gascons en Llagostera (Girona), un lugar mágico que me tiene robado el corazón. El festival sigue siendo fiel a esa idea que surgió hace 4 ediciones: darle más valor a la calidad y no a la cantidad. Un espacio para 2000 personas que hace especial a los que nos acercamos cada año – he sellado mi pasaporte del Festival’Era las cuatro ediciones -.

No todo va a ser hablar de lo maravilloso que es el entorno, así que voy al lío y a hablaros de todos los grupazos que pasaron por los dos escenarios del festival, el escenario Era – escenario principal – y escenario Roures – rodeado de árboles y entre paja -. En este último es donde me aposenté nada más entrar al recinto con la actuación ya empezada de Twin Drama. Entre gallinas, los de Barcelona nos transportaron a la mismísima California.

Antes de dirigirme al escenario Era decidí que era hora de pasearme por la zona VIP, es la primera vez que he podido disfrutar de este espacio después de cuatro años y creedme si os digo que me quedaría a vivir allí toda la vida. Piscina, una barra con las bebidas a mitad de precio, césped y un rebaño de ovejas pastando a tu alrededor. ¿Se puede pedir más?

Zona VIP Festival’Era

No quería salir de allí, pero Joan Colomo me reclamaba. Para los que lo habéis visto en alguna ocasión Colomo es el buen rollo en persona. Sin parar de hacer bromas el concierto fue sucediendo con un diálogo entre él y el público mientras entrelazaba canciones de su último trabajo Sistema con otras que le han acompañado a lo largo de todo este tiempo. En el escenario Roures Ran Ran Ran ya habían empezado su concierto y minutos después Inspira eran los encargados de subirse al principal. Presentando los temas de su último disco Greta, esa misma noche, Jordi Lanuza cumplía 40 años y yo no habrís pensado mejor forma de celebrarlo.

Fichados por Jägermeister y convirtiéndose en una de las bandas aclamadas en los festivales de este año, Baywaves llevan su último álbum, Only for Uz, al límite dándole un directo potente. El sol estaba a punto de desaparecer mientras, uniformados con camisas tropicales, aparecen Hola A Todo El Mundo. Los de Madrid venían dispuestos a darlo todo, era el primer concierto que ofrecían en Cataluña después de lanzar al mercado su último trabajo Away (Mushroom Pillow, 2016). Un concierto con una ejecución perfecta donde se nota la madurez – tres años sin sacar disco ha dado buenísimos frutos -. Una hermandad entre grupo y público, en donde ambas partes tenían muchas ganas de verse.

Desde la zona VIP escucho la voz angelical de Maïa Vidal, una delicia para los oídos. El pop-folk de la trotamundos me volvió a dejar encandilada. El público decidió que era hora de abandonar las sillas y mover las caderas. Maïa, con su luz propia, iluminó el escenario Roures y todos los allí presentes entonaban tímidamente ‘Our Place’, la ya conocida banda sonora del anuncio de una famosa marca de cerveza – no le demos publicidad que en este festival se bebe Moritz -. El plato fuerte de la noche estaba a punto de llegar, SOHN daba su único concierto en España y se notaba en el ambiente. Una puesta en escena impecable, sin más parafernalia que él y su voz, llegándome hasta lo más hondo.

Llegados aquí podréis pensar: ‘Ya está, ¿no?. Ya has tenido suficiente. Vete para tu casa.’ Pues no, la noche no había hecho más que empezar y aunque este año el tiempo no me regaló un cielo lleno de estrellas y constelaciones yo decidí coger copa en mano y seguir disfrutando del lado más electrónico del festival. Sorry Kate eran los encargados de cerrar el escenario Roures. The Suicide Of Western Culture fueron los encargados de abrir esta segunda fase del festival en el escenario Era seguidos del británico Julio Bashmore y las sesiones hasta el amanecer que me hicieron mover el bullate a base de bien del barcelonés Marc Piñol, que fue el encargado de poner punto y final a esta maravillosa edición del Festival’Era.

Si la crónica os ha sabido a poco y queréis ver con vuestros própios ojos cómo de bien me lo pasé en esta edición del Festival’Era, mi gran amiga Laura Núñez fue cámara en mano durante todo el festival y nos ha preparado un after movie muy particular. Disfruten.

Llegados hasta aquí, apuesto mi mano derecha – y no la voy a perder – a que esta edición ha hecho que el Festival’Era se confirme como uno de los festivales imprescindibles en cualquier calendario de festivales. Cuando las cosas se hacen con cariño y pasión, se recoge recompensa.

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