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Penny Necklace: «<i>Ya no tengo miedo</i>»
Foto: Joe Sámano

Líquidos, la segunda parte de La Materia de Penny Necklace, ha sido una de las primeras grandes publicaciones del año.

Habían pasado casi cinco años desde la última vez que entrevistamos a Odette SP, la mente y las manos que mueven Penny Necklace, un proyecto que ha ido creciendo y enriqueciéndose a cada paso. Así que, tras reseñar Líquidos, segunda terna de temas de La Materia, hemos aprovechado para charlar con Odette, quien nos ha puesto al día. Cinco años dan para mucho, y en un mundo como el de Penny Necklace, más.

¿Cómo nace esta serie de trabajos conceptuales que arrancó con La Luz?

Es un formato que se adapta a mi realidad. Hay otros artistas que por sus circunstancias pueden estar dos años componiendo y luego publican su trabajo, mientras que yo lo voy compartiendo poco a poco haciendo al público partícipe del proceso. Voy jugando con que el resto del equipo y el productor estén disponibles para unas fechas; con que yo haya ahorrado lo suficiente como para poder grabar algo, sacar un disco o grabar un videoclip… Es muy real, es lo que puedo hacer manteniendo el resto de mis obligaciones en línea.

Tras explorar La Luz a través de los colores, llegó La Materia. ¿Cuál es la diferencia entre un enfoque y otro trabajo?

Conceptualmente cambia. Antes estaba jugando con el oído y con la vista, con la sinestesia, con la conjugación de esos dos sentidos, haciendo canciones que representaran un color. Ahora estoy cambiando al tacto centrándome en las texturas sonoras y físicas a través de las portadas o del lyric video. La Materia tiene más profundidad, La Luz era más plana. Estoy explorando otras capas.

Creo también que se nota la evolución hacia la electrónica más pura. Quizás antes estaba un poco como jugueteando y probando cosas, me daba miedo abandonar instrumentos que había estado usando durante otros años y en otros discos, y ahora ya no tengo miedo. Ahora no le tengo miedo a que toda la base rítmica de un tema sea una caja de ritmos o a hacer de verdad una postproducción filtrando las voces y haciéndolas distintas, esas son las texturas justamente.

Al final, creo que La Materia tiene un universo de sonido y de imagen un poco más complejo que La Luz. Es una evolución.

Dentro ya de La Materia, ¿qué podemos encontrar en Líquidos que no estuviera ya en Sólidos?

Creo que son temas más brillantes. Los Sólidos fueron los primeros de esta etapa de grabación, quizás ideas que traía de antes más consolidadas. En cambio, los Líquidos han sido temas que he hecho más rápidamente, algunos incluso han salido del tirón en una jornada. Tienen algo de fresco y de luminoso, tienen más energía que los Sólidos, que eran más robustos, como su propio nombre indica.

Además, he hecho un último tema, llamado “Sangre”, que considero el camino que quiero seguir, más electrónico. Se ha convertido en mi canción favorita y tengo muchas ganas de experimentar en directo con él. Estoy muy ilusionada.

Ya que me has hablado de “Sangre”, he de decir que me resulta muy curiosa la elección de los líquidos. ¿Por qué “Agua”, “Aceite” y “Sangre”?

Cuando empecé con el concepto de los materiales, los sólidos me resultaron más fáciles. Yo estudié arquitectura y elegí los tres materiales estructurales. La estructura de un edificio siempre está hecha de piedra, metal o madera, me salió rápido. Sin embargo, cuando reparé en los líquidos, el elemento conceptual me pareció mucho más diluido. “Agua” estaba muy clara, es el germen de la vida y el líquido más universal, pero a partir de ahí podía irme por un mundo más orgánico o por uno más químico. Entonces, decidí centrarme en mis sentimientos y en mis circunstancias personales. Justo hace un año y medio me diagnosticaron diabetes de tipo uno, y desde entonces la sangre se ha convertido en un medidor diario de mi estado. Nunca he sido tan consciente de mi sangre como ahora y creo que era importante hablar de ese momento que ha supuesto un gran cambio en mi vida. La canción además habla de un sentimiento universal, de cosas que no puedes evitar y que, aunque te trastoquen tienes que asimilar y digerir. A raíz de eso decidí que “Sangre” era el tema con más fuerza para acabar el EP. “Aceite” como te dije antes, fue uno de esos temas que surgió del tirón y opera muy bien como engranaje entre las otras dos. El tema también habla de eso, del aceite como líquido que hace funcionar mejor la máquina, de la flexibilidad y de hacer que las cosas funcionen. Creo que me salió muy bien, muy redondo.

Me decías antes que habías superado el miedo al cambio en el apartado de la instrumentación y de la producción. Justo te quería preguntar por los ingredientes e influencias de Líquidos, que para ser un EP tiene un sonido muy variado. ¿Qué hay en el cóctel?

La verdad es que escucho cosas variadas. Escucho un grupo y lo rayo hasta la saciedad. Voy a conciertos todas las semanas, me gusta descubrir cosas y además soy de las que se deja aconsejar. Todo eso lo voy incorporando en la música que hago. No considero que sea una etiqueta básica.

Me interesan la psicodelia, sobre todo la más pura, que creo que sea lo que hago yo. Por ejemplo, he estado escuchando a Vera Fauna, que es una banda de Sevilla que descubrí en Monkey Week este año. Me gustan esas guitarras, las baterías condensadas… Luego también me flipa la electrónica de toda la vida y tengo referencias como Moderat; como Tame Impala, que justo mezclan electrónica y psicodelia; pero también tengo reminiscencias pop, que es lo que ponen en las radios y creo que mis melodías tienen ese poso.

No hay que tener prejuicios y lo divertido y enriquecedor es expresarse como a uno le apetezca. Da la casualidad de que por las herramientas que uso y, porque al final yo compongo todos los instrumentos en las demos con el Ableton y el iPad, todo tiene una coherencia al salir de la misma cabeza. También me gusta acercarme al trap, tirar de trip hop de los noventa… También he tirado de una métrica más corta, no rapeada, porque sigue siendo cantada, pero sí que juego con lo que me interesa. Algunas cosas salen y otras se quedan en el tintero, no te lo voy a negar. Hay que pasarlo bien y es divertido con la música como expresión.

La verdad es que tu trabajo, sin caer en la pedantería, sí que tiene tintes vanguardistas, sin caer en lo pedante. Se percibe cómo hay elementos de aquí y de allá, pero todo fluye con naturalidad.

Gracias. A veces creo que son canciones que le pueden gustar a cualquier persona, pero a la vez tienen su profundidad si te gusta la música. Están en ambos mundos.

He leído que has seguido trabajando con Víctor G. Cabezuelo. ¿Cómo es trabajar con él?

A Víctor lo conozco desde que empecé a tocar hacer diez años y he compartido muchas cosas con él. Hemos estado de gira, he tocado sustituyendo en su banda, él ha tocado conmigo en algún concierto… Se ha convertido en colaborador y finalmente en productor. A día de hoy no me planteo una agenda para grabar si Víctor no me confirma la fecha. Me da mucha seguridad y su criterio tiene mucho peso en mis decisiones. Es muy respetuoso y generoso, entiende que es tu idea y tu proyecto, pero se involucra, te da su opinión y hay muchas veces que me ayuda. Me encanta contar él. Es cierto que ha crecido mucho en los últimos años y entre que toca con mucha gente y que su proyecto Rufus T. Firefly va fuerte… La primera vez que produjo algo de Penny se vino conmigo de viaje a un estudio en Aranda de Duero y estuvimos una semana. Ahora hablamos por mail y lo veo cuando viene al estudio, no podemos quedar en persona mucho más.

Esto también está guay porque así he podido desarrollar más los temas en preproducción y ha habido muchas sorpresas con esa frescura al escuchar las cosas en el estudio. Al llevar tanto tiempo trabajando juntos me pilla muy rápido y es divertido. Hay mucha gente que va al estudio con el tema supercerrado, sabiendo perfectamente cómo va a ir todo, lo graban en directo con cuatro instrumentistas… en mi caso no es tan así. Yo voy con una demo que después va a tener una postproducción gorda tras grabar en el estudio, luego grabo también cosas en casa, además. Es como un proceso en espiral que vas limando poco a poco, revisando continuamente, entonces cuando está Víctor en el estudio me ayuda infinitamente.

Yo a Víctor lo vi la última vez en Londres, con Anni B Sweet, teloneando a Temples y… salieron todos juntos al escenario a tocar la última canción y disfrutó como un enano.

Sí, además es que se emociona y dices «¡pero si ya has vivido cosas increíbles!» y el tío aun así es superagradecido.

Saliendo del sonido, creo que en este proyecto la parte gráfica y audiovisual es también muy importante. He leído que te encargas tú también de estos apartados, ¿cómo crees que completan la experiencia Penny Necklace?

Bueno, yo considero que Penny Necklace es mi herramienta creativa. Cualquiera que me conozca fuera de la faceta musical entiende que es para mí algo muy importante. Está presente en todos los ámbitos de mi vida. Hasta cuando decido dónde voy de vacaciones es porque voy a dar un concierto allí, o porque voy a grabar un vídeo allí, o porque hay alguien que conocí en el mundo de la música y está viviendo allí. Está todo bastante interconectado, entonces también tiene sentido que la obra lo esté. Si yo estoy interesada en el mundo editorial y veo referencias continuamente en Pinterest de un fanzine o de una edición en vinilo increíble, pues al final, cuando yo hago mi vinilo o saco mi disco, se presenta la oportunidad de entregar cualquier cosa que se me ocurra. Lógicamente dentro de un presupuesto y haciendo grandes cábalas para que todo sea posible en tiempos y tal, pero es eso, es una herramienta creativa alucinante que estoy explotando, y además lo estoy haciendo bajo mi propia perspectiva singular e independiente. Eso es muy guay. Si la gente compra el disco, viene al concierto, lo valora y te escriben «oye, qué bonito esto», siento que el conjunto se está comprendiendo, que al final lo que enamora es el todo y no una sola canción. Gusta cómo habla esa persona en la entrevista, la imagen que tiene, el mensaje que transmite en redes… Ahora no se sigue solo un tema, sino una personalidad o un personaje.

La verdad es que es importante aprovechar los medios que existen hoy en día para ofrecer un producto completo que permita diferenciar a un artista de otro. Ya por curiosidad, ¿la web también es tuya?

Sí, la web también la diseñé yo. En realidad, me dedico un poco a eso. Por la mañana llevo la comunicación y el marketing de un estudio de arquitectura. Hago lo que es la imagen corporativa o la identidad visual general. De hecho, es el camino que me gustaría seguir, no solo para Penny, sino también para otras bandas. Enfocarme en la industria de la música y poder generar una identidad de una banda: su logo, sus redes, su portada del disco, su estilismo sobre el escenario… teniendo todo coherencia.

Pese a que vivamos en un mundo digital, el directo sigue teniendo una importancia capital, ¿cómo llevas todo tu caudal sonoro a las salas?

Pues estoy disfrutando de probar cosas nuevas. Justo el 31 estuve en un ciclo en Guadalajara y cogí la guitarra acústica, que hacía mucho que no la cogía, y le metí loops, flangers, reverb, delay… eso sonaba a todo menos a acústica, pero me lo pasé genial. Improvisé un montón en el directo, salieron cosas alucinantes y el teatro estaba gozándolo conmigo. Creo que como tú dices, el directo tiene una cualidad que lo hace mágico. Ahí se ve el alma de verdad de las canciones y además queda impreso para siempre. No hay forma de repetir una toma… y eso es muy guay.

También he defendido los temas con banda y cuento con cuatro músicos que me acompañan en los bolos más grandes, pero muchas veces voy sola con secuencias, con un sinte y hago una especie de sesión más continua, como un viaje entre todas mis canciones. Y este último es el camino que quiero seguir. En el resto de las fechas que tengo este año quiero ir con el Ableton y los pads, lanzando y tocando cosas en directo, haciendo un espectáculo grande pero sola en el escenario.

Justo te iba a preguntar por esos dos enfoques. Creo que empezaste así por necesidad en una gira por América, ¿no?

Sí, justo. Bueno, en realidad tuve la oportunidad de ir a Chile por un viaje familiar y justo estaba trabajando con una oficina que tenía contactos en Latinoamérica y me dijeron «oye, ya que vas por qué no te haces unos bolos, y ya de paso, cógete un vuelo y vete a México, toca en Puebla…». Y claro, fue como «claro, venga». Fui a la boda que tenía en Chile y el resto del viaje estuve tocando y haciendo promoción. Además, son muy agradecidos por allí, es un público ferviente. Das un bolo el martes, el sábado vuelves a tocar y van con sus diez amigos. En España no sé si hay mucha gente que vaya al mismo bolo dos veces la misma semana. Fue una experiencia preciosa y quiero volver, pero claro, está lejos y hay que organizarlo bien.

Seguiré llamando a todas las puertas, intentando conseguir que vengan a los bolos y que ahí se queden prendados de la propuesta.

En El Ukelele tenemos muchas visitas desde México y, por lo que leo –porque ya sigo la actualidad musical de allí y publico cosas por intentar unir el charco– son muy pasionales. Supongo que eso se agradece desde el escenario.

Sí, porque como artista tú te estás entregando mucho personalmente. Creo que la única forma de emocionar es abriéndose en canal y cuando ves que el público en lugar de estar distante, se abre contigo, es de agradecer, es ahí donde se van a conectar las almas.

Bueno, por seguir con el directo y enlazando con una de las preguntas anteriores, creo que tu música, más allá de los clichés que he podido citar, resulta muy entretenida y también bailable. ¿Tú crees que los programadores de los festivales lo saben?

(Risas). Yo creo que el hecho de llevar mucho tiempo a veces juega en mi contra. Hay tanta oferta musical que quizás hay gente que sabe quién es Penny Necklace, pero no ha oído nada desde que canto en castellano y en su imaginario se quedó aquella chica que hacía temas en ukelele, con otro rollo. Quizás si ahora saliera esta propuesta fresca, de cero, pues tendría otra repercusión, pero claro, yo no puedo cambiar el pasado. Seguiré llamando a todas las puertas, intentando conseguir que vengan a los bolos y que ahí se queden prendados de la propuesta.

A ver si así. Lo cierto es que viendo tus fechas es una cosa que me ha sorprendido y recordé que también le pasó a los Rufus en su día.

Habrá que tener paciencia.

Si todo dependiese de uno mismo… el mundo sería más fácil pero también más aburrido. Más allá de esos grandes festivales, ¿dónde podremos verte próximamente?

Voy a estar en un festival llamado Ellas Dan El Cante, que se celebra en el CAAC de Sevilla el 7 de marzo, mes de la mujer. Luego voy a pasar también por Cádiz, por la Central Lechera el 4 de abril, que además me apetece un montón. Además, fue el ayuntamiento el que se interesó por llevar allí y la propuesta. No sé cómo llegaron a mí, pero me ha parecido muy guay. Yo nunca he estado en Cádiz, estuve en Jerez de la Frontera una vez, pero no es Cádiz Cádiz. Luego voy al Sonorama en agosto, que es el único festival veraniego cerrado. También tengo que cerrar fecha en Madrid para la presentación, que será a finales de abril; y alguna en Barcelona, no sé si antes o después de verano. Yo sigo escribiéndole a la gente, y aunque estén los slots cerrados, espero que se abra algún hueco para tocar en Valencia, en Mallorca…

El de Cádiz no me lo perderé, que me pilla al lado.

Vente con todo el mundo. El boca a boca es lo que hace grande esto. De repente, no sé por qué, te prestan atención los medios y luego ya te ayudan, pero el boca a boca es lo que hizo a Rufus subir.

Cuenta con ello y gracias por todo, Odette.

Gracias a ti y nos vemos en abril.

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