Domingo en el FIB 2014: la letra pequeña también es importante

FIB 2014

El desgaste y el cansancio de vivir en el camping del FIB durante cuatro días se notan, pero todavía queda la ilusión de una última jornada que cuenta letra pequeña la mar de interesante.


Los primeros conciertos de esta última jornada ya no comienzan con bandas españolas, perdiéndonos uno de los grupos más interesantes por su nefasta situación en los horarios a primera hora de la tarde bajo el sol de Benicàssim. Nos dirigimos al Maravillas para ver a Drenge, un dúo guitarra-batería que podríamos decir que desempeñaba el papel de Deap Vally del año pasado, mismo escenario y hora, sólo con la diferencia de que estos chicos cuentan con un sonido más limpio. El directo de estos dos chavales que aparentaban ser alumnos recién graduados de instituto sorprendió a los pocos que nos acercamos con un buen espectáculo tempranero de garage.

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Minutos más tarde salen a escena Kodaline, este grupo irlandés suena a todo lo que pudo haber sido y no fue, sumando el derroche de carisma que aporta Steve. Las banderas de Irlanda asoman y en un corto directo de cuarenta y cinco minutos cautivan a toda una explanada a la que sólo le faltaba abrazarse con el primero que pillara a su lado.

Seguimos con las banderas irlandesas, Hozier es la siguiente parada, un violonchelo, unos arreglillos con el sintetizador y un líder de la banda con su guitarra consiguen dar uno de los conciertos del día mostrando con ese estilo que bien podría estar entre el soul y el blues. Desde el tema más punzante como ‘To Be Alone’ y la versión de ‘Amerie‘ con la que se atrevió tuvo la situación bajo control, auguramos un futuro prometedor para este artista.

Al incorporarnos en el Maravillas para ver a Travis observamos a lo lejos un señor con sombrero y una barba como si de un Amish se tratara, exacto, es Fran Healy. La hora era correcta para un concierto de este calibre, canciones como ‘Writting To Reach You’ y ‘Closer’ nos recordaron por qué siempre hay que ver a este icono del britpop, encarrilando un concierto de forma elegante, impecable y lleno de armonía.

El solape era notable y nos movilizamos al FIB Club para ver a los que ponían banda sonora al vídeo promocional del festival, el subidón con el estilo ochentero desenfrenado de La Femme hizo a más de uno quedarse ante semejante ritual de new wave con tres teclados y el sonido del theremin a las manos del guitarrista, aunque en algunos temas sonaban como si fueran los Varry Brava franceses sin salero. Al finalizar el concierto tuvieron el detalle de bajar al público a saludar, regalar algún setlist y vinilos, eso no es un detalle, es un detallazo.

Hacemos tiempo en el mismo escenario y aparecen Wolf Alice, el potente comienzo con ‘Moaning Lisa Smile’ nos convence por completo para quedarnos hasta la última canción. Su estilo garage con distorsiones, un bajo que se distinguía, una voz femenina que se imponía a los instrumentos y esas melodías cuidadas y elaboradas dieron otro de los conciertos del domingo ¿para qué cabezas de cartel cuando lo interesante está aquí? Pero cuando estábamos empezando a meternos en el concierto llegaron a su fin, tan sólo veinte minutos de directo, algo que para muchos resultó inaceptable.

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Pisamos por primera vez en todo el día el escenario Trident para ver otro de los grupos veteranos en este festival, The Charlatans estuvieron en la primera edición de 1995 y esa noche volverían a contentar a ese público fiel que los vio cuando nadie apostaba por ellos. El bajo volumen del escenario fue una de las decepciones del concierto, pero la rubia melena del líder de la banda seguiría estando encendida moviéndose de un lado para otro hasta el final.

En la recta final vemos al polémico Paolo Nutini, le iba a tocar ganarse ese puesto en el Maravillas y demostrar que no es sólo una cara bonita. Su puesta en escena con ‘Scream’ enseguida desató la euforia, todo respaldado por una buena voz que muchos podrían envidiar, una banda competente, instrumentos de viento y coristas por doquier. Pero prácticamente todo consistía en lo mismo, partes de mayor intensidad en las canciones con una voz desgarradora provocando que a algunos les saltara la lagrimilla. Hay que reconocer la facilidad que tiene el escocés para ganarse al público intercalando temas de sus anteriores trabajos con el soul de su último disco (Caustic Love), con el que puso fin al espectáculo con ‘Iron Sky’, una buena dosis emocional para terminar con ese hervidero de hormonas. ¿Ya se había terminado? por supuesto que no, tras despedirse de los allí presentes la gente pedía más, por lo que se atrevió a tocar una última canción en acústico sin su banda, él, su guitarra y el público, algo que aún tenemos muy presente y valoramos bastante.

Así finalizamos nuestra andadura por el vigésimo aniversario del FIB, una edición que contó con 30000 asistentes diarios. Tras una serie de cambios en la organización volveremos a depositar nuestra fe en el que fue el primer festival del país de cara al año que viene.

Fotos: Fernando Amorós

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