Distancias cortas: Joan Colomo


La fília i la fòbia se titula el último trabajo de Joan Colomo, trabajo recientemente publicado y que va a ser presentado en fechas venideras (Madrid y Zaragoza durante esta semana). Con él hablamos, precisamente, de sus amores y odios, de su larga trayectoria, de su timidez y su vis cómica y de su gusto por el juanpalomismo. Mañana, miércoles, estará en Madrid con su espectáculo indefinible. Quien avisa, no es traidor.


¿Quién eres y de dónde vienes?

Soy Joan Colomo. Soy un tipo que viene de un pueblo de Catalunya que se llama Sant Celoni y desde que era pequeño me dedico a hacer música en todos sus formatos.

The Unfinished Sympathy, La Célula Dormida, en solitario…¿cómo has tenido tiempo para tanto proyecto sin clonarte?

Todo ha sido por etapas. Desde que hice mi primer grupo en mi pueblo con doce años he tocado en muchas formaciones. Sí que ha habido épocas en que he tocado a la vez en tres grupos a tope y, bueno, para empezar no tenía novia (risas) y tenía mucho tiempo. Estaba todos los días en los locales de ensayo y los fines de semana tocando. Ahora es diferente. Cuando estaba con The Unfinished Sympathy estaba principalmente con ese grupo, cuando se acabó me puse con lo mío y poco a poco vas apretando en lo que te funciona y te aporta más.

Acaba de salir tu último disco, La fília i la fòbia. ¿Qué vamos a encontrar en él? ¿Va a continuar en la línea de anteriores trabajos o va a suponer un cambio?

Yo tengo dudas. El otro día me entrevistaron y me dijeron que tenía un sonido muy peculiar y que seguía haciendo un poco lo mismo y me quedé un poco chafado (risas). Pero más allá de que es más de lo mismo porque son las canciones que me salen y que sé hacer, en este disco la batería la ha grabado el batería de The Unfinished Sympathy. Y esto supone un cambio puesto que al hacer la parte rítmica una persona diferente le da un aire distinto a los temas. Las canciones las había hecho en unas maquetas más tranquilas y en el estudio se hicieron más cañeras a partir, precisamente, de la batería. Espero ir mejorando con los años, poco a poco, porque hay veces que me da la sensación de que das un paso adelante y dos hacia atrás, ves más interesantes temas que hiciste hace años… Pero la idea es ir mejorando.

¿Nervios ante la salida de este nuevo disco?

Pues sí, un poco. Porque esta vez, por primera vez en mi vida, he parado de tocar unos meses. El disco lo acabé de grabar en verano y ha estado medio año como parado. Y entonces sí que pensaba que no le iba a gustar a nadie. Ese miedo siempre existe.

La grabación de un disco es muy intensa. Estás grabando y mezclando y, aparte, yo me lo como todo. Cuando está el producto finalizado, escuchas el master muchas veces seguido y desde entonces no lo vuelves a escuchar porque se te queda marcado. Después de unos meses lo vuelves a escuchar y piensas “esto es horroroso”. Luego es curioso que pasado un tiempo, lo escuchas con otros oídos, lo ves con otras oreja.

¿Cómo es un tu proceso de composición?

Desde que me puse con  mi asunto propio, yo hago canciones con la guitarra, sin letras ni nada, con melodías, y me pongo inmediatamente a grabar demos. Son muy espontáneas y a partir de ello intento recrear esas demos en el estudio. Busco algún músico que me ayude después para hacer algunas cosas mejor. Pero todo a partir de una maqueta previa. Aparte están las letras, mi eterno dilema. Me cuesta poner letra a las canciones pero al final acabo poniéndoselo. Con la música no tengo miedo al papel en blanco para crear una melodía, pero ser escritor es otro oficio.

Más que de influencias, a menudo uno se encuentra en etapas artísticas. ¿En qué momento te encuentras?

Sí que es curioso lo de las etapas. Y lo que te influía en etapas anteriores. A rasgos generales, lo que más me gusta son las melodías melancólicas y los acordes menores. Pero sí que es verdad que yo últimamente escucho mucho a Rihanna y del estilo y ahora estoy haciendo temas nuevos y de repente vi un tema y dije “¿esto que coño es?” y era igual que Justin Timberlake, hice un estribillo a lo Justin Timberlake (risas). Son pocos los genios que han tenido pocos input y sacan una genialidad. Eso es muy puntual pero el resto de creadores lo que hacen es filtrar una serie de información y convertirla en una cosa que parezca nueva pero que no es más que un cúmulo de lo que te has empapado.

Siguiendo con tu disco, ¿Cuáles serían tus filias y fobias?

En este disco, igual que ocurre en otros, me he dado cuenta de que las canciones que me salen más críticas, más de odio, van sobre la injusticia del mundo, lo cruel que puede llegar a ser el ser humano y el sistema que ha creado. Los humanos no soportan el mundo que hemos creado, que nos provoca esta angustia. Es bastante evidente que todas las patologías van creciendo, el estrés, la ansiedad, algo que va a más que ni es sano ni es natural. Nos lo provocamos nosotros mismos.

Y las filias son las relaciones humanas, la amistad, el amor, las cosas que te hacen sentir bien como ver el fútbol o estar con los amigos (risas).

Ahora empiezas también la gira de presentación del disco. En directo eres un auténtico showman. ¿Se nace o se hace?

Si tengo algo de showman, me he hecho. Porque yo cuando era pequeño era un niño muy vergonzoso. En mis primeros grupos, cuando tocaba me ponía de espaldas al público y a base de años al final te sueltas. Y mi locura ha ido poco a poco creciendo hasta ahora (risas).

En tu anterior trabajo te serviste del crowdfunding. Hace unos días se publicó la última ley sobre ello. ¿La industria musical está cambiando?

La industria ha cambiado por necesidad. Tiene huevos que haya iniciativas como el micromecenazgo y que de repente cambien la ley. No lo puedo entender. La industria es un negocio y como cada negocio se mueve por el mercado y hace las mismas cosas que otras industrias y sigue ese proceso. Yo, por ejemplo, llevo toda la vida en la misma discográfica (BCore) y tampoco vivo de cerca la macroeconomía de la música.

En BCore llevo desde 1998, cuando publicamos el primer disco con Zeidun. Son más de quince años. Recuerdo de pequeño escuchar las primeras referencias de esta discográfica. Era fan de toda la vida. Aparte, nunca he tenido la necesidad de cambiar de aires. Siempre ha habido un buen trato. Lo que veo con lo grupos es que siempre hay una pugna entre el grupo y la discográfica: uno que piensa que el otro le está estafando y el otro que no lo está dando todo y es la historia de siempre. No hay más. Todo el mundo intenta mirar por sus intereses, la tienda de discos vende discos y el que canta intenta cantar.

¿Te sientes como un juglar del siglo XXI?

Me siento más bufón de la corte (risas). La verdad que no controlo mucho de los juglares y su historia pero me parece atractiva la idea de ir cantando por los sitios para alegrar al personal. Y lo del bufón de la corte es porque a veces más que cantar hago un evento para que la peña se descojone (risas).

Un concierto no tiene porqué ser solo ver a un grupo tocando…

Sí, claro. Todo tiene sus momentos. A veces te apetece ver algo muy sentido y profundo y otras veces lo que quieres es evadirte.

¿Se echa de menos el salir con grupo?

Bueno, se echa de menos la idea de grupo, la idea de un proyecto conjunto con amigos y la emoción conjunta de crear y ensayar. Un poco sí que lo echo de menos. Por otro lado, lo de ejercer de Juan Palomo, solo, tiene muchas cosas buenas.

En los discos alternar catalán y castellano, en algún momento te han dicho que porque no te decantas por uno de los dos idiomas?

No me lo han dicho, me lo digo yo porque creo que verdaderamente no estoy muy en favor de este bilingüismo. Hace que el disco sea más disperso y cada vez que hago uno lo pienso. Yo trabajo en Catalunya básicamente y lo más fácil sería hacerlo en catalán porque es el mercado que manejo pero luego a la hora de hacer las canciones hay algunas que me salen en español y otras en catalán. Es algo espontáneo.

Y para terminar, ¿a quién te gustaría que entrevistásemos?

A Las Ruinas.

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