Yves Tumor y el apocalipsis: Heaven to a Tortured Mind

Yves Tumor ha trascendido estados emocionales en Heaven to a Tortured Mind, un álbum adictivo y rico en matices que arrastrará tu alma por los infiernos del amor y su reverso tenebroso: el desamor.

Heaven to a Tortured Mind

Yves Tumor

Warp Records

3 de abril de 2020

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Heaven to a Tortured Mind

Yves Tumor

Editado por Warp Records

Publicado el 3 de abril de 2020

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Heaven to a Tortured Mind

Yves Tumor

Editado por Warp Records

Publicado el 3 de abril de 2020

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Yves Tumor ha dado un sorprendente giro con Heaven to a Tortured Mind, un LP en el que la electrónica de Sean Lee Bowie trasciende adentrándose en un escenario apocalíptico donde sobresalen el art rock y unas baladas con alma. Heaven to a Tortured Mind son doce canciones que se desarrollan en torno a ritmos elásticos y orgánicos que brotan de la perfecta comunión entre el bajo y la batería, únicos instrumentos que funcionan al modo tradicional. A partir de ellos, Bowie va introduciendo elementos caóticos tales como vientos, teclados, voces histriónicas y a veces incluso puro ruido. El resultado final es una oscura ópera rock con tintes industriales que lo trasciende todo.

En cuanto a las influencias, Heaven to a Tortured Mind desprende sabores ya conocidos. Hay algo de James Brown en sus fases más soul, de Prince en sus componentes poperas o de Aaliyah en sus momentos de R&B. Todo ello articulado por la mentalidad art rock que parece haber poseído a Yves Tumor y potenciado por la oscura psicodelia espacial que barniza una apariencia tan oscura que ennegrece el alma de quien la escucha.

Heaven to a Tortured Mind se abre con "Gospel For a New Century", una introducción perfecta al mundo anteriormente descrito. En ella hay amor, sí, pero pronto se convierte en incomprensión y dolor. Las trompetas, el suave bajo, los riffs explosivos y las emotivas voces mantienen una cierta esperanza en ella, una puerta abierta... pero todos sabemos que hace mucho que se cerró. Los dos siguientes cortes, "Medicine Burn" e "Identity Trade", acentúan la capacidad de Yves Tumor de convertir letras minimalistas en estados de ánimo trascendiendo la cuarta pared. A través de sus crudas actuaciones y su cautivadora instrumentación, el de Florida consigue meterse en lo más hondo del alma cautivándola y haciéndose poco a poco con ella.

A continuación, están "Kerosene!" y "Hasdallen Lights". En la primera de ellas, Diana Gordon, vocalista invitada, realiza un giro estelar junto a Bowie, gimiendo y gritando al unísono con un solo de guitarra verdaderamente potente y glamuroso. "Kerosene!" es una balada desesperada y extraña, altamente inflamable. "Hasdallen Lights", por su lado, cuenta la historia de una mujer que está luchando por un viejo amor y que ahora necesita más ayuda que nunca. Ambas pistas son suaves, mostrando una cierta conexión entre ellas pese a sus fuertes personalidades sonoras. A medida que Heaven to a Tortured Mind avanza, el amor que alberga comienza a fortalecerse gracias a canciones como "Romanticist" y "Dream Palette". La producción lo-fi de las guitarras y la voz de Bowie en "Romanticist" impregnan el tema de emociones tan crudas que duelen. Al final de la pista, los fuegos artificiales a la cara A del LP y abren las puertas del segundo tramo del recorrido.

"Dream Palette" se abre con los mismos artificios que su predecesora, aunque a estas bengalas instrumentales se le suman capas y capas de funk, además de una sutil oscuridad. Los estribillos, pegadizos, consuman el amor y la épica. "Super Stars" rebaja la euforia mostrando el lado oscuro de esas relaciones que terminan por ser dañinas y dolorosas. Aquí, Sean Bowie saca un adecuado falsete en las estrofas principales, crujiendo su voz en cada línea. No hay crudeza en ellas, pero sí una sensación de dolor. La guitarra, muy Prince, hace el resto. "Folie Imposée" hace caer a Heaven to a Tortured Mind en la oscuridad más absoluta. Su letra, inquietante, versa sobre la necesidad de controlar y de ser controlado. Sus ecos postindustriales y los bajos cargados de reverb hacen de ella un corte tenebroso en el que solo los ocasionales acordes de guitarra aportan algo de luz.

"Strawberry Privilege", a pesar de su introducción, termina por ser pura melancolía. Descarnada salvo por esos coros angelicales, parece no arrancar nunca, pero es de esas composiciones que calan en los huesos. La chiclosa "Asteroid Blues" remonta el vuelo gracias a su sencillo y pegajoso bajo. En apenas dos minutos, el penúltimo tema de Heaven to a Tortured Mind combina sombras y luces para inyectar una inquietante sensación de optimismo. Se cierra el LP con "A Greater Love", que envuelve la historia del disco con ecos celestiales y unos cálidos vientos endulzando el duro viaje. ¿Final feliz? No diría que tanto, pero la madurez que desprende es un grado.

Heaven to a Tortured Mind es un conflicto permanente, una lucha interminable entre el amor y el desamor que termina por descabalgar a cualquiera, por sano que esté. De esas fuerzas, que son las más poderosas que maneja el ser humano junto a la fe, sale un álbum complejo y extrañamente atractivo. Yves Tumor ha sabido rescatar la grandeza del viejo pop para darle a su música una vuelta de tuerca. En la inmensidad de Heaven to a Tortured Mind cabemos todos, aunque el ensoñador viaje provoque monstruos que la razón no atine a desterrar del alma. Así es la vida y así la cuenta Sean Lee Bowie.

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