Yak – Pursuit of Momentary Happiness

Yak ha sorprendido con Pursuit of Momentary Happiness, un segundo LP que mejora a su debut y se adentra de lleno en el mundo de la psicodelia.

Poca gente esperaría tanto de este trabajo de Yak, sin embargo, Pursuit of Momentary Happiness es un álbum potente, cargado de buenas razones para enganchar a casi cualquiera. De primeras, Yak se quedó sin Andy Jones, su bajista, quedando toda la responsabilidad creativa en Oli Burslem, encargado de cargar la guitarra. Además, el sucesor de Alas Salvation (2016) debió haber sido producido por Jay Watson (Tame Impala), pero la banda salió de aquellas sesiones sin nada. Sin embargo, Marta Salogni apareció en el camino de Yak para sacar adelante el psicodélico Pursuit of Momentary Happiness. Por una vez, lo que empezó mal, acabó bien.

Si Alas Salvation era un disco contundente, Pursuit of Momentary Happiness viene envuelto en una atmósfera ácida y propicia para dejar la mente volar, todo ello sin abandonar las guitarras, seña de identidad del grupo. Con todo, es obvio que hay más color, que hay un espíritu expansivo que ensancha el sonido de Yak, y que, mezclado con su originario espíritu salvaje, sirve al cliente una rebanada de neopsicodelia setentera que el cuerpo absorbe sin rechistar. Este extraño revival pasado por el filtro de nuestros días es el gran logro de la banda londinense, el punto que cierra el partido y les abre las puertas de grandes escenarios, los cuales transitarán con éxito porque además de con el sonido, pisan fuerte gracias a unas letras finísimas que dejan varios momentos coreables a todo pulmón.

A lo largo de los 41 minutos que dura Pursuit of Momentary Happiness uno puede sentir cómo el suelo se mueve bajo los pies, cómo existe un desplazamiento que te hace cubrir extensos territorios sonoros a ritmo garagero, parando a repostar en cortes lentos, y aligerando de nuevo la marcha con algo de surf y stoner. Estos cambios constantes, envueltos por la pátina psicodélica, hacen que el álbum brille sobremanera en un 2019 que ya ha dejado grandes trabajos. Yak presenta un sonido que se puede catalogar como de rock clásico: guitarras distorsionadas y ruidosas pero inteligibles, un bajo elegante y con ecos kraut, una batería apañada y unas voces que no pretenden invocar a ningún demonio. Toda esta aparente normalidad, alejada de estímulos estridentes, crea una corriente que se acrecienta con el paso de las canciones, un viento que arrasa con cualquier defensa natural o artificial.

Ya de primeras se intuía un florecimiento en el sonido de Yak, una mayor presencia de adornos que iba a hacer de ellos un trío aún más afilados. Los singles “Bellyache” y “Fried“, que además son las dos primeras canciones de Pursuit of Momentary Happiness, son un puente entre lo que fueron y lo que son. Dos canciones con momentos de cierta dureza, pero refinadas y poderosas. La primera es una balada que emerge en un clima de aturdimiento; mientras que la segunda explota el lado glam y blues del rock, bien acompañada por letras autodestructivas que empiezan a pintar lo que será el conjunto de once canciones. “Pursuit of Momentary Happiness“, canción que le da nombre al álbum, suena lejana y espacial, un poco como si Pink Floyd no hubiesen tenido pretensiones en su Dark Side of the Moon. “Words Fail Me” termina por poner la cordura con su ritmo lento y su elegante teclado, una balada rock en toda regla en la que Burslem se queja amargamente: «I tried, tried, tried but words keep failing me». “Blinded By The Lines” coquetea con el lado rockero de los Gallagher, como si Oasis volvieran con ganas de morir sobre el escenario dándolo todo (en lugar de hacerlo de vacaciones en Magaluf), o como si Beady Eye alguna vez hubiesen sido algo apto para ser consumido por cualquier clase de ser vivo. Frenética y salvaje, “Blinded By The Lines”, haciendo honor a su nombre, se funde con el ruido. De repente, cuando todo parece estar perdido, aparece “Interlude“, un corte instrumental digno de The Beatles que frena en seco y le pone punto y final a la cara A del álbum.

La segunda parte de este Pursuit of Momentary Happiness arranca con “White Male Carnivore“, una exagerada carga de energía que sale escupida por los altavoces, saturados por la guitarra y el lúgubre bajo. «I’m no relic, I’m a figure, like a neoclassical pillar», ¿el hombre blanco frente al espejo? Sí, y dibujado con la misma destreza que demostraron Idles hace unos meses en Joy As An Act Of Resistance. “Pay Off vs. the Struggle” es un baile de piezas con momentos dignos de los Arctic Monkeys que jamás serán y de los King Gizzard & the Lizard Wizard del Flying Microtonal Banana. Cólera, frustración y psicodelia: un manicomio en el que resuena un inquietante «Get off my back!». “Encore” corta el ambiente del álbum, como si uno se acabase de despertar de una horrible pesadilla mientras en el despertador suena una balada con toques de jazz de los cincuenta. Pero no todo está bien, la pista no está ajustada del todo, hay disonancias en la guitarra e interferencias… ¿Me habré despertado del todo? “Layin’ It On The Line” recuerda a los primeros Kasabian. Etérea de primeras aprovechando la atmósfera de su predecesora, hace saltar unas alarmas que parecen falsas con un adictivo riff. Sin embargo, cuando el tema alcanza los tres minutos, el desarrollo clásico deja lugar a un final épico, siempre subrayado por esa línea de guitarra, constante de la canción. El que avisa no es traidor. “This House Has No Living Room” pone la épica para cerrar el LP a lo Spiritualized (Jason Pierce hace un cameo aquí). La canción es expansiva, suave y tierna, uno de esos cortes que va creciendo hasta hacerse tan grande como el propio disco. Un cierre algo teatral pero perfecto.

Pursuit of Momentary Happiness es un álbum lleno de giros, con un espíritu cambiante que empuja al oyente hacia el final, logrando que los 41 minutos que dura se hagan cortos quemando etapas a base de sorpresas, pero también de momentos tranquilos que permiten asimilar lo anterior. Sus críticas hacia la cultura contemporánea le insuflan aires de grandiosa redondez, de álbum que quiere llegar un poco más allá del mero ruido. Este Pursuit of Momentary Happiness está lejos de ser un disco más, no solo es rock, es un torbellino que te pondrá en órbita física y mentalmente.

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