Weyes Blood – Titanic Rising
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Titanic Rising es uno de los álbumes más refrescantes y profundos de 2019. Con él, Weyes Blood ha presentado su candidatura a disco del año.

Oigo muchas y muy dispares influencias en Titanic Rising: hay guiños al folk y al pop psicodélico de los 60 y 70; la grandeza que exhibe y su construcción, junto con los exuberantes arreglos de cuerdas, me sugieren una banda sonora de película (de gran película); también hay sombras de Lana Del Rey y Joanna Newsom. Todas estas influencias se unen para crear algo sorprendentemente único, pero no tan fuera del pop contemporáneo como para ser inaudible. El equilibrio que ha alcanzado Weyes Blood es todo un logro.

Y es que una de las muchas cosas interesantes de este álbum es que muestra el conocimiento musical de Natalie Mering, tanto pasada como presente, y su habilidad para fusionar todo tipo de estilos y géneros en algo futurista y grandioso. Lo he comentado anteriormente, pero por incidir de forma más detallada, sobre todo en los sonidos pasados, aquí es posible escuchar el pop barroco de The Zombies, los ambientes espaciales de Brian Eno, los hábiles juegos de The Beach Boys o la humilde teatralidad de Tori Amos. Mering, a la vez que toma los mejores elementos del pop, recoge también los ingredientes más brillantes de la electrónica y el ambient de esta década, así como la forma en la que suena el pop vanguardista, fusionándolo todo. Sin embargo, al margen de esto, existe un componente eminentemente sonoro que hace de Titanic Rising algo realmente especial.

Por la descripción, podría parecer que todo suena ya a algo conocido, pero no es así. Ciertamente, me llevó un tiempo darme cuenta de una de las principales razones por las que este álbum me pareció tan refrescante, y por qué en muchos aspectos, pese a lo dicho, sonaba tan diferente con respecto a la música actual. Y es que me di cuenta de que una de las causas era la percusión, que en el álbum parece totalmente ausente, aunque claro está, esto no es del todo así. Mientras que la música moderna parece basarse cada vez más en ritmos y ritmos para atraer a los oyentes, Titanic Rising pone las baterías lo más lejos posible, en el fondo de la mezcla, optando en su lugar por utilizar cuerdas y voces para dar a las canciones una mayor densidad. Esta técnica, que mantiene de igual manera una impoluta base rítmica, produce una perspectiva diferente que a estas alturas bienvenida y necesaria.

Metido ya en materia, solo puedo decir que “A Lot’s Gonna Change” es un comienzo brillante. Establece el tono para el resto del álbum, mostrando las voces cristalinas y el vibrato perfecto de Weyes Blood, junto con su afición por las progresiones inesperadas de acordes y las grandes declaraciones musicales. Cuando ella está tocando esas notas altas en el estribillo, es difícil echar la vista atrás y pensar que la canción comenzó solo a voz y piano. La primera mitad del álbum, que ensancha con la cara b a través de “Movies“, es magnífica. “Everyday” es la canción de pop más completa del álbum. Ella y su sucesora en la lista de canciones, “Something to Believe“, son los regresos más obvios al folk pop del siglo pasado. “Everyday”, además, ejerce un papel central. Trata de un tema, o tal vez más exactamente un sentimiento, que prevalece en todo el álbum: un desesperado anhelo de amor. Temáticamente, no es nada nuevo, pero el novedoso envase es lo que lo distingue. Siguiendo esa línea, “Something to Believe” enseña la voz de Weyes Blood en su máxima expresión, situando los niveles de emoción en uno de los picos del álbum.

Es difícil elegir un solo tema destacado (“A Lot’s Gonna Change”, “Everyday” y “Something to Believe” pujan por esa posición), pero si tuviese que mejorarme, acabaría eligiendo “Movies”. La pista actúa como un punto de anclaje para el álbum, dándonos pistas sobre los orígenes del deseo de amor cinematográfico de Weyes Blood, del que habla en otras canciones, además de ofrecer una posible explicación de por qué Titanic Rising se parece tanto a una banda sonora cinematográfica. La canción destaca por sus líneas simples pero pesadas como «I love the movies» y «I wanna be the star of my own movie». Quizás, fuera del contexto de la música, las letras sean tontas y es posible que hayan sido ya muy trilladas. Dentro del tema, sin embargo, se vuelven increíblemente oscuras y tristes. Suena como si Weyes Blood se lamentara del hecho de que le gusten tanto las películas, las cuales habrían coloreado su visión del mundo hasta tal punto de llevarla al delirio. Lo más aterrador de todo es que no es difícil entender cómo se siente, cómo los «hopes and the dreams» de una historia ficticia pueden hacer que «the real thing» se sienta tan vacía e insatisfactoria. No puedo evitar escuchar esto como una pieza complementaria (o incluso una secuela) de “Motion Picture Soundtrack” de Radiohead. Ambas son frágiles y melancólicas expresiones de insatisfacción nacidas del entendimiento de que las versiones popularizadas de cómo debería ser la vida son, en realidad, inalcanzables, pero a la vez, inevitables e hipnóticas para el ser humano.

Así pues, me parece lógico mencionar aquí que los vídeos musicales de “Everyday” y “Movies” son grandes complementos del álbum. El vídeo de “Movies” es un visual bastante llamativo que captura (y aumenta) perfectamente las tonalidades que va destilando la canción. Y el vídeo (o mini-película) de “Everyday”, aunque un poco tonto, vuelve a cobrar sentido en el contexto del álbum. ¿Consigue Weyes Blood ser la estrella de su propia película?

La segunda mitad de Titanic Rising baja ligeramente el nivel, al menos en comparación con su majestuosa apertura. Sin embargo, con “Wild Time” aparece un rayo de luz, quizás el que brilla en la portada. Aquí, la voz de Mering alcanza un punto de ambigua calidez, maternal y solemne, produciendo una inmaculada mezcla de pop folk de los 70 con synth pop futurista. Más que nunca fuera de tiempo, la pista vuelve a dibujar una observación dura, llamando aquí y allá imágenes de cine de terror, o peor aún, del apocalipsis: «Running on million a people burning / Beauty, a machine that’s broken». El mensaje no puede ser más claro: todos estamos rotos, cada uno a su manera. Al mismo, tiempo, también invita a que mires a tu alrededor, abriendo una puerta a la esperanza. A estas alturas, el Titanic ha alcanzado velocidad de crucero y desde él se pueden observar con mayor claridad que nunca lo que hay más allá del horizonte. Por eso, “Picture Me Better“, se siente como el auténtico cielo. Aquí está resumido todo el álbum, con esas letras de amor arquetípicas que Weyes Blood logra que suenen diferentes, despojadas de cualquier emoción extrema, como si quisiera evitar el mayor de los desastres mostrando simplemente frialdad. En este final, el álbum ha vuelto a girar sobre sí mismo, y la canción de cierre, “Nearer to Thee“, se hace eco de la frase introductoria de la canción de apertura. Esta es una de esas canciones que hay que escuchar una y otra vez, porque el LP es de los que premia al oyente a medida que aumentan las escuchas y florecen nuevos detalles.

Weyes Blood ha construido en Titanic Rising una película que se puede ver una y otra vez sin que se las escuchas desgasten el conjunto. Crear una obra de arte tan imaginativa, extensa e insondable como la infinita extensión del mar, sería una hazaña admirable por derecho propio. Pero Weyes Blood ha ido más allá, uniendo cada etapa del viaje con temas cuidadosamente articulados, mensajes universales y plasmando su cautivador estilo. El LP evoca las más bellas cimas del pop, a la vez que añade el toque personal de Mering, creando una de las experiencias musicales más refrescantes de la historia reciente. Titanic Rising es una película en la que quedarse a vivir.

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